19 años de malas noches en el Casco Antiguo de Badajoz

Un grupo de personas delante de uno de los locales de ocio de la calle San Juan. :: hoy/
Un grupo de personas delante de uno de los locales de ocio de la calle San Juan. :: hoy

El ruido llegó con la marcha nocturna y se ha agravado con el aumento de fiestas y las ampliaciones de horario

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

El ruido no ha llegado a los tribunales de la noche a la mañana. El conflicto por el exceso de decibelios en el Casco Antiguo se ha ido fraguando durante 19 años, momento en el que dejó de ser una molestia para convertirse en un problema para los vecinos.

Desde entonces, al barrio histórico le cuelga un título legal que dice que está acústicamente contaminado, bajo la fórmula de zona saturada de ruidos. Esto no ha mejorado la situación, al contrario, la ha agravado más con la incorporación al calendario cultural del barrio histórico de nuevas fiestas, que han traído aparejadas ampliaciones de horarios nocturnos.

En estas dos décadas, el Ayuntamiento ha mantenido el discurso de conciliar el derecho al descanso de los vecinos con la actividad económica de los hosteleros, entendida como una de las claves para mantener vivo un barrio con pocos vecinos pero muchos visitantes, sobre todo, de fin de semana. En la práctica, sin embargo, se ha movido en una indefinición que no ha contentado a ninguna de las partes.

El resultado es que tras 19 años de quejas, los vecinos se han ido al juzgado para denunciar al alcalde, Francisco Fragoso, por vía penal. Sucedió este mes, el primer sábado, con motivo de los conciertos programados para animar las compras durante la Shopping Night.

HOY ha analizado el problema en las dos últimas décadas, reconstruyendo la cronología del ruido en el Casco Antiguo.

El origen: cambio de moda

Hace 20 años, la marcha nocturna estaba en la 'Urba', así se llamaba a a los dos edificios de la avenida de Elvas repletos de bares que, hoy, sobreviven con una oferta que ha evolucionado más hacia la restauración y las copas de media tarde.

La Urbanización Guadiana se puso de moda a inicios de siglo, cuando se sentenció el botellón en los Cañones, pero la presión vecinal por los ruidos de la marcha nocturna llevó a que en 2008 se le reconociese como barrio ruidoso, siendo el primero al que declararon como Zona Acústicamente Saturada (ZAS), un título que heredaría después el Casco Antiguo. Esa fue la puntilla a una marcha que, por entonces, ya empezaba a dividirse entre Valdepasillas y el Casco Antiguo. En 2010, el centro histórico era ya el sitio de moda para salir por la noche.

Primeras quejas y ZAS

Ese año, los vecinos del Casco Antiguo empiezan a levantar la voz con fuerza contra el ruido, sobre todo por la concentración de bares de copas en unas pocas calles, como San Juan, que sigue siendo hoy la más conflictiva. Al margen de la asociación de vecinos, un centenar de familias del barrio se aunaron en la plataforma 'Casco Antiguo Habitable', para la que el ruido era una de sus principales reclamaciones.

Pidieron al Ayuntamiento que midiera la contaminación acústica y ese estudio llevó a declarar al Casco Antiguo como ZAS. Era diciembre de 2010 y desde entonces arrastra un título que como mínimo estará en vigor hasta el año 2021.

Este reconocimiento legal no ha servido para mitigar el conflicto del ruido, si bien ha sido el freno para seguir abriendo locales de copas en la parte antigua de la ciudad. Desde hace 19 años, el Ayuntamiento no da licencias de apertura para abrir nuevos negocios de hostelería en la zona delimitada por el mapa de contaminación acústica, que en la práctica abarca casi todo el barrio.

El 'cigarrón' y las nuevas fiestas

El Casco Antiguo estrenaba el título de ruidoso al tiempo que entraba en vigor la ley antitabaco que impedía fumar dentro de los bares. La prohibición tuvo dos consecuencias que vinieron a agravar más el problema del ruido: el auge de los veladores y el fenómeno que se bautizó como 'cigarrón', es decir, fumar en la puerta de los bares de copas, que es todavía hoy uno de los focos de ruido del que más se quejan los vecinos.

Al Casco Antiguo además, se le fueron sumando nuevas fiestas de participación masiva, para llenar un calendario en el que ya figuraban en rojo los Carnavales, la Semana Santa, la Navidad, Almossassa o la feria de día. Esta acumulación de eventos ha convertido al barrio histórico en el escenario indiscutible del calendario cultural y festivo de la ciudad.

La Noche en Blanco, la jornada en la que se trasnocha para disfrutar de la cultura de la ciudad, nació en 2010. Un año después aterrizaban Los Palomos de la mano del programa de Wyoming. En 2014, y durante tres años, el festival Contempopránea tuvo sede en el Casco Antiguo, que el año pasado se reconvirtió en el Alcazaba Festival, cuya segunda edición se celebra este fin de semana. En 2015, se implantó la Shopping Night, la jornada de compras nocturnas.

Las nuevas fiestas, además de sumar más ruido, han llevado consigo ampliaciones excepcionales en el horario del cierre de los bares. Esta ha sido una de las principales fuentes de conflicto con los vecinos, que veían cómo su vigilia se extendía de las dos a las cuatro de la mañana. A este respecto, el Ayuntamiento ha mantenido una postura desigual. Aunque en 2018 el alcalde dijo que el Carnaval era la excepción, se ha permitido ampliar la hora de cierre en unas fiestas y en otras no.

Espantaperros, actor definitivo

En 2015, nació Espantaperros el primer colectivo de vecinos centrados en la lucha contra el ruido en el Casco Antiguo, que el año pasado se integró en la plataforma regional contra el ruido junto a Cáceres y Plasencia. Su activismo ha sido un punto de inflexión en este conflicto, porque han intensificado sus quejas y con ellas, las campañas puntuales del Ayuntamiento contra los bares de ocio por el horario o la insonorización.

Esto también llevó a que los bares dieran un paso al frente, adhiriéndose a un código ético que, en la práctica, no ha contribuido a aminorar los decibelios.

De la mano de Espantaperros se creó la mesa del ruido en 2017, que se rompió abruptamente un año después sin que se llegara a ningún consenso. Ellos acudieron en dos ocasiones al Defensor del Pueblo para denunciar su situación. Y ellos son los que, finalmente y tras ver cómo en decenas de ciudades -siendo Cáceres la más cercana- los jueces hacían valer el derecho al descanso de los vecinos, han presentado la primera querella por el ruido en el Casco Antiguo contra el alcalde de Badajoz. Se traslada así a los tribunales un problema que arrastra quejas desde hace 19 años.

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