Almendralejo registra 21 puestos de sandías y melones con licencia

Uno de los puestos de melones con licencia municipal. :: g. c./
Uno de los puestos de melones con licencia municipal. :: g. c.

La ciudad llegó a ser conocida por la venta de estos frutos y hoy se mantiene la tradición

GLORIA CASARES

«Esto es una tradición en Almendralejo. Es una costumbre de toda la vida lo de vender los melones en los puestos». Lo dice Santiago, un agricultor de toda la vida que este año, «por echar una mano a un amigo que se ha ido a Madrid», ha regresado al puesto de melones de siempre.

«Pero un puesto de melones no merece la pena. Además, ahora hay más que antes y encima algunos venden hasta melocotones». Y es que los 21 puestos que tienen licencia municipal para vender estas piezas en las calles de Almendralejo, sólo tienen permiso para despachar los dos productos típicos de Almendralejo y tomates. Pero algunos se exceden y hacen competencia a los puestos de los melones y sandías cultivados en las tierras de Almendralejo.

Ahora, asegura el agricultor, no trae cuenta esta actividad. «Antes, los propietarios te dejaban las tierras prestadas para que los jornaleros aprovecharan el verano para plantar algún melonar, normalmente para consumo propio», dice. Con el tiempo esos melones se fueron vendiendo en la antigua travesía de la carretera N-630 a los viajeros que pasaban por ella y la tarea servía de complemento para los jornaleros en los meses estivales, previos a la vendimia de septiembre y a la aceituna de octubre o noviembre.

Pero ahora hay mucha competencia y, además, las tierras tienes que alquilarlas y pagar «200 o 300 euros por fanega», añade Santiago.

Y entre otros inconvenientes, recuerda que la cosecha puede ser variable según el tiempo y también están los temidos robos «después de haber estado trabajando y cuidando la tierra», lamenta.

Sin embargo, esos cuantos puestos de melones y sandías mantienen viva la tradición en una ciudad que tiene fama por las 'melonas de Almendralejo', más dulces y suaves que un melón de sapo y con un sabor característico. Aunque dicen que el melón de toda la vida de Almendralejo es otro, es más grande y alargado que la 'melona', tiene un color amarillo más intenso y una piel algo más arrugada.

En cuanto a la sandía, Santiago tiene a la venta una de 60 kilos y relata que ha llegado a tener una de 69 kilos. Hace unos días vendió una de ese tamaño a un vecino de Madrid. «Les dije que estaba pasada y que no estaba para comer, pero me dijeron que ellos la querían para ponerla de adorno en el restaurante», cuenta este agricultor que mantiene la tradición de Almendralejo.

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