26.500 colillas de vergüenza

La 'montaña de la vergüenza', ayer en el puente de Palmas, con colillas recogidas por toda la ciudad. / C. M.
La 'montaña de la vergüenza', ayer en el puente de Palmas, con colillas recogidas por toda la ciudad. / C. M.

Un grupo de pacenses conciencia sobre su contaminación

Rocío Romero
ROCÍO ROMEROBadajoz

Soledad Segura fumó entre los 20 y los 36 años, cuando empezó la quimioterapia debida a un linfoma no Hodgkin. Cambió de vida, se apuntó a yoga y apagó su último cigarro para siempre.

Ahora forma parte del grupo 'No más Colillas en el Suelo', que las recoge por toda la ciudad y ayer hizo un acto reivindicativo en el Puente de Palmas. Allí formaron una 'montaña de la vergüenza' con las 26.500 que han retirado de las calles en las últimas semanas. El acto se repitió por todo el mundo.

Jesús de Aguirre, coordinador en Badajoz de este movimiento global, advierte de que es una basura invisible. Al principio no la veía, hasta que un día se dio cuenta de que había mucha, empezó a documentarse y descubrió que se trata de un residuo muy contaminante. «Una sola contamina hasta 50 litros de agua potable. Los filtros que usan las tabaqueras, además de llevar componentes muy adictivos, son contaminantes. Entre otros metales pesados llevan cadmio y aluminio», recita de memoria. Este profesor y traductor apunta que el problema no está solamente en lo que ensucian, sino sobre todo en lo que contaminan. «La colilla cae al suelo, llega a la alcantarilla, pasa al río, de ahí al mar, entra en la cadena trófica y al final la estamos ingiriendo».

El núcleo de la asociación está formado por una decena de personas, pero están haciendo acciones en distintos puntos de la ciudad y empiezan a hacerse notar. Durante la feria montaron otra 'montaña de la vergüenza' delante de la portada e hicieron una alegoría sobre los daños que se hace al mar. Llevan meses haciendo quedadas por distintas barriadas. Desde el Cerro Gordo hasta el centro y la margen derecha o el entorno de los hospitales y los juzgados. El núcleo duro elimina esta basura a diario. Quieren, además, participar en la Noche en Blanco a través de una obra de teatro.

«El problema no es que los fumadores sean unos guarros. Por cualquier zona se ven latas, plásticos, gusanitos... No hay conciencia», dice Jesús de Aguirre.

Junto a él estaba Gracia Rabal, veterinaria, que también quiere sensibilizar a la población. «Yo misma no era consciente de lo que supone que el suelo esté plagado», dice. Ella siente rabia cuando ve a fumadores lanzando cigarros al suelo y, dependiendo de la relación que tenga con esa persona, se lo dice o no. «Pero los fumadores se sienten atacados y no queremos eso, solo que sean responsables de sus residuos». Lleva ceniceros de plástico elaborados por Promedio y los reparte si habla con un fumador. «Aunque cualquier envase hermético de los de alimentación, como un envase de paté, se puede llevar en el bolso como cenicero de bolsillo», explica.

Algunos viandantes les dieron ayer la enhorabuena, como Celestino Gómez, que fue fumador hace años. Él cree que el Ayuntamiento debe colocar ceniceros por las calles.

De momento, este grupo de pacenses está satisfecho de ayudar a remover las conciencias sobre el trato que las personas le están dando al planeta. «He pasado de la queja y el lamento a la acción. Si puedo despertar a personas por el camino como yo desperté, estupendo, por la naturaleza y por nuestra salud. No tengo más aspiración que hacer lo que debo», reflexiona Soledad Segura cinco años después de superar el cáncer.