Europa lastra la teconología genética

La decisión del Tribunal Europeo de Justicia de considerar transgénicos los organismos modificados con la técnica de edición genética CRISPR, con la que tiene sustanciales diferencias, pone límites una vez más a los cultivos avanzados y lastra la competitividad del agro europeo. Los europeos podemos consumir alimentos elaborados a partir de estos cultivos, pero no se pueden cultivar en nuestros suelos

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

La UE es uno de los pocos espacios económicos donde los avances en tecnología genética tienen la puerta cerrada, en particular en lo que atañe al sector agrario. El problema ahora es todavía mayor, porque no es la Comisión, ni el Consejo, ni el Parlamento quienes frenan estas mejoras tecnológicas, sino el Tribunal Europeo de Justicia, al que se le presupone total independencia de los intereses nacionales. Su reciente decisión de considerar transgénicos los organismos modificados con la técnica de edición genética CRISPR vuelve a poner límite a cultivos avanzados y lastra la competitividad del agro europeo.

¿Pero que es el CRISPR? Son las siglas de Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats, en español Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Interespaciadas. Incluso traducido seguro que dice muy poco o nada a los comunes de los mortales; salvo, claro está, a quienes se dedican a la ciencia, en particular a la genética. De manera más inteligible, es una tecnología que, como una tijera de precisión, permite seleccionar y modificar la cadena de ADN de forma muy rápida y precisa.

Grupos ecologistas se oponen frontalmente a ella, tal como sucedió con los transgénicos. La forma que han encontrado para frenarla es hacer que se le aplique la misma regulación que a los transgénicos, con los que tienen similitudes, pero también diferencias sustanciales. Quizás la más significativa es que en la transgénesis se introduce un gen de otro ser vivo en el ADN, lo que ha sido considerado por algunos como una alteración de la naturaleza. La realidad es que estas mutaciones se han producido en la naturaleza desde el comienzo de la vida y, en parte debido a ello, hemos ido evolucionando, con la única diferencia de que ahora la ciencia puede controlarlo. Pero es que en el caso de los CRISPR, ni siquiera se incorpora un gen exógeno, por lo que se desarma este argumento.

Lo verdaderamente importante es valorar las consecuencias de cada modificación genética; es decir, la nueva característica que expresa el individuo. Para ello, tenemos estrictas organizaciones científicas de seguridad alimentaria y sanitaria, no solo en la UE, sino en otros muchos lugares del mundo, que son los que velan por que estos nuevos cultivos, alimentos, medicamentos, etc. no sean perjudiciales para la salud humana ni para el medioambiente. Además, la realidad es tozuda y sigue mostrando como en los treinta años en los que se llevan cultivando y comiendo transgénicos, no se ha detectado ni un solo caso en todo el mundo, en el que su consumo haya perjudicado a la salud de las personas.

Todo parece indicar que esta lucha no es contra la tecnología sino contra el control de la misma, tal como en reiteradas ocasiones hemos podido escuchar en virulentas declaraciones y acciones contra el supuesto control de las grandes corporaciones. Este es otro debate, mucho más centrado en el mercado y en las reglas de la competencia, para lo que por cierto, también existen organizaciones públicas que velan por su correcto funcionamiento, con estrictas normas que evitan los monopolios o los grandes oligopolios.

Tal como se mencionaba al principios de este artículo, ahora la realidad es que se trata de una sentencia judicial la que pone coto a esta tecnología. Un nuevo escenario que sin duda dificulta mucho su defensa, a pesar del apoyo de muy buena parte de la comunidad científica. En todo caso, de nuevo los agricultores europeos van a perder competitividad frente a los de otros espacios económicos, donde con un modelo tan seguro como el nuestro pero mucho menos restrictivo, van a poder acceder a estos cultivos avanzados. La situación es tan absurda, que los europeos sí van a poder consumir alimentos elaborados a partir de estos cultivos, eso sí, siempre que no se hayan cultivado en nuestros suelos.

 

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