La maleza invade la colonia de la base aérea

La maleza invade la colonia de la base aérea

Son setenta chalés a veinte minutos de Badajoz donde aún vive gente, pero se sienten olvidados por el Ministerio de Defensa

J. LÓPEZ-LAGO

Los pilotos de los aviones que en los ochenta se aproximaban a la Base Aérea de Talavera la Real (Badajoz) verían desde el aire una colonia de chalés con niños correteando por sus calles, las manchas azules de dos preciosas piscinas, el rectángulo verde de una pista de tenis y, probablemente, la mano agitándose de una esposa que esperaba al piloto tras aquellos primeros vuelos de entrenamiento. Si ahora los militares observaran esa misma colonia desde el cielo apenas verían una gran mancha verde de vegetación que ha ido devorando esta urbanización hasta convertirla en un lugar fantasmagórico.

La colonia militar Carlos Haya se construyó a apenas unos metros de la base para dar alojamiento a oficiales, suboficiales y personal técnico al que convenía tener cerca de las instalaciones de la base por si surgía algún problema. Son unas setenta casas, todas de una planta, con un amplio patio trasero. La barriada comparte -más bien compartía- espacios comunes, desde pistas deportivas a piscinas, un bar, parque y hasta una iglesia. En la actualidad apenas está habitada una tercera parte de la colonia. El resto se lo está comiendo el óxido y la vegetación. Es fácil averiguar dónde vive alguien pues la diferencia entre las viviendas con gente y las demás son más evidentes cada año que pasa.

Esta colonia que está a apenas veinte minutos de Badajoz pertenece al Instituto para las Viviendas de las Fuerzas Armadas (Infivas) y en el pasado tenía incluso una línea propia de autobús para llevar a los niños al colegio. Los inquilinos que quedan pagan entre cien y doscientos euros al mes. Algunos han solicitado al Ministerio de Defensa que les aclare qué futuro aguarda a este lugar. Pero no han recibido respuesta. Lo único que saben con certeza es que vivienda que se desaloja, vivienda que se cierra y que el interés por revitalizar la colonia no existe.

Mientras tanto, la fuerza de la naturaleza no deja de demostrar que es imparable, igual que la gravedad. Las barbas de las palmeras crecen sin parar, la maleza se adueña de cada rincón, la hierba asoma por cada grieta, la madreselva trepa hasta los tejados, la lluvia ha deteriorado el firme de los viales y ha oxidado todo elemento metálico mientras algunos trozos de viviendas donde antaño residía un coronel se han desmoronado, por lo que la ruina se va expandiendo metro a metro mientras ratas y otros animales van ganando terreno en un lugar diseñado para las personas.

Lo peor es que hay ramas de árboles que caen por sorpresa en el interior de las parcelas habitadas que han causado algún susto, lo que ha requerido la presencia de un notario hace poco para que dé fe de la situación en que se encuentran algunos chalés. Por otro lado, se plantean traer a un perito agrícola para que realice un informe que describa cómo está afectando la vegetación a esta urbanización.

Al menos, dice un vecino que prefiere no dar su nombre, llega el correo y dos días por semana el servicio de recogida de basuras del Ayuntamiento de Badajoz vacía los contenedores. No obstante reconocen que si alguna farola se estropea, aunque pasen varias semanas, al final viene un técnico y la arregla. La Guardia Civil hace también de vez en cuando una ronda de vigilancia.

Los pocos residentes que quedan en esta colonia militar son personal relacionado con la Base Aérea, ya sea en activo o jubilados, y saben que la zona jamás recuperará la vida que tuvo hace décadas. No esperan que repongan el parque infantil, talen los árboles que han brotado en mitad del campo de fútbol o sustituyan las canastas de baloncesto, pero piden que exista un mantenimiento mínimo para que las plantas no terminen de comerse esta pequeña barriada, sobre la que alertan del peligro que supone en verano cuando todo lo que rodea a las casas es hierba seca. Básicamente quieren saber si la idea es desmantelar la antigua y esplendorosa colonia militar, y la táctica elegida por Defensa es mantenerlos olvidados como hasta ahora.

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