«Ni siquiera nos dan la opción de sobrevivir»

Fernández en su huerto, que cultiva para consumo propio. :: E.G.R./
Fernández en su huerto, que cultiva para consumo propio. :: E.G.R.

Este exagricultor y exganadero denuncia que se ha sentido maltratado por la Administración

E. G. R.

Tras toda una vida dedicada al sector, Pedro Fernández se ha visto obligado a dejar sus explotaciones agropecuarias.

-Toda una vida dedicada al sector agropecuario para, al final, acabar desencantado...

-Así es. Mis padres, mis abuelos, mis bisabuelos... toda la familia, que desciende de Aldeanueva de la Vera, han sido ganaderos. En principio yo estuve con el ganado hasta los 18 años, edad en la que me fui al ejército, pero a la vuelta ya me dediqué a los jornales.

-¿Por qué?

-Bueno, ya estaba saliendo con Guadalupe y decidí cambiar. Nos casamos en 1982 y ocho años después ya me puse por mi cuenta. Empecé con nueve hectáreas y una producción de unos 30.000 kilos de tabaco Virginia (rubio). También algo de pimiento, pero poco. Aunque también me gustaba el mundo de la agricultura finalmente decidí dejarlo, porque es un sector en el que también es difícil salir adelante. Aguanté hasta el año 2004, cuando compré las primeras cabras. Bueno... en realidad me las regaló mi mujer, una docena, en febrero. Y ya en julio compré una explotación caprina entera, con 170 animales, porque entonces en la ganadería veía más futuro que en la agricultura. Aunque por desgracia el resultado fue el mismo, ya que el precio de venta de los cabritos y la leche seguían siendo el mismo que años atrás, o incluso más barato, mientras que el pienso y el resto de productos necesarios para su cría eran cada vez más caros.

-No obstante consiguió que la explotación creciera...

-Llegué a tener 600, también en La Jara. Pero finalmente me vi obligado a dejarlo. Aguanté hasta 2017.

«Llegué a tener 600 cabras, también en la finca La Jara. Pero finalmente me vi obligado a dejarlo. Aguanté hasta el 2017»

-¿Por qué?

-Porque al final la Administración no te da facilidad alguna para trabajar, sino todo lo contrario. Me explico: hasta el año 2016 más o menos iba tirando con mi explotación. Pero en el primer saneamiento de tuberculosis me salieron 34 cabras y 22 machos positivos. Ya ves que sorpresa fue para mí, pues hasta ese momento había tenido todo tipo de inspecciones y todas las pasé sin ningún tipo de problema. Las sacrificaron y se las llevaron regaladas, porque no te pagan casi nada por ellos. Al año siguiente nos ponemos a hacer un nuevo saneamiento y empiezan a salir positivos. Me aconsejaron que pidiese el vacío sanitario (que fuerza el sacrificio de todo el ganado) pero fue un engaño, se portaron como verdaderos ladrones. Se llevaron alrededor de 500 cabras, pero me decomisaron 85, de las que no cobré ni un duro, porque decían que no eran aptas para el consumo humano. Al final por todo me pagaron 36.000 euros, prácticamente la mitad de lo que me había costado todo, así que la realidad es que perdí otros 36.000.

-Pero... ¿Por qué solicitó entonces el vacío sanitario?

-Pues porque estaba viendo que al final, de un modo u otro, me las iban a matar todas. Y también por salud, porque es que en esta casa ya vivíamos en tensión continua. Cada vez que se acercaba un saneamiento no podíamos ni dormir.

«¿Por qué no podemos hacer nuestras pruebas de tuberculosis para contrastar los resultados?»

-Además comenta que no le dieron ninguna opción más.

-Así es. He quedado muy disconforme. Cuando me salieron tantos positivos pedí a la Junta de Extremadura hacer una prueba por mi cuenta pero con otro veterinario, con los propios veterinarios de la Junta presentes, pero no me dejaron. Dijeron que eso lo podía hacer a los tres meses, y ya me dirás para que quiero hacer la prueba a los tres meses, después de que las cabras ya me las habían matado. Esto es un ordeno y mando. ¿Por qué no podemos hacer nuestras pruebas para contrastar los resultados? Vamos, a estas alturas yo no me creo que todas mis cabras estuviesen enfermas, cuando hasta entonces no habíamos tenido ningún problema. Desde la Administración, tanto al agricultor como al ganadero, se nos maltrata. Ni siquiera nos dan la opción de sobrevivir. ¿Es que nosotros no tenemos derecho a trabajar y a vivir?