Medio millar de escolares aprenden en Almendralejo lo que es la vendimia

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El Museo del Vino pone en marcha desde hace siete años unos talleres para que chavales de 8 y 9 años conozcan esta práctica ancestral en Tierra de Barros

GLORIA CASARESALMENDRALEJO.

Las generaciones que ya tiene una cierta edad aún recuerdan un Almendralejo lleno de bodegas pequeñas en cada esquina. Era fácil pasear y ver las tolvas a pie de calle triturando las uva y el olor tan característico de ese mosto impregnaba toda la ciudad cada mes de septiembre.

Parece mentira que unas décadas después los niños no sepan lo que es la vendimia, al menos, cómo se hacía de forma tradicional en el corazón de la comarca de Tierra de Barros. Para que no se olviden esas tradiciones, pero también para poner en valor un sector, el vitivinícola, que aún ocupa un espacio primordial en la economía de Almendralejo, hace siete años el Museo de las Ciencias del Vino inició unos talleres infantiles de vendimia.

Precisamente esa labor didáctica de este espacio cultural es una de las que más éxito de participación tienen y, quizás, la que despierte mayor curiosidad y simpatía.

Cada año son muchos los colegios de poblaciones tan lejanas como Badajoz que se interesan porque sus alumnos participen en estos talleres, que se suelen desarrollar en el mes de octubre. Este fin de semana precisamente se terminan estos talleres, que se han venido desarrollando desde el martes.

En el taller, que comienza con una introducción teórica, también se aprende a distinguir variedades de uva y a medir la densidad del mosto.

En ellos más de 500 alumnos de todos los centros educativos de Almendralejo (incluido el colegio de Educación Especial San Marcos), además de otros centros procedentes de localidades como Alange, Zafra y Badajoz han participado en estos talleres de vendimia del Museo de las Ciencias del Vino.

Los talleres han recibido cada día a varios grupos de escolares a partir de las 9.30 horas. Y durante una hora de duración aproximadamente han podido aprender todo el proceso de la vendimia en las instalaciones de este museo. Cuando llegan los chicos lo primero que reciben es una clase teórica, a través de un vídeo, de lo que es el proceso de la vendimia y la importancia que tiene en la ciudad. Se hace en el aula audiovisual, en la segunda planta del edificio que se levantó sobre una antigua alcoholera industrial, de las que se utilizaban para quemar el excedente de vino y convertirlo en alcohol de uso comestible. Posteriormente bajan a la primera planta donde otra de las técnicas del museo les enseñan las principales variedades de uva, dos blancas y dos tintas, algunas autóctonas y otras foráneas, cuyo nombre en francés despierta las risas de alguno de los chicos.

Lo más divertido

Ya en el patio cubierto del museo, que se separa del jardín de cepas por unas finas columnas de hierro, comienza lo más divertido, ver los grandes barreños llenos de uva blanca, la tradicional en esta comarca, y la pisada en cubos por parejas.

«Ay me da asco, yo no quiero pisarla», «me da cosa», son algunos de los comentarios de los chicos, alumnos de tercer curso de los centros, de entre ocho y nueve años.

Algunos hasta terminan cayéndose al suelo, porque tienen que abrazarse a sus parejas para mantener el equilibrio con los pies dentro de un cubo con uvas y, a veces, el baile hace que alguno no logre mantenerse en pie. Después de lavarse con agua los pies en otros barreños pequeños, los chavales pasan a la parte de 'laboratorio', lo que más les llama la atención. Ahí los niños echan el mosto que han logrado las trabajadoras del museo de las pisadas de la uva en unas jarras y luego en unos matraces, donde miden sus grados de azúcar con un instrumental casi profesional, mientras las técnicas les advierten de la importancia de este parámetro (porcentaje de azúcar de la uva) sobre el futuro vino.

Este año han participado pequeños de todos los centros de Almendralejo, así como escolares de Alange, Zafra y Badajoz

Aprenden las diferencias entre variedades de uva, la pisan en barreños y miden el grado de azúcar del mosto

Los niños saben que la actividad termina con una cata comentada en la que los escolares prueban un mosto, por eso, desde que pisan la uva, ya advierten a sus profesores de que se niegan a beber ese líquido «que parece colacao», como decía una de las alumnas del colegio Ruta de la Plata, uno de los que ayer participó en estos talleres. Estos talleres de vendimia se desarrollan también durante este fin de semana, porque es el turno de las familias, en una edición en la que pueden participar los padres con sus hijos.

Agricultura

Ayer los chicos recibieron la visita del alcalde, José María Ramírez; y del diputado de Desarrollo Rural de la Diputación Provincial de Badajoz, Lorenzo Molina, institución que copatrocina estos talleres. El alcalde reflexionó sobre la importancia que tiene la agricultura en una ciudad en la que, sin embargo, «poco a poco hay menos personas que se dedican a la agricultura como una profesión». De ahí que considere necesario llevar a cabo este tipo de iniciativas didácticas, «que lo que hacen es que los chavales que no conocen nada y no son consumidores de este producto, y sus padres cada vez menos, conozcan este proceso» y aprovechen para conocer el museo. «Ojalá que alguno de estos jóvenes se dediquen en el futuro a llevar explotaciones agrarias o al menos que no vivan al margen».

Además, avanzó que ya ha propuesto a las Coordinadora Empresarial y a la Comunidad de Labradores la necesidad de poner en marcha cursos de formación específica para enseñar a desempleados y otras personas interesadas labores básicas en el olivar y en el viñedo.

El diputado provincial recordó que la agricultura ayuda a fijar población en zonas de Extremadura.

«Es la única forma de seguir con un trabajo ancestral, un trabajo histórico que viene de generación en generación y que se siga creando puestos de trabajo y mantenimiento de la población en el territorio», señaló Molina.