Una Europa con complejos genéticos

Los grandes manías de la UE a la hora de enfrentarse a determinados y poderosos lobbies medioambientales le han impedido hacer que prevalezcan los criterios científicos frente a los ideológicos

ANÁLISIS AGRARIO | JUAN QUINTANA

La mejora genética dirigida es quizás el avance tecnológico vetado en la Unión Europea (UE) que más se ha extendido a nivel mundial. En particular la transgénesis que, entre otras aplicaciones, da lugar a los cultivos modificados genéticamente. Un avance de enormes beneficios económicos, sociales y medioambientales, de seguridad más que contrastada tras décadas de uso, que por tanto, ha sido integrada sin aspavientos en países con economías muy avanzadas, países de desarrollo medio y también países en vías de desarrollo. Los grandes complejos de la UE a la hora de enfrentarse a determinados y poderosos lobbies medioambientales le han impedido hacer que prevalezcan los criterios científicos frente a los ideológicos. Esto ha hecho que Europa se haya convertido en una isla de ineficiencia, al menos en este asunto.

Entre tanto, el resto de países nos adelantan por la izquierda y por la derecha. Un ejemplo cada vez más claro es el de Estados Unidos. Su presidente, el siempre controvertido Donald Trump, ha aprobado una resolución que facilitará y simplificará los procesos regulatorios para producir y poner en el mercado estos organismos modificados genéticamente; y eso que la sociedad norteamericana ya está plenamente abierta a esta mejora genética. Con ello se eliminarán retrasos y se reducirán los costes de las empresas obtentoras. Será más o menos discutible la política Trump, pero es incuestionable que tiene entre sus prioridades la protección y potenciación de sus motores económicos. Otro gallo nos habría cantado en la UE de haber actuado de forma ligeramente parecida.

Pero las diferencias se hacen todavía mayores. La última decisión del Tribunal de Justicia Europeo (TJE) sobre mutagénesis dirigida supuso un nuevo freno a nuestro desarrollo tecnológico y económico. Ahora, esta técnica de obtención vegetal deberá pasar por los mismos procesos de aprobación que los transgénicos, lo que en la práctica puede suponer un veto para su producción en la UE, al igual que ha sucedido con todos los cultivos modificados genéticamente, que ya se cultivan por todo el mundo, salvo en la UE; con la excepción del Maíz Bt resistente al taladro, que sí se puede sembrar.

Pero ¿qué es la mutagénesis dirigida? Es una técnica de biología molecular utilizada para crear mutaciones puntuales en una cadena de ADN. Fue desarrollada en 1978 por el Dr. Smith, consecuencia de lo cual fue galardonado con el Premio Nobel de Química, lo que muestra la importancia de su descubrimiento. Este dato también pone sobre la mesa un hecho relevante, como es la edad de esta tecnología, ya madura y que de hecho se ha estado aplicando desde entonces sin que haya generado ningún problema de seguridad y salud, todo ello sin pasar por los estrictos sistema de control que ahora se plantean.

Por ello, 20 asociaciones europeas de los sectores de la remolacha, azúcar, harina, patata, enzimas, arroz, aceites, proteínas vegetales, almidón, flores, piensos, maquinaria, fitosanitarios, semilla, biotecnología agraria e industria alimentaria han solicitado mejoras legislativas. También han manifestado su profunda preocupación por la decisión del TJE. Además de los largos y onerosos procesos de autorización, podrá haber prohibiciones nacionales. Por otro lado, se va a generar un cierto embrollo, ya que muchos de estos productos modificados por mutagénesis dirigida no son distinguibles de los convencionales.

En todo caso, lo que ahora queda es crear un marco regulatorio transparente, eficaz y equitativo. Por ello, 14 países de la UE, entre los que se encuentra España, ya han pedido actualizar la legislación. Sin duda para la Comisión no va a ser plato de gusto asumir este reto, a pesar de que ya ha prometido un marco de trabajo sólido, redactando a su debido tiempo una propuesta legislativa. Veremos en qué queda todo, pero por el momento, quienes han vuelto a perder han sido la ciencia, la agricultura y la industria, pero también el consumidor.