40 años al otro lado del teléfono

Lola Barrero contesta una llamada. :: pakopí/
Lola Barrero contesta una llamada. :: pakopí

Los problemas emocionales y la soledad son dos de las causas más habituales de los que llaman, en ocasiones acentuadas por el paro

NATALIA REIGADASBadajoz

La llamada más dura que ha contestado Lola Barrero se produjo hace casi seis años, cuando llevaba poco trabajando como voluntaria en el Teléfono de la Esperanza de Badajoz. Era un hombre mayor con una hija con problemas de drogadicción que anunció que iba a quitarse la vida esa misma noche. «Lo tenía todo preparado», recuerda la mujer, que logró el compromiso de esta persona para abandonar sus planes. «Pedía una razón para vivir». Desde entonces se ha enfrentado a otras situaciones de este tipo, «son las llamadas que más tememos», pero la primera se le quedó grabada.

En sus 40 años de historia es seguro que el Teléfono de la Esperanza de Badajoz ha salvado más de una vida y también ha consolado, acompañado y ayudado a muchas voces anónimas que han marcado el 924222940.

Este servicio cerró 2014 con 5.500 llamadas atendidas, una cifra similar a la de los años anteriores. El presidente del Teléfono de la Esperanza pacense destaca que su trabajo ha evolucionado en los últimos años, no solo por la orientación que ofrecen a través de la línea sino gracias a otras actividades como sus cursos y el servicio de psicología y derecho que ofrecen de forma gratuita.

La crisis también ha tenido un impacto en su labor. El paro, según explica Cancho, afecta a los ciudadanos, por ejemplo en su autoestima. A pesar de ello, no han aumentado las llamadas, ya que solo suele derivar en un problema emocional cuando está unido a otro conflicto. «Lo acentúa, pero suele haber algo más detrás», explica el presidente.

Cancho detalla que en las llamadas se encuentra todo tipo de situaciones, desde una persona mayor que está sola a una consulta sexual o «una niña de 14 años a la que le ha dejado en novio y se siente desesperada». Este voluntario explica que no se toman a la ligera ninguna petición de ayuda. «Porque no solo se trata del problema sino de cómo afecta a esa persona. Eso es lo que hay que evaluar».

Lo más común es llamar al Teléfono de la Esperanza por problemas sentimentales o familiares. La soledad también está detrás de muchas consultas y los problemas económicos. Este servicio lo abarca todo y está abierto a cualquier problema.

Las peores situaciones se dan cuando una persona llama y anuncia que quiere suicidarse. «El 99% afortunadamente es una forma de hablar, pero tenemos casos en los que hay riesgo. Si es así, hay que tratar de saber de dónde llama esa persona y avisar a la policía, que actúa rápidamente. Tenemos dos o tres casos de este tipo al año», detalla Álvaro Cancho.

Lola Barrero explica que esos son los peores momentos. Sin embargo asegura que ser voluntario en este servicio compensa. «Recibes mucho. Aprendes mucho. Te ayuda a valorar lo que tienes y comprender las prioridades». Esta mujer es informática, y como ella los voluntarios de este teléfono tienen profesiones diversas y perfiles distintos, pero tres o cuatro horas por semana acuden a la sede de la calle Ramón Albarrán para contestar a quien les necesite.

Conseguir más voluntarios

Uno de los retos del actual presidente desde que ocupó el cargo hace un año fue conseguir más voluntarios, un objetivo que no es sencillo. La campaña ha sido buena y el Teléfono de la Esperanza pacense ha abierto delegaciones en Mérida y Almendralejo. Cancho admite, sin embargo, que siguen necesitando más colaboradores. El problema es que no es fácil. En primer lugar es un voluntariado duro, por la exigencia y porque no es tan activo como otros. «A veces supone estar aquí horas y recibir una llamada y en otras ocasiones diez. No sabes lo que te vas a encontrar», describe el responsable de la asociación.

Además para ser voluntario hace falta un perfil específico. No hay normas estrictas, pero suelen ser personas de más de 30 años y con experiencia vital. «Lo que llamamos tener calle», dice Cancho. Es decir, necesitan vecinos que sepan responder a distintas consultas y no teman enfrentarse a situaciones de todo tipo. Los que se inscriben reciben tres cursos de formación distintos y también realizan coescucha con los voluntarios actuales para formarse antes de coger el teléfono.

Otro servicio del Teléfono de la Esperanza es la asistencia psicológica y legal gratuita. Hay voluntarios que ofrecen este apoyo a las personas que llaman, no tienen recursos y son derivadas a la sede.

Otros también acuden a los cursos públicos que organiza la asociación y que educan, principalmente, las habilidades emocionales. Entre otros próximamente ofrecen talleres sobre cómo vencer la dependencia emocional, de relajación para vencer la ansiedad, para aumentar la autoestima o de intervención en situaciones de crisis, es decir, para afrontar el duelo.

Para participar en estas actividades hay que inscribirse y aportar una cuota. Esta es una de las formas de financiación del Teléfono de la Esperanza, que también cuenta con socios y donaciones, por ejemplo, la sede donde se ubica que les fue cedida. Actualmente este servicio también cuenta con diversas subvenciones para costear sus gastos. La Junta de Extremadura y el Ayuntamiento colaboran con aportaciones económicas y otras entidades privadas como La Caixa.

El mayor reto de futuro es mantener a línea abierta. «Que siempre haya alguien para escucha que es nuestra base», concluye Álvaro Cancho.