La peste porcina ya no queda tan lejos

Ganaderos y veterinarios coinciden en que no hay motivos para la alarma, pero sí para una precaución que evite el desastre de los años noventa

Un cerdo ibérico pasta en una dehesa./
Un cerdo ibérico pasta en una dehesa.
Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

La peste porcina africana (PPA) llama a las puertas. Inofensiva para el hombre, cuando infecta a un cerdo es letal en el 90 por ciento de los casos. Los animales mueren con los pulmones encharcados por una hemorragia interna.

El brote actual empezó en los países del Cáucaso, atravesó Rusia, entró en Ucrania y pasó después a Bielorrusia y Lituania. Siguió extendiéndose por Polonia y Estonia, donde se han tenido que sacrificar miles de cochinos.

Pero las alarmas saltaron con nueve jabalíes salvajes encontrados muertos en la región de Etalle -sur de Bélgica-, según confirmó hace pocos días en rueda de prensa la portavoz comunitaria de Salud Alimentaria, Anca Paduraru.

Paso firme para una epidemia global -también afecta a China y África- que ha devuelto a ganaderos e industriales de la región a la pesadilla de los años noventa.

Aunque se trata de la misma enfermedad, hay diferencias que permiten no caer en el pesimismo. No es lo mismo enfrentarse a un virus que entra por Lisboa que a uno que lo hace por el Cáucaso. Las zahúrdas de tierra y paredes viejas de entonces tampoco se parecen en nada a los comederos construidos según las exigencias biosanitarias actuales. El sector está más profesionalizado.

José Marín es el presidente del Colegio de Veterinarios de Badajoz y uno de los integrantes del equipo que consiguió erradicar la PPA en Extremadura en el año 1995. «Las sufrimos durante más de treinta años. En Extremadura fue particularmente virulenta». Esta voracidad, aclara, se debió al modelo extensivo, más expuesto que el de cebadero.

El primer trabajo de Marín como veterinario fue precisamente el diagnóstico de la PPA en el departamento de virología del laboratorio regional de sanidad animal.

En esta crisis hubo, a su juicio, tres factores determinantes. Por un lado destaca el compromiso de los equipos veterinarios. Tanto los de campo como los de laboratorio. También ayudaron las técnicas avanzadas de diagnóstico y, lo que a su juicio resultó más determinante, se mejoraron las condiciones y las infraestructura de las explotaciones.

La PPA, recuerda el presidente Marín, además de transmitirse por contacto con las secreciones o por comer vísceras infectadas, también se traspasa por un insecto vector, una especie de garrapata blanda conocida como el chinchorro. Con el paso del tiempo, el chinchorro ha demostrado una gran capacidad de supervivencia.

En los años noventa, cuando se diagnosticaba un punto crítico, se sacrificaban todos los animales y no se reintroducían en la pocilga hasta los seis meses o el año. El chinchorro, sin embargo, sobrevivía todo este tiempo. Los equipos de control comprobaron que en cuanto volvían las nuevas crías tras la cuarentena enfermaban y morían. En el laboratorio donde trabajaba Marín estudiaron a la garrapata y algunos ejemplares aguantaban más de un año sin alimento alguno.

Aquellas pocilgas de paredes antiguas, llenas de humedad y con oquedades en las piedras era el ecosistema más favorable para el insecto. Ahora hay un informe técnico de cada explotación que se abre en la que se tiene en cuenta el control de los patógenos.

Aunque hay diferencias, Marín advierte sobre una amenaza de entonces muy peligrosa también en la crisis actual: los jabalíes. En los noventa propagaron el virus y no había la superpoblación actual, por lo que su papel ahora resulta aún más comprometido. Pueden andar muchos kilómetros y atravesar fronteras. El rol de agente infeccioso compromete la erradicación de la tuberculosis bovina, según explica el presidente de los veterinarios. De ahí que el miedo generalizado en Europa a los jabalíes de los países afectados. Cuanto más se extienda entre esta especie más complicado resultará eliminarla.

Por su experiencia con este virus y viendo las condicionantes actuales, Marín cree necesario reforzar la bioseguridad de las granjas y los análisis sobre los cerdos que se crían en el campo, más proclives al contacto con la fauna salvaje.

Sin vacuna ni tratamiento efectivo comprobado, la única alternativa pasa por la erradicación a base de cerrar fronteras y de impedir la exportación. «Todo lo que se haga preventivo bienvenido sea».

Desde la consejería de Agricultura llaman a la cautela. Consideran que la situación actual en Extremadura es de riesgo bajo de contagio y que mantienen una vigilancia activa. Ahora toca seguir de cerca la progresión en el norte de Europa y analizar si las medidas allí frenan la expansión.

El mismo diagnóstico hacen desde el Ministerio de Agricultura. El ministro Planas recomendó en la Feria de Zafra serenidad y vigilancia. Recordó además que ya se ha aceptado la propuesta española de prohibir el envío de jabalíes silvestres entre países de la Unión Europea. Las exigencias españolas en medidas de protección se tienen en cuenta porque España es el cuarto productor porcino del mundo, por detrás de Estados Unidos, China y Alemania.

Más preocupados se muestran los ganaderos extremeños. Elena Diéguez es directora técnica de la Asociación Española de Criadores de Cerdo Ibérico (Aeceriber), una plataforma con mucho peso en la región. «Estamos muy pendientes de la evolución y debemos ser muy exigentes con el control de los jabalíes, que son el principal peligro porque no están controlados».

Pone el acento también sobre los controles a los transportes de mercancías que lleguen desde zonas infectadas o de los cazadores españoles que acuden a monterías en países con focos declarados. Les pide que eviten traer trofeos o que se limpien bien las botas y la ropa antes de volver a España.

Aunque cada uno mira por las consecuencias en su territorio, la PPA ha adquirido en los últimos años dimensión de problema global. El freno al contagio requiere, por tanto, de la cooperación internacional. En la anterior crisis, por ejemplo, fue clave contar con sistemas de diagnósticos rápidos y avanzados que surgieron de la colaboración entre España y Estados Unidos.

Cleto Sánchez Vellisco formó parte del Cuerpo Nacional de Veterinarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Conoció de cerca el dispositivo, los esfuerzos y los avances hasta conseguir la erradicación en 1995. Toda esta experiencia la plasmó en un libro del Cuerpo. Sánchez Vellisco se remonta al acuerdo con Estados Unidos para la instalación de las bases militares. Entre los requisitos, España reclamó material para apoyar los trabajos de investigación sobre la PPA.

Científicos norteamericanos de laboratorios especializados en enfermedades exóticas colaboraron con el equipo español para que pudieran aplicar técnicas virológicas más complejas. Con este paso, en España empezaron a distinguir en los análisis de sangre entre la peste porcina africana y la peste clásica.

En esta distinción se conoció el papel que jugaban los insectos vectores como el chichorro en la propagación. Incluso colaboraron con Estados Unidos para dar con una vacuna en 1996.

El equipo del profesor Sánchez Botija inició en algunas explotaciones del sur de Badajoz un programa experimental de vacunaciones. En un principio, según Sánchez Vellisco, los resultados fueron alentadores. Consiguieron la inmunidad contra la infección, pero pronto aparecieron efectos secundarios letales y mortales contra los vacunados.

Aquella experiencia sirvió para que los virólogos que trabajaban en la PPA se resignaran y asumieran que tenían enfrente un mal imposible de atajar por la vacunación.

VALLA EN DINAMARCA Y CAZA EN ALEMANIA

Los países cercanos a la epidemia tratan de protegerse. En Dinamarca, por ejemplo, el gobierno impulsó una obra polémica. Espera tener listo a principios de año la valla de separación con Alemania. De 1,5 metros de altura, se extenderá a lo largo de 70 kilómetros y la construcción costará unos 11 millones de euros. Algunas agrupaciones ecologistas lo han criticado porque no lo ven efectivo y sospechan que perjudicará a otras especies. Las exportaciones de cerdo mueven 4,4 millones de euros al año en Dinamarca y quieren proteger su industria. También han decidido incrementar las sanciones a los que importen comida sin control sanitario y a los camioneros que no limpien los vehículos de transporte animal de forma adecuada.

En Alemania quieren acabar con los animales infectados. Las autoridades alemanas ofrecen recompensas para animar a cazar jabalíes que luego son testados en busca del virus que se contagia. Hay quien pide ya que se pueda cazar durante todo el año.

En Rumania, los sacrificios son ya más de 300.000 y se enfrentan a más de 800 brotes detectados en el sureste del país.

Otra diferencia clave entre la crisis actual y la anterior tiene que ver con la responsabilidad de los ganaderos. Desde Aeceriber, Elena Diéguez, destaca la profesionalización y la responsabilidad de los porcicultores con la alimentación y el seguimiento veterinario de sus animales.

El panorama que describe, en cambio Cleto Sánchez Vellisco de su época, resulta muy diferente. Habla de un clima de fatalismo generalizado o de que la mayoría se había acostumbrado a convivir con la enfermedad. Lo habitual era ocultar los focos porque la 'moruna' traía de cabeza a los responsables de sanidad que trabajaban en zonas donde se criaba en extensivo. Muchos recuerdan todavía las grandes piras de animales enfermos sacrificados en las fincas de la comarca de Zafra. En esta particular memoria, desde el Cuerpo Nacional de Veterinarios, recuerdan la ingrata labor de los equipos de campo. Se formaron sesenta grupos.

En un Seat Panda se movían un conductor, un veterinario y un auxiliar buscando explotaciones porcinas. Pueblo por pueblo y granja por granja. Se encontraban con la lógica resistencia de los ganaderos. Entre el anecdotario permanece desde los que querían que se rellenaran las muestras para cincuenta con las de un solo reproductor o los que pedían que se llevaran sangre de los pollos. Todo cambio a partir de la adecuación de las indemnizaciones a las fluctuaciones del mercado. Si el cerdo subía en la lonja, también se pagaba más por el sacrificado. Desde entonces, los ganaderos fueron más receptivos y dejaron de ocultar los focos. Si algo quedó claro entonces es que en el virus se erradica a base de dinero. España empezó a enderezar la situación gracias a los diez millones de ecus que la CEE puso entonces. A un candidato al club europeo, recuerda Sánchez Vellisco, convenía ayudarle.

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