«Prácticamente nací bajo una tabaquera»

Martín en la finca de su padre, que usa como recreo. :: M. B./
Martín en la finca de su padre, que usa como recreo. :: M. B.

Este exagricultor considera que en La Vera todavía no hay cultivo alternativo al tabaco

ELOY GARCÍA

Roberto Martín, antiguo agricultor losareño y ahora empleado de una cooperativa agropecuaria, recuerda como ha evolucionado el cultivo del tabaco y la zona.

-¿Cómo comenzó su contacto con el campo?

-Desde siempre, prácticamente nací bajo una tabaquera. Tanto mi vida como la de mi familia han girado siempre en torno a la agricultura. Incluso mis abuelos paternos ponían tabaco, así que imagínate [ríe].

«Hay gente mayor que mantiene la producción por sus hijos, ahora empleados en otros sitios, por si lo necesitaran»

«Tenemos todo en esta zona: agua, un buen microclima,... pero parcelas pequeñas. Con diez hectáreas de maíz no va a vivir una familia»

-Imaginamos que aquellas plantaciones poco tendrían que ver con las actuales...

-Nada. Por aquellos tiempos mi abuelo cultivaba una hectárea, y eran un total de ocho hermanos. Ponían tabaco y pimiento, además de ir a trabajar al jornal en lo que saliese, porque aquello era poco para toda la familia.

-Nada que ver con la de sus padres...

-Nada. Nosotros llegamos a producir unos 25.000 kilos de tabaco en un total de siete hectáreas. Recuerdo que primero cultivaban tabaco negro (burley) y que después lo alternaron con el rubio (virginia), para finalmente cultivar solo el rubio. Antes podías producir el tabaco que quisieses, pero luego llegó lo de las cuotas, que te limitaban la producción, así que teníamos suficiente con seis hectáreas para poner lo que nos quedó. En la hectárea restante empezamos a plantar tomates. Fuimos de los primeros que lo hicimos en la finca El Robledo. Entonces si era rentable, pero luego empezaron a poner mucho por la zona de Miajadas y Don Benito y ya no lo fue tanto.

-¿Con qué edad comenzó a ayudar en el campo?

-Con 14 ya salía a clavar púas, a dar tabaco en los locales,... Luego también iba al jornal, etcétera. Se hacía un poco de todo. Seguí trabajando con mi padre hasta que con 25 años me casé. Entonces ya se hablaba mucho de que el tabaco iba a desaparecer y mi padre me aconsejó que me buscara otra cosa. Así que a los pocos meses de casarme, en febrero de 1999 empecé a trabajar en la cooperativa Coolosar.

-No obstante a usted le gustaba y le sigue gustando el campo...

-Sí, así es. Mi contacto con los agricultores sigue siendo directo y continuo por mi puesto de trabajo en la cooperativa, donde la mayoría de socios son tabaqueros. Además mi padre se acogió al desacople y la finca donde me crié, que sigue siendo suya, la tengo de recreo. Suelo bajar a menudo para mantenerla, pues mi padre ya no puede. Allí tengo unos perros, gallinas,... de vez en cuando hacemos barbacoa y pasamos alguna noche en la casa, son muchos recuerdos los que hay allí.

-Los agricultores que pasan por Coolosar... ¿que opinan de estos tiempos del tabaco?

-Hay de todo. Muchos de los que no tienen herederos para que sigan con la explotación se desacoplan para cobrar las ayudas todos los años, pues es un ingreso seguro, mientras que si lo cultivan van a ganar casi lo mismo pero expuestos a que pase algo o tengan averías y que las ganancias no sean las mismas. Otros siguen, pues son jóvenes y les gusta, como varios de mis amigos. También hay gente mayor que intenta mantener la producción por sus hijos aunque ahora estén empleados en otros sitios, por si necesitaran en un futuro volver al cultivo del tabaco.

-¿Se imagina un futuro sin tabaco en la comarca?

-Como no se ponga tabaco o pimiento... me parece a mí que productos alternativos no hay, porque en esta zona todo son parcelas pequeñas, de una media de diez hectáreas. Tenemos todo en esta zona, es rica en agua, un buen microclima,... pero parcelas pequeñas. Con diez hectáreas de maíz o avena no va a vivir una familia, necesitarías una extensión de por ejemplo 500 hectáreas o más, como ocurre en Castilla. No obstante ahora se están poniendo bastantes parcelas de pistachos y almendras, porque tienen buen precio de venta. Incluso una gran empresa de turrones ha comprado fincas en Valdeíñigos para producir almendras.

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