«Todos los precios suben, menos el del tabaco»

Oliver Pérez durante su jornada laboral. :: E.G.R./
Oliver Pérez durante su jornada laboral. :: E.G.R.

Como la inmensa mayoría de los hijos de agricultores, Oliver Pérez se crió en el campo

ELOY GARCÍA TALAYUELA.

«Crecí en el surco», manifiesta, como coloquialmente se suele decir. Actualmente trabaja para una empresa de fitosanitarios y ferretería agrícola, por lo que su contacto con el sector agropecuario sigue siendo continuo.

-¿Cómo comenzó su contacto con el campo?

-Pues desde siempre. Nací en Talavera de la Reina (Toledo) y me crié en la finca 'El Robledo', de Losar de la Vera, donde mis padres tenían una explotación agrícola.

«Desde los 14 o 15 años salías al campo y ayudabas en lo que podías, hacías de todo»

-¿Qué cultivaban?

-Empezaron con tabaco negro (variedad Burley) y después rubio (Virginia), del que llegamos a producir unos 20.000 kilos anuales, con un total de ocho hectáreas.

-Ha dicho 'llegamos a producir', pero la explotación era de sus padres...

-Sí, pero es que antes era todo diferente. Vivías con tus padres y siempre estabas con ellos, aunque tuviesen que salir al campo a trabajar. Tú ibas detrás y enseguida comenzabas a ayudar en lo que podías. Yo, por ejemplo, ya estaba echando una mano con 14 o 15 años. Desde entonces se ayudaba en lo que se podía y hacías de todo, desde regar, cortar las flores del tabaco, repelar, hacer de mecánico... prácticamente de todo.

-¿A qué se dedica en la actualidad?

-Trabajo en la empresa Fitosanitarios Ramírez, que comercializa productos para el campo. Además de fitosanitarios tiene una ferretería agrícola, y también fabricamos y reparamos aperos. Igual estoy en el almacén, transportando cosas o en la cerrajería, soldando aperos, entre otros. Aquí también hago un poco de todo.

-¿Cuándo empezó con esta nueva ocupación y dejó el cultivo del tabaco?

-Realmente no lo he dejado nunca, porque aquí trabajo seis meses al año, durante la campaña. Empecé en el año 2003, compaginándolo con la plantación de mis padres.

«Si cultivar tabaco fuera rentable no me habría importado seguir, porque me gusta»

-Comenta que le gusta mucho el campo, sin embargo no ha continuado con la explotación familiar. ¿Por qué?

-Mis padres dejaron ya de cultivar tabaco, por lo que podría haber seguido trabajando yo allí. Pero mi padre me dijo «para que nos arruinemos dos... mejor me arruino yo solo» [ríe]. Es que actualmente no es rentable. Antes era diferente, entre otras cosas porque había menos gastos de producción, todo costaba menos y la mano de obra también era más barata. Además trabajaba toda la familia en la explotación y en campaña hacíamos lo que llamábamos 'tornapeón', esto es, ir a trabajar con la familia de la finca de al lado para que luego ellos vinieses a la tuya. Y así se hacían muchas campañas, con costes mucho más reducidos.

-¿Por qué?

-Porque los precios de todos los insumos han subido, y siguen subiendo, pero no el precio al que vendemos el tabaco. Tanto el gasóleo como la maquinaria, los productos... todo ha subido de precio, y mucho. Sin embargo el tabaco se sigue pagando igual, o incluso menos. La verdad es que si fuera rentable no me habría importado seguir, porque es lo que he hecho siempre y me gusta.

-Pero hay muchos agricultores que aún siguen plantando tabaco.

-Sí, pero creo que pueden seguir gracias a las subvenciones, porque del tabaco en sí se saca poco.

-¿Se imagina como sería esta zona sin el cultivo del tabaco?

-No, tendríamos que emigrar todos, porque al final todos dependemos de la agricultura.

-También están probando con otros cultivos alternativos.

-Así es. Ahora están plantando muchos campos de almendros y pistachos, entre otros. Parece ser que es rentable, al menos de momento, pero creo que aún es pronto. Habrá que ir viendo si finalmente funciona o no. Ya se verá.