La universalización del pescado

De acuerdo con el último informe anual de la Asociación Empresarial de Acuicultura de España, el volumen de producción proveniente de este tipo de cría alcanzó alrededor de las 348.400 toneladas, lo que supuso un valor de 473 millones de euros en 2018

JUAN QUINTANA

En la actualidad la producción de la acuicultura a nivel mundial es de casi 112 millones de toneladas, habiendo superado ya a los productos de la pesca, que se sitúan aproximadamente en 94 millones. De acuerdo con las estimaciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), la acuicultura seguirá creciendo de forma sustancial a nivel mundial. Este importante repunte se debe a muchos factores, pero sobre todo a la buena acogida de estos productos por los consumidores, que los perciben como alimentos de calidad, a precios más bajos que los provenientes de las pesca extractiva, y con menos riesgos sanitarios. La acuicultura, al igual que sucedió con la aparición de la ganadería, ha permitido universalizar y diversificar el consumo de pescado, además de abaratarlo.

Otro factor que cada vez toma más fuerza es su contribución a la reducción de impacto medioambiental, al compararlo, por ejemplo con la producción ganadera. Esta conciencia verde ha impulsado la creación de sellos como el ASC (Aquaculture Stewardship Council) que, sin embargo, puede implicar el encarecimiento del producto en un 25%, debido al uso de métodos más respetuosos con el medioambiente, aunque menos eficientes. En todo caso, parece que en este caso el factor ambiental predomina sobre el económico, entre otros motivos, porque determinados mensajes de emisiones de gases de efecto invernadero penalizan a las producciones ganaderas frente a la acuicultura. Es el caso de del óxido nitroso de origen humano que, según la FAO, es generado en un 65% por el sector ganadero, en particular por el estiércol. Hay que recordar que se trata de un gas con un potencial de calentamiento global mucho más elevado que el del CO2. También y de acuerdo con la misma fuente, la ganadería genera el 37% de la producción humana de metano, un gas también más dañino para el clima que el dióxido de carbono, aunque ambos, liberados en mucha menor cantidad.

De acuerdo con el último informe anual de la Asociación Empresarial de Acuicultura de España (Apromar), el volumen de producción proveniente de la acuicultura alcanzó en España alrededor de las 348.400 toneladas, lo que supuso un valor de 473 millones de euros en 2018. En realidad, el incremento de valor fue muy reducido, llegando solo al 1%, mientras que en volumen se incrementó hasta el 12%. Además, la producción acuícola es cada vez más diversa. Las principales especies producidas en España son el mejillón (273.600 toneladas), la lubina (22.460 toneladas), la trucha arco iris (18.856 toneladas) y la dorada (14.930 toneladas). Sin embargo, en Extremadura es una actividad casi inexistente, limitándose a algunas pocas toneladas de tenca.

Uno de los sectores que obtiene un beneficio directo del crecimiento de la acuicultura es el de los piensos. Según Apromar, en 2018 se consumieron en España 140.050 toneladas de pienso para acuicultura, lo que supuso un crecimiento del 8,4% con respecto a 2017, un dato superior al 6,3% de crecimiento que experimentó la producción total de piensos en nuestro país. De esta cantidad, algo más del 85% fue destinado a especies marinas y el 15% restante a las de agua dulce. Por otro lado, este crecimiento de los piensos acuícolas es mayor cada año, situándose por encima del 6,6% que experimentó en 2017. En todo caso, la producción de pienso para acuicultura todavía es una muy pequeña parte de los más de 37 millones de toneladas totales de pienso que se produjeron en España en 2018.

Estos datos muestran el gran potencial comercial que tiene la acuicultura para la industria de la alimentación animal. Esta estrecha relación del sector del pienso y la acuicultura se completa con el papel que juega en el aprovechamiento de los descartes de la pesca extractiva y la acuicultura, utilizados como materia prima para la obtención de piensos compuestos.