«No quise matarlo, encontré un objeto afilado en el suelo y se lo clavé»

La fiscal interroga al acusado, José J. V., en la Audiencia Provincial./PAKOPI
La fiscal interroga al acusado, José J. V., en la Audiencia Provincial. / PAKOPI

En 2017 José J. V. apuñaló en el corazón con una navaja a Ismael I. V. en Monesterio; este lunes, en el primer día del juicio, alegó que fue en defensa propia

Natalia Reigadas
NATALIA REIGADASBadajoz

«No me acuerdo de si le di con el bastón. Me lo quitó, era mucho más fuerte que yo, y me dio. Caí de rodillas, encontré un objeto afilado, tendí el brazo y se clavó. No quise, en ningún momento, matarlo porque la cosa no iba con él». Así narró este lunes José J. V., de 53 años, el apuñalamiento el 21 de julio de 2017 de Ismael I. V. en el paseo de Extremadura de Monesterio. El joven de 29 años murió ese día tras recibir una puñalada en el corazón con una navaja.

La fiscalía pide para José 12 años y seis meses por homicidio mientras que una de las acusaciones particulares quiere que la condena sea de 20 años por asesinato. En la primera jornada del juicio celebrada este lunes en la Audiencia Provincial de Badajoz, sin embargo, el acusado alegó defensa propia. Su abogado peleará por la absolución en un proceso con jurado que se alargará toda la semana.

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Seis hombres y tres mujeres escucharán a los testigos del apuñalamiento, a los familiares de la víctima, a los investigadores de la Guardia Civil y a los forenses antes de decidir qué versión se ajusta más a la realidad. Este lunes, durante el interrogatorio de las partes al procesado, ya quedó claro que los relatos de las acusaciones y la defensa distan mucho.

En lo que coinciden todas las partes es que el origen del enfrentamiento que acabó con la vida de Ismael I. V. fue un conflicto entre dos clanes de etnia gitana. El padre del acusado es el patriarca de una familia asentada en Monesterio desde hace muchos años. Uno de sus vecinos era Ismael I. V. que no era de etnia gitana y con el que mantenían buena relación. Sin embargo, este joven comenzó una relación con María Luisa S. N, que se mudó a la localidad pacense con sus hijos, todos ellos de otra familia de etnia gitana.

Según afirmó este lunes el acusado y también la fiscal en su relato de los antecedentes, María Luisa S. N. se dedicaba al trapicheo de drogas, lo que molestaba a la familia de José J. V. que no consentía ese tipo de actividades. Éste también relató que esta mujer vivía en una «casa de patá (patada)», es decir, en una vivienda ocupada ilegalmente.

Aplicando la ley gitana, el patriarca de la familia asentada en Monesterio decidió expulsar a la mujer y sus hijos de la localidad. Sin embargo, estos se negaron a acatar la orden y comenzaron los enfrentamientos, en los que tuvo que intervenir la policía varias veces.

Todo culminó el 21 de julio de 2017 en el paseo de Extremadura. Ismael y María Luisa, junto con uno de los hijos de esta, esperaban en la parada del autobús y José estaba sentado en la terraza de un bar. Este decidió acercarse a la familia para recordarles que debían marcharse de la localidad, según las instrucciones de su padre.

En ese momento comenzó un enfrentamiento en el que las versiones de acusación y defensa se separan. «Lo único que pudo hacer es defenderse. No tuvo otro medio de repeler una agresión brutal», aseguró este lunes el abogado de la defensa, el letrado Enrique González-Vallejo.

¿De quién era la navaja?

José J. V. alegó que no recuerda si agredió a alguien con su bastón, pero que está seguro de que Ismael se lo quitó y le golpeó con él. Sufrió una brecha en la cabeza que necesitó nueve grapas de sutura y varios golpes en la espalda. El acusado aseguró este lunes que estaba en el suelo cuando vio un objeto cortante y lo usó contra Ismael porque temía por su vida. En otro momento de su testimonio, sin embargo, afirmó que era el fallecido el que tenía la navaja y que se la quitó para defenderse.

En todo caso, José J. V. negó varias veces que el arma homicida fuese suya, aunque confirmó que sí solía llevar este tipo de cuchillo encima, aunque de tamaño menor. Las acusaciones, por su parte, alegaron que la navaja de 8,5 centímetros de hoja, con restos biológicos de la víctima y del acusado, se encontró en la casa de un familiar de José J. V..

La fiscal, por su parte, hizo hincapié en los incidentes previos, entre ellos, uno que quedó grabado, y que se presentará como prueba en el juicio. En las imágenes, según la representante del Ministerio Público, el acusado dice:«Lo voy a foguear, tengo que foguearlo» refiriéndose a la víctima.

«Estoy segura de que mató de forma intencionada a Ismael», dijo la fiscal, ya que la puñalada fue directa a un órgano vital. También resaltó que, después, el acusado siguió esgrimiendo el arma dispuesto a volver a clavársela a la víctima, pero un hijo del José J. V., que acababa de llegar al Paseo de Extremadura, se lo llevó por la fuerza de la escena.

Eso sí, la Fiscalía acepta un atenuante por capacidades mermadas basándose en un informe de los forenses que asegura que José J. V. sufre un trastorno afectivo y de control de impulsos. Este lunes, durante el juicio, el propio acusado contó que padeció depresión tras la muerte de dos de sus hermanos y que había estado ingresado por este motivo varias veces.

Las acusaciones particulares, sin embargo, no aceptan el atenuante. El letrado que representa a los padres y la hermana de la víctima, José María Cerón, defendió que el acusado era perfectamente consciente de lo que quería hacer. Fuera del proceso avanzó que pedirá 15 años de condena.

Por su parte, Fernando Fontán, que acude al juicio en representación de la pareja de Ismael, María Luisa, también rechazó el atenuante. En su caso, además, considera que el procesado buscó y persiguió el resultado fatal, por lo que pedirá 20 años por asesinato.

 

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