Diferentes luces para un mismo semáforo

El Gobierno ha anunciado que el uso del sistema de etiquetado Nutri Score podría ser obligatorio en un año. Este, a través de colores, cataloga un alimento como bueno, medio o malo según las grasas, los azúcares, la sal, las proteínas y la fibra que contenga, lo que es un disparate

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

El Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social ha anunciado que el uso del sistema de etiquetado Nutri Score podría ser de obligado uso en España en el plazo de un año, aunque por el momento va a ser voluntario. Se trata de un modelo de información que responde a lo que popularmente se ha denominado semáforo alimentario y que escala la cualidad nutricional de un alimento en varios niveles, en este caso señalizado por cinco tonalidades de color.

Este formato de información al consumidor no está regulada en la Unión Europea, aunque por supuesto sí lo está la información nutricional obligatoria que ya aparece en las etiquetas. Por ello, la posible obligatoriedad del mismo no parece una opción razonable, siendo el carácter voluntario del mismo lo más coherente, tal como han hecho Francia y Bélgica, entre otros. Se trata de un cambio que no persigue dar más información, sino simplificar y hacer más práctica para el consumidor su adecuada comprensión.

Hay dos cuestiones importantes a valorar sobre esta iniciativa, como son la idoneidad del sistema y el cómo se está articulando. Sobre la primera de ellas, hay que recordar que la iniciativa se hizo pública pocos días después de que varias multinacionales de la alimentación (Coca Cola, Mondelez, Nestlé, Pepsico y Unilever) presentaran su propuesta para facilitar la información nutricional al consumidor. Esta opción multinacional ha sido retirada hace escasamente una semana después de que el Ministerio anunciara su alternativa.

La opción multinacional proporcionaba información sobre grasas, azúcares y sales de cada producto. En función de su contenido catalogaba cada una de ellas en tres colores: verde (poco), ámbar (medio) y rojo (alto). Por otro lado, Nutri Score hace una sola comparativa que integra los tres elementos del modelo multinacional, y también proteínas y fibra, entre otros. Hacer el análisis elemento por elemento parece más objetivo que agregarlos en un solo semáforo.

A diferencia de Nutri Score, la información se hace en función de las porciones reales de consumo establecidas por un panel de expertos internacionales y no de una unidad estándar de 100 gramos. El concepto porción parece más sencillo que el gramaje, ya que no es frecuente conocer el peso o masa de lo que se consume. Sin embargo, se sale de los parámetros oficiales y reduce mucho la objetividad de la comparativa y del sistema, lo que lo ha hecho objeto de muchas críticas. Es precisamente por este motivo por lo que, al menos formalmente, han retirado su propuesta.

En todo caso, un semáforo cataloga a un alimento como bueno, medio o malo, lo que es un disparate, ya que ni las grasas, ni los azúcares ni la sal son malas para la salud, consumidas en proporciones adecuadas y, por tanto, no son ni buenos ni malos los alimentos que las contienen. Lo importante es la dieta de cada persona y cómo esta los integra.

Sobre el segundo aspecto, sobre el cómo se ha gestionado esta norma, llama poderosamente la atención que no haya habido una discusión previa con el sector para, al menos, intentar consensuar esta iniciativa. Si bien su aprobación mediante real decreto permite evitar el debate político previo, lo que en ningún caso se debería haber evitado es un debate transparente a tres bandas entre el Gobierno, los consumidores y, por supuesto, la propia industria. No habría sido necesaria la cuando menos extraña duplicidad de dos propuestas paralelas, pero muy divergentes en cuanto al contenido. Al menos, las cinco multinacionales han tenido el buen criterio de retirar la suya y no sembrar más caos en el modelo etiquetario.

 

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