Un bachillerato para entender el mundo

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Tres adolescentes becados durante dos cursos en Armenia, Tailandia y Holanda afrontan la recta final de su experiencia | Según cuentan, en las aulas de Colegios del Mundo Unidos no hay una relación de autoridad con el alumno como en España

J. LÓPEZ-LAGO BADAJOZ.

En mayo de 2017 tres extremeños menores de edad posaban para este diario junto a una bola del mundo. Entonces explicaban sus sensaciones, expectativas, temores e ilusiones ante su siguiente curso escolar en el extranjero. Ellos no son los típicos alumnos cuyos padres matriculan en un 'high school' norteamericano durante un curso. El pupitre de Arturo está en Holanda, el de Natalia está en Armenia y el de Alejandro en Tailandia. Hace 22 meses contaron en HOY cómo habían sido seleccionados por la Fundación Colegios del Mundo Unidos, que tiene 16 centros repartidos por los cinco continentes y que concedió 19 becas en total a estudiantes españoles que superaron varios test, además de la exposición de un proyecto social y el diseño de una dinámica de grupo.

Tres becados son de Badajoz y la ayuda económica que les fue concedida era para dos cursos, así que por el camino se han convertido en mayores de edad. Ahora, desde sus respectivos países de acogida, relatan para HOY cómo están viviendo la recta final de esta experiencia.

Natalia Falcón en Dilijan (Armenia)
Natalia Falcón en Dilijan (Armenia)

Dice Natalia Falcón que ella quería explorar una cultura totalmente diferente a la española, por eso sus primeras opciones fueron, por este orden, China, Hong Kong y Noruega. Le asignaron Armenia. Está encantada. «Si en estos momentos me diesen la oportunidad de elegir de nuevo, no dudaría en elegir Armenia como mi primera opción. Es un país cuya cultura todavía conserva su esencia original y se ha mantenido pura frente a la influencia de Occidente», dice ahora desde Dilijan, un pequeño pueblo armenio con estudiantes procedentes de más de 80 países.

Clases en inglés

Tanto Natalia como Arturo y Alejandro reciben las clases en inglés y se rigen por las normas del Bachillerato Internacional (IB).

«En este programa, los estudiantes -explica ella- tenemos seis asignaturas en total, tres de ellas en nivel alto y tres en nivel medio. Mis asignaturas en nivel alto son Biología, Química y Políticas Globales; mientras que en nivel medio curso son Alemán, Matemáticas y Literatura Inglesa. El IB es completamente distinto a la enseñanza española, pues el programa se centra primordialmente en el desarrollo de tu pensamiento crítico, lo que la enseñanza española parece dejar de lado en muchas ocasiones».

Arturo Cuesta también se ha sorprendido del trato que reciben los alumnos, el cual sostiene que es común en toda la red de la Fundación Colegios del Mundo Unidos. «La educación aquí es pragmática y crítica por naturaleza. Está más enfocada a la práctica y las perspectivas. No todo está bien o mal, como en España, sino que muchas cosas son relativas y dependen del contexto. Lo importante son las evidencias que tienes para defender un argumento. En España no se trata al estudiante como independiente y adulto, al menos en las Humanidades. Aquí, sin embargo, se trata al alumno como un igual en muchos casos. La relación entre profesor y estudiante no está basada en autoridad como en España».

Nivel académico superior

Alejandro Guerrero destacó desde pequeño por ser un chico inquieto. Él también quería un país alejado de su cultura, salir de su zona de confort en Badajoz. Cuando obtuvo la beca sus elecciones de colegio fueron Swazilandia, India y Tailandia. Le tocó el tercero de estos países. Ahora vive en Phuket, una turística isla al sur de Tailandia con una población de unas 300.000 personas. Montar en piragua, acariciar elefantes o tocar la guitarra sobre un escenario son parte de la galería de fotos que envía desde allí, la cual da a entender que no está siendo un mal año para él, aunque reconoce que hay que esforzarse en el aula. Ahora habla inglés fluido, pero admite que al principio le costó coger el ritmo debido a a que las exigencias académicas son más altas.

Alejandro Guerrero en Phuket (Tailandia)
Alejandro Guerrero en Phuket (Tailandia)

«Mi situación ha cambiado mucho en el ámbito escolar. El nivel académico es muchísimo más alto que en España y también mi rendimiento académico, que ha aumentado notablemente, lo que me ha abierto muchas puertas de cara al futuro. Por otro lado, en el ámbito social vivir con gente de todo el mundo es algo que me ha abierto la mente muchísimo. Ahora tengo amigos de numerosos países y me considero a mí mismo un ciudadano global que puede ir a cualquier parte y es mucho más consciente del escenario internacional, conociendo países y conflictos que ni sabía que existían», relata desde la otra punta del mundo este pacense.

Arturo Cuesta eligió Holanda, entre otras razones porque estaba a apenas dos horas de vuelo de su casa.

Ahora mismo desde su dormitorio se ve una gruesa capa de nieve y sobre ella un puñado de bicis aparcadas. La ciudad que le asignaron fue Maastrich.

En general, ha percibido un país más pragmático. Y, según dice, los jóvenes de los que ahora se rodea son más maduros. «Me ha sorprendido la actitud. Todo el mundo reacciona diferente a diferentes perspectivas, a veces es difícil entender el porqué pero siempre hay una razón. La gente es muy madura en general y a veces me siento como en una universidad más que en un colegio. Hay conversaciones prácticamente todas las noches sobre todo, desde la monarquía nepalí hasta la menstruación de las mujeres. No hay tabús con mucha gente», dice.

Tanto Arturo como Alejandro como Natalia han dado un salto en su proceso formativo al alcance de pocas personas de su edad. Dan los buenos días a personas de diferentes países y viven en apartamentos en lo que podría considerarse el campus del instituto, un anticipo de lo que será su vida universitaria.

Arturo Cuesta en Maastrich (Holanda)
Arturo Cuesta en Maastrich (Holanda)

Todos tienen lo que podría llamarse tutores, los cuales les asesoran, sobre todo en los momentos iniciales, y son una referencia durante su estancia. «Mi piso -relata Arturo desde Maastrich- tiene 24 chicos repartidos en seis habitaciones. Aunque somos bastante independientes vivimos cerca de un apartamento con nuestros mentores. Hay una familia de mentores que vive en el campus por cada piso. Los míos, se llaman Ajay y Olaya, de la India y España, un matrimonio con hijos. Son como nuestros padres y amigos al mismo tiempo. Siempre están ahí». Alejandro, por su parte, comparte cuarto con dos compañeros de Turquía y Tanzania.

Pese a que están tutorizados, cada uno disfruta de una autonomía que les está abriendo la mente cada día que pasan alejados de sus familias. «Al vivir en Armenia durante dos años -cuenta Natalia- he tenido la oportunidad de conocer las diferentes facetas del pueblo armenio, especialmente al hacer auto-stop. Por muy loco que pueda parecer, entre la comunidad de estudiantes de mi instituto es muy común hacer auto-stop para ir a la capital o simplemente cuando se quiere viajar por Armenia. Cada vez que uno hace auto-stop es una experiencia increíble que te da a conocer nuevas historias personales, las cuales te acercan al pueblo armenio».

Ahora quieren ir a EE UU

Aunque suelen regresar en vacaciones a sus casas, después de dos años en el extranjero sorprende que tengan tan claro que no desean continuar sus estudios no ya en Extremadura sino en España. Natalia, por ejemplo, habla de pocas oportunidades. «Deseo dedicarme a la investigación en el campo de la neurología y estudiar en el extranjero me ofrece más posibilidades para desarrollar mi potencial en este campo. Lamentablemente, España apenas dedica recursos financieros al campo de la investigación», dice esta pacense cuya primera opción es estudiar Biomedicina o Medicina en Londres, de donde afirma que ya ha recibido ofertas de universidades. No obstante, está a la espera de notificaciones por parte de otras universidades en Estados Unidos, un país donde tanto Alejandro como Arturo se ven el próximo curso tras una experiencia de bachillerato que les ha servido de lanzadera para explorar el mundo.