HACIA UN MAYOR CONSUMO DE CORDERO Y UN MEJOR DIMENSIONAMIENTO

Uno de los principales problemas es el exceso de animales cebados para la exportación, por encima de los que hay capacidad de comercializar. Esta situación ha generado un exceso de stocks, que ha lastrado al mercado español y ha presionado los precios a la baja

JUAN QUINTANA

En los últimos años se han catalizado movimientos sociales que han atacado duramente al sector cárnico. En concreto se han abierto tres frentes: el medio ambiental, centrado en las emisiones de metano por los rumiantes y la gestión de purines en el porcino; el de bienestar animal en explotaciones con animales criados en intensivo; y el de la salud, con mensajes contra de la mayoría de las carnes como alimento que supuestamente perjudicial para la salud. Todos ellos son muy discutibles y requeriría mucho más que este espacio para rebatirlos, aunque hay argumentos para ello. En todo caso, la realidad innegable es que todo ello, junto con otros factores socioeconómicos, han influido negativamente en el sector. Ahora, prácticamente todos tienen como uno de sus objetivos prioritarios el conseguir un incremento sostenible en el consumo de los diferentes tipos de carne.

Este verano la Interprofesional del Ovino y Caprino de Carne (Interovic) ha sido muy activa, lanzando una potente campaña en medios para animar al consumidor español a incrementar la compra de carne de cordero y cabrito. En total son dos millones de euros al año, aunque un diez por ciento corresponde a acciones en Hungría, como socio transnacional en este proyecto.

Conviene recordar uno de los importantes mensajes que han trasladado, como es la contribución medioambiental que juega la ganadería extensiva. El consumo de carne es necesario para mantener la cabaña ganadera, y la cabaña ganadera para mantener el medio rural.

Con carácter general, el problema ha sido el mayor coste de esta carne, al tener un modelo de producción extensivo, frente a otras cabañas con explotaciones intensivas. De hecho, cuando el intensivo no estaba tan extendido, la situación era bien diferente. De acuerdo con los datos aportados por el Presidente de Interovic, en los años 60 comenzó una importante reducción en el consumo, habiendo pasado en los últimos 30 años, de 14 kilos por habitante y año a los 4 que se consumen en la actualidad. En fechas más próximas, entre 2007 y 2014, se redujo más de un 40% con motivo de la crisis, al ser una carne algo más costosa. Todavía se mantiene un bajo consumo en los hogares, donde los cambios son más lentos, pero ya ha comenzado su recuperación en hostelería. También la distribución ha reforzado la promoción de nuevos productos y cortes. Con respecto a los últimos años, en 2017 se produjo un descenso de las ventas, pero fue debido a la caída de la producción, como consecuencia de la sequía y de la ola de calor de finales de primavera.

Por otro lado, durante muchos años se importaron grandes cantidades de cordero de Nueva Zelanda, aunque el impacto no duró mucho, ya que el propio consumidor redujo su consumo debido a la diferente calidad y peor palatabilidad. Ahora existe un problema derivado de otros mercados de origen, como el griego y el italiano, de donde importamos un cordero lechal muy parecido al español, pero con la salvedad de venderse con más días sacrificado.

En cuanto a las exportaciones de cordero, uno de los principales problemas es el exceso de animales cebados para este fin, por encima de los que tenemos capacidad de comercializar. Esta situación ha generado un exceso de stocks, que ha lastrado al mercado español y ha presionado los precios a la baja. Es necesario exportar, pero también dimensionar, además de aumentar la diversificación de destinos. La fuerte dependencia de las importaciones de un mercado tan inestable como el libio, es un riesgo demasiado alto. También es importante apostar por la venta en canal, más estable que en vivo y con mayor aportación de riqueza y empleo a nuestra economía.

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