Grandes productores y poco consumidores de conejo

Todo un sector, que se sigue concentrando para intentar capear el temporal, depende de que se reactive el consumo de esta carne, y el consumidor no parece convencido. Quizás deban ser los propios carniceros los que sirvan de correa de distribución

ANÁLISIS AGRARIO | JUAN QUINTANA

España es un país un país históricamente muy vinculado al conejo. Catón el Viejo, Catulo y posteriormente Plinio el Viejo, en el siglo I, describieron las tierras ibéricas, a las que llamaron Hispania, como una tierra de conejos. Según ellos, este era el significado real de dicho nombre. La realidad es que no queda nada claro que esta sea su etimología, pero sí que el conejo ha sido una parte fundamental de nuestros campos y de nuestra gastronomía. Pero las cosas han cambiado mucho, ahora el conejo que consumimos es mayoritariamente de granja y su consumo sigue a la baja.

España es el segundo productor de carne de conejo en la Unión Europea con el 25,5%, solo por detrás de Francia y por delante de Italia, una terna que en total produce más del 85% de esta carne en este territorio. En total fueron alrededor de 53.000 toneladas las que se obtuvieron en nuestro país con 43.000 de animales sacrificados. En Extremadura estaban registradas en el primer trimestre de este año un total de 302 explotaciones de conejos, lo que representa el 7,9% del total nacional. Sin embargo, los 21.360 conejos, representan solo el 0,3% de la cabaña de nuestro país, lo que muestra la muy reducida dimensión de las explotaciones extremeñas. Con otra singularidad, no hay mataderos de conejos en la región, por lo que tampoco existe producción real de carne.

El problema es que, a pesar de que la historia nos avala, también nuestro potencial productivo, el consumo sigue cayendo de forma alarmante. El descenso se sitúa por encima del 11% en volumen, entre mayo de 2018 y abril de 2019, según los últimos datos hechos públicos por el panel de consumo en el hogar del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Y ello a pesar de que nos encontramos en un contexto social y medioambiental en que otras carnes están siendo cuestionadas desde muchos frentes, por razones medioambientales y de salud. Al margen de que estas críticas tengan un nivel de imprecisión y de que sea necesario relativizarlas, la realidad es que se trata de un entorno que debería potenciar el consumo de carne de conejo, ya que según los especialistas, tiene excelentes cualidades nutricionales, bajos niveles de emisión de gases de efecto invernadero y una reducida generación de residuos. En este sentido, el sector, a través de la Organización Interprofesional para Impulsar el Sector Cunícola (Intercun) está haciendo ímprobos esfuerzos para transmitir estos valores y para ofertar al consumidores nuevos cortes y formatos que les incentiven. Siendo esto así, ¿por qué no se consigue reactivar su consumo?

Son varios factores los que en mayor o menor medida juegan en su contra. Quizás el más relevante es la incorporación del conejo al grupo de los animales de compañía, lo que ha hecho que se integren en el hogar de muchas familias y, por lo tanto, se produzca un rechazo a su consumo. Una realidad que ha sido potenciada por los medios de comunicación, donde la imagen familiar de este lepórido es muy frecuente.

No menos importante es que históricamente el formato de consumo de la carne de conejo ha estado asociado a guisos elaborados, lo que ha dificultado su continuidad en el modelo culinario de una sociedad que cada vez apuesta más por formatos rápidos y saludables. Esta situación ha provocado un salto generacional en el consumo, por lo que la gente joven se ha alejado de este producto, siendo ahora muy difícil reconducir sus hábitos alimentarios.

En definitiva, todo un sector depende de que se reactive el consumo de esta carne, y el consumidor no parece convencido. Quizás deban ser los propios carniceros los que sirvan de correa de distribución, ya que son los que al final tienen el contacto directo con parte de los consumidores. Entre tanto, el sector se sigue concentrando para intentar capear el temporal, y muchos históricos cunicultores, van dejando esta actividad, con un mínimo nivel de reposición.