QUIERO AGUA MINERAL

Aunque el 98,5% de los europeos tiene acceso al agua potable de calidad, la embotellada es un producto diferenciado con propiedades saludables que solo tiene el pero del plástico de su envase

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

Según los análisis realizados por la Agencia Europa de Medio Ambiente entre 2011 y 2013, el 98,5% de los europeos tienen acceso a agua potable de calidad.

El agua mineral natural se obtiene de manantiales subterráneos protegidos de contaminantes, por lo que no necesitan ningún tratamiento, algo que sí hay que hacer con el agua de grifo. Es decir, se envasa tal como se encuentra en la naturaleza.

Existen diferentes tipos de agua envasada de acuerdo con la legislación vigente que las regula ex profeso. Por un lado, las aguas minerales naturales ya mencionadas, que representan el 95% del agua total envasada en España. En segundo lugar, las aguas de manantial, que afloran a la superficie o se extraen por diferentes mecanismos y que suponen el 2%. A este pequeño porcentaje sí se le somete a procesos de separación de elementos, por procedimiento físicos. Solo al 3% restante, correspondiente a aguas preparadas, reciben tratamientos químicos para poder cumplir con los requisitos sanitarios. Este es el único caso de agua embotellada que se puede asemejar al agua de grifo. El 97% restante es un producto diferenciado, con propiedades saludables, sales minerales y oligoelementos que no tiene el agua de grifo.

Por tanto, hay que entender que el agua embotellada y el agua de grifo son productos diferentes, de la misma manera que una naranja recién cosechada es diferente que un zumo de naranja tratado.

Para embotellar agua mineral es necesario crear zonas de máxima protección que garanticen el estado puro de este producto. Por ello, los territorios de donde se obtiene el agua están sometidos a estrictas medidas de control medioambiental. Además, el agua mineral embotellada solo representa el 0,03% del agua subterránea de nuestro país, por lo que no supone ninguna explotación abusiva de nuestros recursos.

En los últimos años se ha abierto un debate social y político cada vez más intenso que promueve el consumo de agua de grifo en sustitución del agua embotellada. La propuesta de directiva europea sobre el agua potable regula la mejora en los estándares de calidad del agua destinada al consumo humano, con el objetivo de aumentar la seguridad y confianza del consumidor. Sin embargo, el Parlamento Europeo ha dado un paso más recomendando el consumo de agua de grifo en los restaurantes.

El origen de este movimiento antiagua embotellada son los residuos plásticos. Es cierto que las recurrentes imágenes de basura plástica en tierra y en mar son demoledoras y que el daño que éstas producen es sustancial. En cualquier caso son un problema que trasciende al envase de agua, e incluso a los envases plásticos en general, siendo solo una pequeña de la fracción de este residuo. Pero sobre todo, ya existen modelos de gestión que funcionan en la Unión Europea, en particular en España, que pueden y deben dar una solución definitiva a los residuos de envases en Europa. No es otra que la separación, depósito y reciclaje del plástico a través del Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor para envases ligeros gestionado por Ecoembes, lo que para el ciudadano se traduce en depositar los envases en el contenedor amarillo.

¿Tiene sentido dificultar el acceso a un producto saludable, natural y de alta calidad como es el agua mineral embotellada? Lo más racional es forzar a que los ciudadanos y los propios restaurantes actúen según marca la ley y mantengan estos envases en el canal del reciclaje y que los propios sistemas de gestión continúen mejorando su eficiencia. La solución existe, es viable y genera riqueza. Con la cautela que requiere cualquier comparación, ¿entendería el ciudadano que se le dificultara el acceso alimentos ecológicos?

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