La cosecha es como la lotería

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En mayo ha llovido muy poco. El otoño y el invierno han sido excesivamente secos y cálidos. Acabando junio, una ola de calor ha acabado de rematar la jugada. La conjunción de estos elementos dará como resultado una cosecha de cereales muy baja: redondeando, un millón de toneladas en Extremadura y unos 18 millones en toda España. La gran tragedia de las malas cosechas es que para los agricultores esto es como la lotería: el décimo siempre cuesta lo mismo, pero nunca sabes si te tocará el gordo, la pedrea o un simple reintegro. Los gastos de un agricultor son siempre los mismos y da igual que la cosecha sea buena, mala o regular. En la lotería, se pasa el décimo por el manto de la patrona o se compra en Doña Manolita, pero las supersticiones sirven tan poco como las fiestas de invierno tan típicas del enero extremeño: nacieron para celebrar el final del frío, el comienzo de la temporada agrícola y el deseo de una buena cosecha, pero las cosas vienen como vienen y este año vienen mal dadas con un 63% menos de trigo duro que el año pasado, la mitad de avena, y entre el 38% y el 43% menos de cebada, triticale o trigo blando. Los precios que perciben los agricultores son los de 1990 y los costes, los de 2019. ¿Con años así y el cambio climático acechando, cómo queremos que los jóvenes se queden en los pueblos y el campo no se vacíe?