Sobre la rentabilidad de la dehesa

La miopía del funcionamiento del mercado de la dehesaque rentabiliza la inversión del propietario sin que seregenere a largo plazo su variedad biológica y sus sueloses un reto que corresponde solucionar al Gobierno

PABLO CAMPOS PALACÍNPremio Nacional de Economía y Medio Ambiente

En el texto digital de la presentación del III Congreso Ibérico de Dehesas y Montados se afirma que la dehesa sufre de «escasa rentabilidad económica». Esta afirmación carece de datos que la sustente por comparación con la rentabilidad de otras inversiones que justifique tan taxativa afirmación. La escasa información científica disponible es concluyente sobre la competitiva rentabilidad de la dehesa en periodos largos comparada con la rentabilidad de la deuda pública o la inversión en bolsa en activos de bajo riesgo. También es cierto que la renta de pastos herbáceos y ramones tiende a desaparecer, y la renta de la bellota aprovechada por los cerdos durante la montanera requiere un coste de infraestructuras y rozas de matorral que limita su expansión en las más de tres millones y medio de hectáreas de dehesas españolas.

La renta del corcho extraído representa un consumo de capital natural por la omisión de los costes de reemplazamiento de los alcornoques que mueren envejecidos, ya que de considerarse los costes de la regeneración del arbolado desaparecerían la renta sustentable del corcho a los precios de mercado actuales. La explotación del ganado y la cría de especies cinegéticas no ofrecen unas rentabilidades comerciales competitivas.

¿Dónde está la explicación a la aparente contradicción de mis afirmaciones previas? No hay misterio oculto y los nuevos comparadores de fincas de dehesas saben que pagan un precio por la compra de una dehesa que suele ser el doble del que justifica los beneficios de los productos comerciales. El comprador de una dehesa hoy generalmente busca satisfacer su demanda de disfrute (amenidades). En otras palabras, hoy los propietarios privados familiares se pagan a sí mismos el coste del autoconsumo de los servicios ambientales disfrutados en exclusiva en sus dehesas. También la administración pública sabe de este valor del autoconsumo del disfrute del propietario de la dehesa, y por ello en un proceso de compra o expropiación tiene legislado en la última ley del suelo que se puede pagar hasta un máximo de dos veces más por una dehesa que lo que vale por los beneficios de sus aprovechamientos comerciales, ya que la otra mitad de su precio reconoce el legislador que se debe al beneficio de las amenidades privadas del propietario.

Es también una realidad bien conocida y difundida en los medios de comunicación que la riqueza biológica del arbolado y los pastos de las dehesas sufren de destrucciones súbitas, envejecimientos y degradación productiva de sus aprovechamientos comerciales. La miopía del funcionamiento del mercado de la dehesa que rentabiliza la inversión del propietario principalmente a través del autoconsumo de amenidades, y sin que se regenere a largo plazo su variedad biológica y sus suelos es un reto que corresponde solucionar al Gobierno, como propietario colectivo en nombre de la sociedad actual y, principalmente de las generaciones venideras, de los bienes y servicios públicos de la dehesa.

Entre estos últimos se encuentran la conservación en buen estado ecológico del paisaje cultural y las variedades biológicas y culturales. En consecuencia, es la política del Gobierno quien ha de atender la conservación del paisaje cultural de la dehesa en sus aspectos no solo biofísicos, sino también de su patrimonio construido histórico y de los usos traiciónales a los que se les atribuye que son portadoras de valores legado reconocidos por la sociedad global.

En este caso, la referencia a la sociedad supera a los países ibéricos y debe incluir a los países miembros de la Unión Europea. A esta tarea de defensa de la conservación de la dehesa sirve el III Congreso Ibérico de Dehesas y Montados.

 

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