Fichar en el campo

La puesta en marcha de forma precipitada de la norma que pretende evitar el abuso de las horas extras ha causado cierto desconcierto en el sector

Fichar en el campo
JUAN QUINTANA

Suena raro. Me refiero a eso de fichar en el campo. Sí, es cierto que los trabajadores agrarios tienen los mismos derechos y obligaciones que los de cualquier otro sector, pero una actividad tan ligada a los ciclos biológicos, a los vaivenes meteorológicos y a los imprevistos veterinarios y fitosanitarios, parece que no tiene en su ADN el modelo laboral convencional; quizás sea esto lo que hay que solucionar. En todo caso y guste más o menos, la obligación del registro de horas trabajadas es de aplicación también para este sector, de acuerdo con el Real Decreto-ley 8/2019 publicado el BOE el 12 de marzo y de aplicación desde el pasado 12 de mayo. Es una norma puesta en marcha sin haber meditado los detalles, lo que por supuesto no afecta solo a este sector. Es loable el objetivo de que no se abuse del trabajador, que se controle la limitación de horas extras y se garantice el pago de las mismas. Y si bien es cierto que la norma requiere un desarrollo reglamentario, no lo es menos que se esperaba un contenido más sesudo en el que se hubiera profundizado en las diferentes casuísticas, ya que la regulación ha entrado en vigor sin el mencionado desarrollo que lo aclare.

Tras unas semanas de cierto desconcierto, todavía latente porque hay que aplicarla sin unos términos de referencia claros, el Ministerio de Trabajo ha recomendado a los representantes del sector agrario que establezcan un modelo lo más sencillo posible y que no les genere sobrecostes; algo así como la histórica hoja de firmas. En pleno siglo XXI suena un poco arcaico, además de ser muy manipulable, tal como ya se vivió en muchos casos relativamente recientes; por ejemplo, los grandes fraudes en los programas de formación financiada con fondos públicos, en particular el Fondo Social Europeo. Por otro lado, no nos olvidemos de que el trabajo agrario en muchos casos no requiere pasar por oficina.

En definitiva, ahora el sector agrario tiene que hacer un importante trabajo para adaptar esta nueva norma a su realidad laboral, con una normativa que ya es de aplicación y un gobierno que tiene que mirar para otro lado y dar una prórroga no escrita para que se pueda regularizar la situación. Todo cogido con pinzas y, lo que es peor, con incertidumbre.

¿Había necesidad de correr tanto? Pues depende de lo que se entienda por necesidad. Desde la perspectiva del trabajador, esperar algunos meses más y realizar un trabajo técnico más a fondo habría beneficiado a muchos trabajadores de sectores que, con muchos años de esfuerzo de sus sindicatos, comités de empresa y de los propios empresarios, habían conseguido importantes ventajas de flexibilidad laboral. Pero si por necesidad se entiende el ganarse la confianza y por tanto el voto de parte de los trabajadores, entonces sí, el gobierno tenía necesidad de lanzar esta norma antes de las elecciones.

Se me ocurren infinidad de situaciones singulares en este sector. Por ejemplo, el capataz o empleado que vive en la misma finca, la jornada de intensas lluvias o nieve que impide el trabajo en el campo, el pastor por cuenta ajena que no pasa por la oficina, etc. Y otra cuestión, ¿desde qué momento se considera que comienza la jornada laboral en el campo?, ¿las jornadas partidas?, ¿cómo se pagan las horas extras?

Por supuesto y por el momento el gobierno parece que lo quiere poner fácil para evitarse problemas, que sin duda surgirían y quizás surjan. La incertidumbre es el tiempo que va a dar antes de ser ejecutivo en el seguimiento y control de la norma.

El sector insiste ahora en que no hay que poner nervioso al agricultor y ganadero y lo fía toda a la palabra del gobierno y no al cumplimiento de la legislación. Quizás sea lo sensato, pero ¿tampoco se tiene que estar nervioso el empresario agrario o el autónomo con trabajadores?