China lidera la FAO, en plena crisis comercial

El director general, Qu Dongyu, va a apostar por las ciencias modernas y la tecnología para promover la innovación en el sector agrícola

ANÁLISIS AGRARIO | JUAN QUINTANA

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha elegido a Qu Dongyu como su nuevo director general para los próximos cuatro años, en sustitución del brasileño Graziano da Silva. Lo más interesante de esta noticia es que es chino y, además, un buen conocedor del sector, habiendo sido el equivalente a un secretario general de agricultura en su país, donde lideró un ambicioso proyecto de inversiones agrarias.

En principio, la FAO se dedica a trabajar para paliar en hambre en el mundo, por lo que su principal foco es la mejora de la agricultura en los países en vías de desarrollo. Puede parecer, por tanto, que este cambio va a tener poca influencia en nuestro sector agrario. Probablemente sea así, sin embargo, hay dos factores relevantes que nos hacen estar vigilantes.

El primero de ellos, que el sector agrario es global, con muchas 'commodities' que marcan el mercado, por lo que la entrada en producción de nuevos territorios, o su posible crecimiento acelerado, sí impactarían en el sector agrario global y, por ende, en el de nuestro país. El segundo es que es un dirigente chino, cuyo modelo de desarrollo agroalimentario, y también de otros sectores, tiene un sólido pilar en la búsqueda de otros espacios económicos, donde centrar la producción.

Hay que subrayar que, contra lo que pueda parecer, China tiene un porcentaje de superficie agraria útil extremadamente bajo, lo que condiciona su capacidad productiva interna y le obliga a adquirir tierras en países en vías de desarrollo para avanzar hacia la autosuficiencia. En este sentido, el nuevo mandatario de la FAO ya ha avisado que va a apostar por las ciencias modernas y la tecnología para promover la innovación en este sector. En definitiva, para poder aumentar las productividades y, por tanto, la producción alimentaria. Además, ha dado la mano al sector privado, lo que no debería ser de otra manera, pero lo hecho de manera pública y relevante.

Por una parte es una gran noticia, pero por otra, también hay que recordar que muchos avances tecnológicos están muy limitados en la agricultura y ganadería europea, como es el caso de varias tecnologías genéticas y fitosanitarias, entre otras. En este sentido, si bien esta apuesta de vanguardia va a favorecer el crecimiento económico y alimentario de los países en vías de desarrollo, no lo es menos que pueden hacer perder competitividad a nuestro sector, al promover un modelo competitivo, reforzado por los acuerdos preferenciales con países en vías de desarrollo, práctica habitual en las relaciones bilaterales o multilaterales con la Unión Europea.

Además, este cambio coincide con un importante incremento de la tensión comercial entre Estados Unidos y China, y el reciente anuncio del gigante asiático de la interrupción en la compra de productos agrarios a la potencia americana. Este nuevo escenario refuerza su estrategia de búsqueda de otras fuentes de materia prima alimentaria, bien con productores actuales, o fortaleciendo a los emergentes. En este sentido, el papel que juega su mandatario en la FAO puede ser un importante baluarte.

Pero no solo se trata de solucionar el problema del hambre, que afecta a casi 822 millones de personas, la FAO también combate la mala alimentación y el sobrepeso, que ya afecta a unos 2.000 millones de habitantes en nuestro planeta.

Y entre tanto, en España continúa aumentando el desperdicio alimentario. Según los datos del Panel de cuantificación del desperdicio alimentario en los hogares, en 2018 se desperdiciaron un total de 1.339 millones kilos de comida, lo que supone un repunte del 8,9% con respecto al año anterior. Un problema que crece en los meses de verano, en los que se tira un 10% más de alimentos, debido fundamentalmente al incremento de las temperaturas y al consumo fuera del hogar.