De residuo alimentario a subproducto para piensos

La Economía Circular trata de convertir los desechos de la industria alimentaria en materia prima secundaria de la agronadera

JUAN QUINTANA

La llamada Economía Circular persigue una disminución sustancial de los residuos y una mejora en su gestión. Para ello, la regla de las tres erres es clave: primero reducir todo lo posible los residuos, en segundo lugar hay que intentar reutilizar el generado y, para terminar, reciclar el resto.

El desperdicio alimentario no es la mayor preocupación a nivel medioambiental en el campo de los residuos, pero tiene otras connotaciones sociales que lo convierten en un problema relevante para la Unión Europea. El Parlamento Europeo planteó hace poco menos de un año el objetivo de rebajarlo un 30% en 2020 y el 50% en 2030. Hay que tener en cuenta que en España se producen más de 7,7 millones de toneladas de residuos alimentarios, lo que nos convierte en el séptimo mayor generador a nivel europeo.

De acuerdo con la información publicada por el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama), alrededor del 42% del desperdicio alimentario es doméstico, seguido del 39% en la industria y el 14% en restauración, siendo el resto imputable a la distribución y al sector primario. En el caso de la industria, el valor es significativo y se debe, entre otros motivos, a la necesidad comercial y operacional de homogeneizar los productos, eliminando de la cadena todo aquello que no responda a unos adecuados estándares de calidad, aspecto, tamaño y forma.

Por sectores, y de acuerdo con el estudio Pérdidas y desperdicio alimentario en la industria agroalimentaria española elaborado por el mismo Ministerio, es el sector de la panadería y bollería el que más desperdicio genera, con un 22%, acompañado de otros contribuyentes netos, como el sector del azúcar, el de transformación de frutas y hortalizas, industria harinera, etc. En el extremo opuesto se encuentra el aceite, donde no se produce desperdicio, o el lácteo y el del pescado, en que solo asciende al 0,2% y el 1% respectivamente. Muchos de estos residuos ya son aprovechados de forma eficiente por la industria del pienso; es el caso de los coproductos industria láctea, galletería, panadería pastelería, etc.

En este sentido, el Mapama publicó a finales de febrero una nueva orden ministerial, por tanto de limitada relevancia jurídica, sobre subproductos de la industria alimentaria que facilita, de forma regulada, que éstos sirvan de materia prima secundaria a la potente industria elaboradora de piensos. Esta orden no va traer grandes consecuencias prácticas, pero refuerza el compromiso con la economía circular.

Su principal aportación es que aclara el marco legislativo aplicable para que los subproductos que cumplan los criterios de seguridad alimentaria se puedan utilizar en el sector de alimentación animal. Aquellos sobrantes que ya no tienen aprovechamiento, al no cumplir las normas de seguridad alimentaria, son considerados residuos y deben ser transformados o eliminados. Por ello es la propia industria alimentaria quien debe decidir si un subproducto cumple las normas de seguridad o no, y si, por tanto, se mantiene en la cadena alimentaria vía pienso, o se gestiona como residuo.

Esta Orden incorpora varias cuestiones. Por un lado la directiva comunitaria de nuevos alimentos, que nunca se ha llegado a desarrollar en España. En segundo lugar la estrategia europea para paliar el déficit de proteína, utilizando mejor las fuentes tradicionales y desarrollando otras nuevas. En este sentido las algas y microalgas no han dado una solución eficiente, no así los insectos y lombrices, cuya explotación cada vez toma más fuerza.

En todo caso, España es el segundo productor europeo de piensos, con alrededor de 34 millones de toneladas, y la industria del pienso ya tiene una estrecha relación con la industria alimentaria como proveedora regular de abundante materia prima.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos