«Creo que existe una falta de unión entre los agricultores»

Antonio en una de sus fincas de frutales. :: F. h./
Antonio en una de sus fincas de frutales. :: F. h.

Antonio Manuel Nieto García-Siete, agricultor de Valdivia, lleva unas 130 hectáreas de frutales y este verano abrió su propia central hortofrutícola

FRAN HORRILLO

Antonio Manuel Nieto García-Siete es un agricultor de Valdivia de 38 años que viendo el panorama se lanzó el pasado verano a montar su propia central frutícola. Ahora, está inmerso en las labores de poda de los frutales.

-¿Cómo llegó a la agricultura?

-Llegué al mundo de la agricultura por tradición familiar. Mi padre siempre se ha dedicado al campo y yo desde muy pequeño decidí seguir sus pasos. Nada me gustaba más que irme al campo con él.

«Hay que poner freno al poder de las grandes cadenas de supermercados» «La fruta extremeña es reconocida a nivel mundial, pero no con la calidad que se merece»

-¿Lleva mucha superficie?

-Actualmente, con mucho esfuerzo hemos aumentado nuestra superficie a las 130 hectáreas de frutales, de las cuáles 30 son de melocotón, 40 de ciruelas, 50 de nectarinas, 6 de paraguayos y 4 de albaricoques. A día de hoy, sigo acompañado por mi padre al que estaré agradecido toda la vida, ya que en lugar de disfrutar de su merecida jubilación está apoyándome día a día.

-¿Es sacrificada esta profesión?

-¿Qué si es sacrificada? ¡Qué pregunten a mi familia! No existen horarios. Trabajamos de sol a sol y cuando llega la noche seguimos con los riegos y preparativos para el día siguiente. El verano te invita a irte de vaciones, a salir a las terracitas...Para nosotros eso es imposible.

-¿Cómo es un día normal en su actividad en plena campaña?

-Pues me levanto a las 5.30 de la mañana, me acerco al campo para ver la cogida de la fruta, reviso riegos, selecciono variedades próximas a recolectar. Luego, programo el trabajo para días posteriores y a todo esto tengo que sumar el supervisar el funcionamiento de la central que he abierto este año y a la que tengo que dedicar mucho tiempo. La mayoría de los días no como en casa. Con respecto a la familia y al ocio, imagínese, vengo llegando a casa sobre las 12.00 o 12.30 de la noche. El verano pasado fue especialmente duro pues apenas pude disfrutar de mis hijas.

-¿Qué le llevó a montar su propia central frutícola?

-El motivo está claro. Siempre he tenido afán de superación. En los últimos años me replanteé la creación de la central hortofrutícola 'El Canito', que nace con la ilusión de comercializar sus propios productos. La central está situada en la carretera de Valdivia a Entrerríos. Para la elaboración y venta de nuestros productos contamos con una central de más de 2.000 metros cuadrados de nueva creación, una explanada de más de 10.000 metros cuadrados y cinco cámaras de conservación construidas con las tecnologías más avanzadas de mantenimiento y control ambiental. Tiene capacidad para cinco millones de kilos de fruta. Empezó a funcionar el verano pasado, pero será el próximo verano cuando esté a pleno rendimiento.

-¿Está reconocida a nivel mundial la fruta extremeña?

-Sí es reconocida a nivel mundial, pero no con la calidad que merece.

-¿Hay algún cultivo rentable en la actualidad?

-En la actualidad creo que ningún cultivo es rentable, y si hay alguno, su rentabilidad es escasa. Tengo que destacar que el cultivo más social es el frutal porque genera muchos puestos de trabajo y recibe pocas ayudas.

-¿Cuál es el principal problema que acecha al sector?

-Por un lado, el principal problema que veo es la falta de unión existente entre los agricultores. Y por otro el poder de las grandes superficies sobre nuestros productos. La solución está difícil, pero siempre se ha dicho que la unión hace la fuerza. Hay que poner freno al poder que las grandes cadenas de supermercados ejercen sobre nuestros productos. Los precios deberían ser puestos por los agricultores.

-¿Es atractivo el campo para los jóvenes?

-No, cada vez menos atractivo. Cualquier persona sea joven o no prefiere dar su jornada laboral e irse a su casa sin preocupaciones ni responsabilidades. Esta profesión es muy sacrificada.

 

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