Los pequeños agricultores recurren a las empresas de servicios para recolectar

Los equipos para las campañas pueden costar más de 300.000 euros

A. G.

Las cosechadoras superan los trescientos mil euros. Solo los grandes productores tienen músculo financiero para afrontar una inversión de este calibre y amortizarla en cuatro o cinco campañas. Entre los pequeños, la opción más habitual pasa por contratar a tractoristas y empresas de servicios con maquinaria para los diez o quince días de recolección.

Los maquinistas profesionales ven ahora en riesgo su rentabilidad por los repostajes de los tres minutos. Cobran por hora y su margen de beneficio radica en conseguir precios competitivos del gasóleo B. Si las cooperativas cierran sus surtidores tendrán que acudir al mercado convencional.

Un paso intermedio a externalizar es la copropiedad. A un tomatero de diez hectáreas no le interesa invertir en una máquina, pero si compartirla con otros cuatro o cinco que lleven una explotación similar.

El debate sobre las gasolineras demuestra también la dependencia energética del campo.

En los foros profesionales se habla con insistencia de la agricultura de precisión o de 4.0. Juan Francisco Blanco, de cooperativas extremeñas, ha notado un cierto repunte de las aplicaciones tecnológicas. Cada vez se utilizan más sensores de medición, drones o datos vía satélite para calcular con detalle los productos fitosanitarios, la distribución de las semillas o estudiar el suelo. «En agricultura hemos empezado el camino recientemente y pronto se verán los resultados», afirma.

El cultivo de tomate y maíz en las Vegas Altas del Guadiana, argumenta Blanco, es el más desarrollado del mundo y los productores son los primeros interesados en aplicar los nuevos modelo. Como ejemplo cita las instalaciones de fotovoltaica para los regadíos o para el olivar superintensivo.

También esperan la irrupción en el mercado de tractores y maquinaria con motores eléctricos o híbridos. «La industria de la automoción ha empezado con los turismos, ahora están desarrollando camiones y este salto llegará también al campo. A nadie le interesa más el salto a las energías renovables que a los agricultores».

La dependencia energética de la agricultura no viene solo por los carburantes, el precio de la electricidad lastra algunos proyectos de regadíos o la inversión en grandes instalaciones ganaderas.