MÁS LEGUMBRES, EN LA CESTA Y EN EL CAMPO

Son cultivos muy resistente a las heladas, a la sequía, a los suelos pobres, lo que permite su adaptación a muchos territorios

JUAN QUINTANA

SI bien es cierto que hay innumerables días mundiales, internacionales, nacionales; y también semanas, meses y años, de todo tipo de productos, servicios, enfermedades, problemas sociales o medioambientales, entre otros, no lo es menos que, algunos de ellos, aunque quizás poco mediáticos, son bastante más relevantes de lo que pueden parecer a primera vista. Es el caso del Día Mundial de las Legumbres, que se celebró el 10 de febrero. Así lo decidió la Organización para las Naciones Unidas (ONU) en la Asamblea General celebrada en Nueva York el pasado 20 de diciembre, con la finalidad de dar cumplimiento a los objetivos 2030 de la ONU para el desarrollo sostenible y hambre cero. Persigue promover la producción y el consumo en todo el mundo de un cultivo de alto valor para la seguridad alimentaria, la salud, el medio ambiente y la economía rural.

Hay que recordar que las legumbres son una de las fuentes más económicas para proveerse de proteínas y aminoácidos de origen vegetal. En un contexto mundial con déficit de proteína diversa, y con una excesiva dependencia de la soja, cualquier alternativa que pueda contribuir a la diversificación es necesaria; a pesar de que, por supuesto, las legumbres tradicionales difícilmente serán un sustitutivo de la soja, que tiene unos rendimientos productivos mucho más elevados.

Las legumbres son cultivos muy resistente a las heladas, a la sequía, a los suelos pobres, lo que permite su adaptación a muchos territorios. Por otro lado, disponen de una cualidad de gran interés medioambiental, ya que ayudan a enriquecer el suelo mediante la fijación de nitrógeno, aumentando su fertilidad.

La paradoja es que, a pesar de ser España un país donde buena parte de nuestro territorio se puede adaptar a estos cultivos, la producción no avanza y nos mantenemos como importadores netos de legumbres. De acuerdo con los datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2017, se sembraron en España 498.400 hectáreas de leguminosas, en concreto judías secas, habas secas, lentejas, garbanzos, guisantes secos, vezas, altramuz dulce y yeros. Supuso un 13% menos que en 2016, cuya producción fue a su vez menor que en la anterior campaña. La principal leguminosa en cuanto a producción son los guisantes secos, con 194.000 toneladas, seguido de garbanzos con 38.000, alubias con 19.800 y lentejas con 18.500 toneladas.

En Extremadura destaca el guisante seco, con una producción de alrededor de 8.000 toneladas, seguida de garbanzo, con casi 2.500 hectáreas cultivadas en la provincia de Badajoz y en torno a las 2.000 toneladas, siendo la quinta provincia productora a nivel nacional.

A pesar de que la producción nacional no cubre el consumo y se requieren importaciones, el consumo está muy por debajo de las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomienda una ingesta de al menos tres veces por semana. Una dosis mucho menor que la popular de 'cinco al día' para frutas y hortalizas, pero suficiente para poder alcanzar los objetivos arriba mencionados. El consumo per cápita en España supera los tres kilos por habitante y año, de los que casi un 40% corresponden a garbanzos, seguido de alubias y lentejas. Se trata de un dato que se ha mantenido constante en los últimos tres años, pero que en ningún caso compensa la enorme caída del 75% experimentada en cinco décadas.

En definitiva, es necesario incrementar su consumo de forma sustancial, por cuestiones de salud. Pero también es muy recomendable aumentar las producciones, por razones medioambientales, económicas y sociales. Con este contexto y en consonancia con los objetivos de este nuevo día mundial, sería necesario que la propia administración pública, tanto europea como sobre todo nacional y regional, buscaran los mecanismos adecuados para potenciar su crecimiento, tanto en el campo como en la cesta de la compra.