«El moho azul obligó a mucha gente a emigrar»

Díaz muestra hojas de tabaco masticable que aun conserva. :: E. G. R./
Díaz muestra hojas de tabaco masticable que aun conserva. :: E. G. R.

Este jarandillano ha pasado toda la vida dedicada al cultivo del tabaco en la Vega del Cincho, donde continuó con la tradición familiar

CORRESPONSAL

Fueron sus abuelos los que comenzaron a sembrar tabaco, que al principio compaginaban con otros cultivos, como cacahuetes, algodón y pimiento. De aquello hace ya cerca de 60 años, tomando Díaz el testigo, que actualmente está jubilado.

-¿Dónde comenzó a producir tabaco?

-En la Vega del Cincho, que es donde lo tenían mis abuelos. Prácticamente lo heredé de mi abuelo pues por desgracia mi padre falleció muy pronto, siendo joven aún.

-Afirma que su abuelo fue de los primeros en iniciar este tipo de cultivos...

-Así es. Lino Cañadas se llamaba. Fue de los primeros de toda la comarca de La Vera.

«Antes se hacía todo manual, comenzábamos a hacer los semilleros en febrero, y en ellos trabajando hasta mayo»

-¿Qué recuerda de aquellos inicios?

-En aquel tiempo todo lo que se cultivaba era Burley (popularmente conocido como negro). Allá por el año 1955, la gente empezó a tener problemas con el moho azul, una epidemia que se extendió y que durante varios años causó graves daños a las cosechas, más o menos hasta el 1960, en que desarrollaron un remedio y se pudo prevenir. Mucha gente se vio obligada a emigrar durante ese tiempo en que esta enfermedad del tabaco no tenía cura, pues se perdía hasta el 90% de la plantación.

-¿Y las labores del campo?

-Antes se hacía todo manual, no había la mecanización que hay ahora. Comenzábamos a hacer los semilleros en febrero, y en ellos trabajando hasta mayo, que se empezaba a trasplantar ya el tabaco a las parcelas donde debía crecer. Lo hacíamos en eras, al aire libre, sin invernaderos, ni protección ni nada. En aquellos tiempos una familia podía vivir con tres o cuatro hectáreas, compaginando el tabaco con algo de pimiento o algodón. Sin embargo ahora todo es diferente. Entre una o dos familias pueden alcanzar la misma producción para la que antes hacían falta 15 o 20.

-¿Por qué?

-Por un lado porque ya están todas labores mecanizadas y con el mismo esfuerzo puedes trabajar más superficie, pero por otro porque es una necesidad, ya que los precios que se pagan son casi menores, así que tienes que trabajar muchas más hectáreas para que te sea rentable.

-Usted comenzó con Burley... ¿Y después?

-De ahí pasamos al procesable, con lo que hubo que modificar los locales de secado, después puse tabaco masticable y finalmente Virginia (tabaco rubio). Comencé con tres hectáreas, para mi madre, mis dos hermanas y yo, produciendo unos 9.000 kilos. Con el tiempo llegué a cerca de 50.000 en un total de 10 hectáreas, pero tenía a otras dos familias trabajando conmigo. No obstante al final, ya antes de retirarme, cultivaba solo cinco hectáreas, de las que sacaba unos 20.000 kilos.

«Los jóvenes van dejando el cultivo de tabaco porque no es rentable, se sigue cobrando como hace 20 años»

-¿Nadie de la familia ha querido seguir con la tradición familiar?

-No, tengo una hija y un hijo. Ambos estudiaron ingeniería agrónoma, trabajando ella de profesora y el en la Junta, así que la finca la tengo alquilada.

-Pero a usted le sigue gustando el campo...

-Claro, por eso ahora sigo yendo a diario. A dar una vuelta a mi parcela, a mis vides, hago vino,... No hay día que no vaya a dar una vuelta.

-¿Imagina esta zona sin cultivo de tabaco?

-Es complicado, pero lo cierto es que los jóvenes lo van dejando porque no es rentable, se sigue cobrando como hace 20 años.

-¿Y probar con un cultivo alternativo?

-No sé, no creo que la haya. Desde la cooperativa se ha probado con maíz dulce, con invernaderos de flores,... incluso con caracoles. Pero aquí estamos acostumbrados al tabaco, que es lo que ha habido siempre, así que a la gente la cuesta cambiar y adaptarse a otros cultivos.

 

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