Sobre los usos sociales del patrimonio cultural (A vueltas con el Hospital San Sebastián)

JAVIER MARCOS ARÉVALO

PASEANDO por la ciudad de Badajoz, mi ciudad de nacimiento y en la que vivo desde hace unas cuantas décadas, me encuentro a algunos amigos, compañeros de universidad, vecinos. Hay quienes me paran por la calle y de improviso, a «bocajarro», me dicen y preguntan: Javier, defínete, príngate, sé valiente. ¿Estás a favor o en contra de lo que quieren hacer en el hospital?... A alguno le he contestado que quizás no está bien formulada la pregunta o tal vez no es la que debiera hacerse. Miren, las dos intervenciones públicas en la palestra que es el HOY, la de Fernando Cortés y Manolo Márquez, con interesantes y sugerentes ideas, pero también con algunos tópicos, representan justamente la polaridad de opinión que parece existir actualmente en el seno de la sociedad de Badajoz respecto a la proyectada obra arquitectónica en el hospital San Sebastián: por una parte, la defensa sutil de un proyecto, y por lo tanto de la institución que quiere llevarlo a efecto; y de la otra una clara oposición a lo que se propone desde la administración provincial. Reconocida es la trayectoria profesional de ambos autores, así como la legítima vinculación ideológica de uno, y las sensibilidades respecto a los movimientos sociales de otro. El debate, desde mi punto de vista ya ha dado bastante juego en los medios, y quizás empieza a llegar la hora, si queremos ser eficaces y avanzar en algo que en principio se presenta como una oportunidad para mejorar la fisonomía urbana y social de la ciudad, de no seguir tanto por el camino de la confrontación como el del acuerdo y la negociación a partir, quizás, de propuestas alternativas y sobre todo de escucharse las partes, sincera y mutuamente. En todo conflicto y discusión soy partidario de que prime el imperio de la lógica y el sentido común, aunque, como se sabe y recoge la tradición oral: «el sentido común es el menos común de todos los sentidos». A veces además, como es el caso, existen lógicas distintas e incluso enfrentadas, justamente por ello me posiciono, sin lugar a dudas, en la órbita de los que defienden la capacidad de integración de ambas polaridades en un proyecto común, matizado, y mejorado, pero siempre a tenor de la ley. En mis dos textos anteriores sobre el tema editado en HOY (28-IV y 17-V-2016) creí haber dejado más o menos claras algunas cosas para mí importantes respecto al patrimonio cultural construido. Tomando como excusa el debate social que está generando el Hospital San Sebastián enumero otras tal vez más comprometidas:

1.-La importancia del patrimonio cultural en tanto en cuanto espejo de la memoria social y reflejo de la identidad de los pueblos, sociedades y culturas. 2.-Frente a lo material, objetual y lo edificado, la importancia de lo humano y lo social en todo lo referente al patrimonio cultural. 3.-Estoy absolutamente a favor de dotar de nuevos usos sociales el edificio del Hospital San Sebastián. Y lo estoy, entre otras razones, por el postulado que se atribuye a la biología: «Lo que no se regenera, degenera». O sea, sin paliativos: a favor de la puesta en valor del patrimonio cultural. 4.-Considero necesario, «cuasi obligatoria» para evitar tensiones sociales y políticas, la negociación entre las instituciones y la sociedad civil. Especialmente hay que tener en cuenta el parecer, sin tener que ser , de las Asociaciones en Defensa del Patrimonio Cultural para tratar de llegar a acuerdos consensuados en beneficio del conjunto de la población. 5.-Hay que huir de quienes creen que tienen toda la razón y a veces lo que manifiestan es cierta falta de formación. Muchos quebraderos de cabeza y perjuicio a la humanidad han causado en el transcurrir de los siglos diversos tipos de fundamentalismos: primero los ideológico-religiosos; luego los ideológico-políticos; más tarde los ecológicos y medioambientalistas en sus variadas modalidades; en fechas más cercanas los de género-sexo. Y hoy día el patrimonio cultural, por ser un tema sensible y vinculado a la memoria colectiva, concita en algunos pocos, los menos, determinadas conductas cuanto menos criticables, sino rechazables. Creo que teórica, práctica y dialécticamente sus argumentos son fácilmente rebatibles. El patrimonio y sus eventuales usos no son del dominio exclusivo de cándidos puristas, ni tampoco de técnicos autistas. 6.-Lógicamente, aparte de la responsabilidad que tiene la administración, las instituciones, la sociedad civil, etc., es fundamental el aporte responsable y riguroso de los especialistas y de profesionales con capacidad para escuchar incluso a quienes no piensan, con razones, como ellos.

Si la mitad de las aberraciones que se han cometido contra el patrimonio construido en diferentes sitios las ha llevado a efecto la administración, en tanto similar se deben a algunos arquitectos que a veces adolecen de conocimientos, humildad y sensibilidad social; y les sobran, en cambio, vedetismo profesional y ombliguismo las más de las veces revestido de una supuesta modernidad, «cosmopolitismo» y «genialidad»: «Los experimentos con gaseosa.»; y en sus casas y con su patrimonio; no en la comunidad y con los presupuestos de la sociedad. En absoluto se trata, no obstante, de poner en tela de juicio los tópicos, múltiples veces traídos a colación como ideas comunes, donde coexisten la tradición y la innovación. Hay ejemplos y en todos los continentes para aburrirnos. No, no es este el problema de fondo. La cuestión es qué no hacer, qué hacer, y cómo hacerlo. Es decir, se trata de hacer y no dejar que las cosas -los edificios- se arruinen; como se han venido abajo cientos de castillos, murallas, palacios, casas blasonadas, mercados y también hospitales. Hoy día, en todas partes, existe un debate sobre los «usos sociales del patrimonio cultural». Precisamente quien acuñó el concepto en las ciencias sociales fue el célebre y prestigioso antropólogo argentino, profesor en México, Néstor García Canclini. Lean ustedes sus trabajos y a lo mejor les abren nuevas perspectivas y les amplían o complementan sus miradas; porque trata sobre otras experiencias similares en entornos socioculturales diferentes. Si no les convence consulten los documentos editados por Unesco relativos a estas cuestiones, para ampliar horizontes, a partir de lo local, e insertarse en lo glocal, el tipo de sociedad en la que convivimos. Y si tampoco, viajen, viajen. Reflexibidad y consenso, pero también pragmatismo y alturas de miras. Lo que en absoluto debe significar que se permitan actuaciones controvertidas o que no cuenten con el apoyo social.