MÁS SOJA DE ESTADOS UNIDOS

En el último medio año España se ha convertido en el cuarto mejor cliente de Estados Unidos en la compra de soja, no solo para el consumo humano, sino principalmente para la fabricación de piensos para la ganadería. El 90 por ciento de la proteaginosa que produce el gigante americano es transgénica. Se mantiene, por tanto, la paradoja en la UE, que permite adquirir semillas modificadas genéticamente para el consumo, pero prohíbe cultivarlas

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

La obtención de proteína barata y de la forma más sostenible posible es uno de los grandes retos globales. Es necesaria, no solo para la alimentación humana, que en la actualidad se basa en proteína animal, sino también y sobre todo para la elaboración de piensos para la ganadería.

En este contexto, en los últimos seis meses España se ha posicionado como el cuarto mejor cliente de Estados Unidos en la compra de esta proteaginosa, adquiriendo en este país más del 75% de toda la soja que importamos. El motivo es el abaratamiento de los precios, lo que ha hecho que los industriales españoles miren hacia este mercado, hasta ahora poco accesible.

En concreto, España ha triplicado las importaciones de soja de Estados Unidos hasta rozar en el último semestre los 1,8 millones de toneladas, de acuerdo con los datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). Un dato que representa casi el 30% de las importaciones de soja a este país en el total de la Unión Europea (UE).

Para explicar este cambio en el mercado hay que enmarcarlo en la crisis política y económica entre China y Estados Unidos. Anteriormente China era el principal comprador en Estados Unidos, pero el bloqueo mutuo de sus mercados ha hecho que el gigante asiático haya reducido en más del 85% sus compras de soja al país norteamericano. En este contexto y con una reducción tan alta de la demanda el mercado se ha enfriado rápidamente y las cotizaciones de la soja han caído, hasta un nivel que ha abierto las puertas a los importadores españoles, entre otros.

En todo caso y para entender la enorme potencia consumidora de China, basta con subrayar que, a pesar de la importante reducción de sus compras, continúa siendo el principal destino de la soja estadounidense.

Por otro lado este país asiático genera más de la mitad del porcino mundial, además de otras producciones ganaderas, en creciente desarrollo.

A pesar de ser el cuarto productor de soja a nivel mundial, solo por detrás de Estados Unidos, Brasil y Argentina, necesita importar elevadas cantidades de proteína, en particular de soja, para poder alimentar a una enorme cabaña ganadera.

También es interesante destacar que más del 90% de la soja que se produce en Estados Unidos, pero también en Brasil y Argentina, es transgénica. Gracias a esta tecnología se ha podido obtener una materia prima que permite abaratar la cadena alimentaria de origen ganadero. Por ello y desde hace décadas la mayor parte de los alimentos de origen ganadero provienen de animales que consumen piensos con soja modificada genéticamente; algo que no debe preocupar a ningún consumidor ya que estas plantas son bioquímicamente similares a sus homólogas no transgénicas. Lo que sí es cierto, es que la paradoja transgénica en la Unión Europea ¡ sigue viva, permitiendo adquirir semillas transgénicas para consumo, pero prohibiendo a los agricultores cultivarlo, lo que genera una claro agravio comparativo.

Y si no que se lo digan a los agricultores rumanos, que antes de entrar en la UE eran grandes productores de soja, y en 2007 con su ingreso, tuvieron que sustituirla por otros cultivos mucho menos rentables. Pero también afecta y mucho en España, en particular a los algodoneros, remolacheros, cultivadores de soja, maíz, etc.

Y para terminar un breve apunte sobre la reducción de los robos en el campo, una lacra que ataca de forma recurrente a este sector, pero que poco a poco se va reduciendo gracias a los cuerpos de seguridad del Estado. A nivel nacional cayeron un 14% en 2018 con respecto al año anterior, registrándose 11.749 sustracciones; una cantidad sensiblemente inferior que en 2012, que se situó en 24.078 delitos.

En el caso de Extremadura han pasado de 1.160 a 1.013, una bajada del 12,7% representado todavía casi el 10% del total de toda España.