Los hijos de Arturo Suárez-Bárcena rechazan que Almendralejo le quite la calle

Los hijos de Arturo Suárez-Bárcena rechazan que Almendralejo le quite la calle

R. R. BADAJOZ.

El Ayuntamiento de Almendralejo eliminará mañana del callejero la calle Arturo Suárez-Bárcena en atención a lo dispuesto por la Diputación. Su comité de expertos así lo exige para cumplir con la Ley de Memoria Histórica y, en consecuencia, que el pueblo siga percibiendo subvenciones de la Diputación.

La propuesta que se llevará al pleno consiste en eliminar ese nombre y dedicar la vía a la Familia Suárez-Bárcena. Sin embargo, tres de los cuatro hijos que aún viven se niegan. Carolina es la menor y hace de portavoz de estos. Considera que la calle es un reconocimiento a la trayectoria de su padre, por lo que no entiende que se extienda a toda la familia.

De esta manera, el Ayuntamiento da marcha atrás. Hace tres meses se negaron al cambio, pero tras una reunión con el presidente de la Diputación, Miguel Ángel Gallardo, el alcalde cedió el viernes. El motivo es no perder las subvenciones de la institución.

Desde el Ayuntamiento se pusieron en contacto con Carolina Suárez-Bárcena, que dice entender la postura municipal porque el pueblo no va a perder ese dinero. «La Diputación ha amenazado al Ayuntamiento y lógicamente el pueblo no puede perder el dinero. Pero que quede claro que lo que ha hecho el presidente de la Diputación es una coacción a mi pueblo por revanchismo puro».

Un informe del cronista oficial de la localidad desgrana la biografía de Arturo Suárez-Bárcena (1889-1973). En él se apunta a que era un funcionario, que había aprobado las oposiciones de judicatura en 1913 y que había sido nombrado juez por el rey Alfonso XIII.

Con estos mismos motivos el Ayuntamiento presentó alegaciones, que fueron rechazadas por los expertos elegidos por la institución. Le quitan la calle al entender que fue nombrado juez oficial de incautaciones en Madrid y Toledo para confiscar bienes que después servirían para financiar al régimen de Franco. Pero los hijos lo niegan. Estos argumentan, además, que fue nombrado para el tribunal de responsabilidades políticas en 1939, pero que no llegó a tomar posesión de la plaza.

Los hijos han pedido que les entreguen la placa de la calle y que intenten no romperla al retirarla. «Que no la tiren a la basura, que la quiero conservar».

Carolina no oculta su enfado. «Al cabo de 40 años esto es denigrante (...). Con la Memoria Histórica están resucitando los miedos y la confrontación».

 

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