LA XYLELLA, CADA VEZ MÁS FASTIDIOSA

Esta virulenta bacteria aterrizó en Europa en 2013 y desde entonces ha supuesto un grave problema y un reto científico. Alcanzó España en 2016 y vino a quedarse. Los tratamiento se centran en aplicar productos fitosanitarios que combaten a los insectos vectores de la enfermedad. Los científicos ya han identificado a los depredadores naturales de este insecto, un importante avance que permitirá añadir la lucha biológica

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

Si hace poco hablábamos de la amenaza veterinaria de la Peste Porcina Africana con su espada de Damocles pendiendo sobre el sector del porcino, hoy toca hacer lo propio con el olivar, la vid, el almendro y diversas plantas ornamentales, entre otras. Tienen un riesgo real para su salud fitológica como consecuencia de la virulenta bacteria denominada Xylella, fastidiosa, que muta con rapidez y se recombina genéticamente, lo que complica mucho su erradicación.

Este microorganismo aterrizó en Europa en 2013 y desde entonces ha supuesto un grave problema y un reto científico, agrario y administrativo, en particular para los países del arco mediterráneo, donde se localiza la mayor masa olivarera del mundo, destinada tanto a producción de aceite como a aceituna de mesa. Lo que al principio no pasó de ser una alerta en los olivares italianos se ha ido poco a poco extendiendo entre diversas especies y alcanzó la península ibérica en 2016 con una clara intención de quedarse.

La pasada semana las autoridades belgas detectaron olivos ornamentales infectados con Xylella que provenían de viveros españoles. Toda la planta de dichos lotes ya ha sido destruida en destino, mientras que en origen las autoridades españolas inspeccionaron los viveros sin detectar ningún caso.

Además de la pérdida directa de los ejemplares afectados, la aplicación de estrictas medidas paliativas y preventivas condenan al arranque a las plantas incluidas en un radio de cien metros alrededor de cada ejemplar enfermo. Además, algunos Estados extracomunitarios ya han vetado la entrada de material vegetal proveniente de viveros españoles localizados en zonas afectadas.

Por otro lado, los tratamientos se centran en la aplicación de productos fitosanitaros que combaten a los insectos vectores de la enfermedad. En este sentido, la Universidad Complutense de Madrid junto con el Instituto Nacional de Investigación Agraria acaban de identificar a los depredadores naturales de este insecto transmisor. Un importante avance ya que permitirá añadir la lucha biológica al arsenal fitosanitario disponible para combatirla.

En el plano económico el mayor peligro se cierne sobre el olivar, no porque sea la planta con mayores riesgos de contagio desde una perspectiva sanitaria, sino porque la enorme extensión de este cultivo en buena parte de España aumenta la probabilidad de que esto suceda. Pero sobre todo, por el enorme daño que puede hacer a la economía de muchos territorios, dada la importancia del sector y el impacto que podría llegar a tener en el propio bolsillo del consumidor.

Sin embargo, y aunque todas las alertas deben seguir activadas, por el momento no debería cundir el pesimismo, ya que no se está produciendo una propagación acelerada de la enfermedad, a pesar de su alta capacidad de contagio y de los casos detectados. Poco a poco los fitopatólogos y otras ramas de las ciencia van acorralando a esta bacteria. También la coordinación administrativa entre los principales países afectados (Italia, España, Francia) y los servicios técnicos de la Comisión parapetan al sector.

En otro orden de cosas y sin salirnos del sector olivarero, continúan los aranceles estadounidenses a la exportación de aceituna española. Desde que se comenzaron a aplicar, la aceituna española ha pasado de representar el 50% de las importaciones de este producto en Estados Unidos al 22%, reduciendo en un 70% nuestras exportaciones. El daño al sector ya está hecho y también la pérdida de mercado. Ahora queda por ver qué decisiones tomarán las empresas españolas en relación a la reestructuración empresarial. En verano avisaron que estaban evitando adoptar medidas drásticas, como la reducción de plantilla, pero está por ver cuánto podrán aguantar sin acometerlas de forma generalizada.

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