«Es una pena, pero está meditado»

Tomás lleva desde los 13 años en la librería Maribel, que cerrará en breve. :: g. c./
Tomás lleva desde los 13 años en la librería Maribel, que cerrará en breve. :: g. c.

Llegó con 13 años a trabajar al negocio familiar, pero ahora el cambio de tendencias de compra le ha obligado echar el cierre «He llorado», dice Tomás Izquierdo, que cierra ahora la librería Maribel

GLORIA CASARES

Llegó a trabajar con 13 años al negocio familiar, después de terminar el colegio. Comenzó para trabajar en el negocio que su tío, un empleado del antiguo banco Banesto sin hijos, había montado un tiempo antes.

Así que con 56 años Tomás Izquierdo, aunque para todo Almendralejo es 'Tomás el de la librería Maribel', no puede evitar que los ojos se le pongan brillantes cuando sentencia que tiene que cerrar el negocio porque la cosa no va bien.

«He llorado, porque me he acordado de mi tío, me he acordado de mi madre. Es una pena, pero está meditado».

La crisis, que la lectura es una afición que cada vez ocupa menos tiempo en nuestras vidas, la cada vez más peculiar costumbre de comprar libros físicos de lectura y el remate, la liberalización del mercado de los libros de texto, son demasiadas piedras en el camino.

«Antes los libros de los colegios nos salvaban casi todo el año, prácticamente las librerías podíamos subsistir con ello, pero ahora, entre que muchos libros los tienen los centros educativos y que los puedes comprar ya en los chinos...».

También servían de ayuda los libros de lectura obligatoria que mandan los centros educativos a los alumnos, aunque Amazon y las plataformas digitales de compra venta de segunda mano han terminado de hacer el resto para firmar la defunción de las librerías de toda la vida.

En Almendralejo, apunta, ya casi nadie compra libros. Sin embargo, recuerda a algunos que son aficionados compradores de volúmenes de lectura y cita especialmente a uno: «don Antonio Alba, es impresionante».

Tomás reconoce que ha hecho muchos números, pero las cuentas ya no salen. Hace dos años estuvo ya a punto de cerrar, pero aún vivía su madre, una circunstancia que ahora ya no se produce y que, aunque con mucha tristeza, no tiene más remedio que cerrar.

«Las librerías están muy mal, yo he hablado con gente de Valencia y me han dicho que está muy mal y también otros de Badajoz. Tienen que tirar de otras cosas como la lotería».

Herencia

Apesadumbrado, confiesa que aunque él es el heredero, lo ha consultado antes con su hermana Maribel, la que da nombre a la histórica librería de la céntrica calle Pizarro.

La archiconocida librería Maribel liquida en estos días sus últimas existencias de libros de lectura y material de oficina y para estudiantes antes de descolgar definitivamente el toldo de la fachada en el que se indica el negocio.

«Voy a alquilar el local, qué remedio», afirma con trabajo.

Con una sonrisa pícara, Tomás reconoce que a él nunca le ha gustado leer, «eso lo sabe toda la gente, que no me gusta la lectura, la verdad». Pero en cambio le encanta el trato con el público, es lo que más va a echar de menos en un futuro próximo en el que no quiere ni pensar. «Todavía no sé qué voy a hacer, pero no me voy a quedar en casa».

En estos cuarenta años Tomás, un tipo sencillo, con una amabilidad innata, de los de Almendralejo de toda la vida, han sido muchos los amigos que ha hecho desde el mostrador.

«Yo sé que el pueblo de Almendralejo me quiere mucho. Me lo demostró el día que murió mi madre. Hasta ahí no me di yo cuenta de lo que me quería la gente. Yo jamás me esperaba que estuvieran así conmigo ese día».

Otro cierre

La librería Maribel es uno más de esos tantos establecimientos comerciales que cierran en la calle Pizarro, aunque es de los que duelen más a los almendralejenses, nada comparable con una franquicia.

Y es que han sido muchos los almendralejenses que han comprado en una de las primeras librerías que hubo en la ciudad, emplazada en la plazoleta de La Hierba. Uno de esos negocios de los de toda la vida que pasará a la historia.

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