EL CEREAL ARRASA

Las intensas lluvias de la pasada primavera han llenado los pantanos y llenarán los graneros con una cosecha un 50% mayor que la del año pasado

JUAN QUINTANA

La climatología de este invierno y primavera ha sido muy anómala. Hemos pasado de una intensa sequía a una pluviometría abundante y constante en casi todos los territorios de nuestra península, muy por encima de la media de otros años. Este exceso de lluvias ha tenido algunas consecuencias negativas, como las grandes inundaciones que se han producido en determinadas cuencas, como la del Ebro, la proliferación de hongos, el retraso y ralentización de muchas labores del campo, desde la siembra a la cosecha, etc. Sin embargo, el balance general es positivo, con grandes cosechas, pastos abundantes y duraderos, recuperación de los niveles en los embalses hasta máximos históricos, etc.

En lo que respecta al aumento de cosechas, el cereal es un claro ejemplo. De acuerdo con las cifras que recientemente hicieron públicas tanto la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España, como Cooperativas Agroalimentarias, la estimación de producción de cereales de otoño-invierno para la campaña 2018/2019 se estima por encima de los 20,5 millones de toneladas. Supone un incremento de más del 55% con respecto a la anterior campaña y pasar de unos rendimiento medios de 2,3 toneladas por hectárea a más de 3,7. La mayor producción es de cebada, con 9,9 millones de toneladas y un crecimiento del 62,4%, y el trigo blanco con 6,9 millones de toneladas y un repunte del 69,3% Un aumento muy significativo, si bien es cierto que 2017/2018 fue un año de escasas producciones debido a la mencionada sequía. En algunas comunidades autónomas el aumento ha sido mucho mayor, como es el caso de Castilla y León, donde se pueden llegar a duplicar.

En el caso de Extremadura las producciones de trigo blando se espera alcancen las 196.000 toneladas, lo que supone un crecimiento del 75%, solo por debajo de Madrid, Castilla y León y Baleares. En el caso del trigo duro la cifra estimada ronda las 27.300 toneladas con un incremento del 42%, superado por Andalucía. En cebada, 198.800 toneladas han supuesto un alza del 74%, solo con Madrid y Castilla y León por encima. En avena, al contrario que en el resto, las 110.000 toneladas estimadas han hecho caer la producción en un 44%, por debajo del cual solo se encuentra Cataluña. También cae el triticale un 56%, la mayor pérdida de rendimiento de toda España, hasta llegar a un volumen de 211.360 toneladas.

Estos datos son extremadamente buenos, no solo por la alta producción, sino porque la caída en otras zonas del mundo hace que se reduzca la oferta mundial, mientras que la demanda continúa en ascenso. Con una demanda en crecimiento y una producción mundial que solo sube el 1,5% según datos de la FAO, el contexto en el que este año se mueven los cerealistas es inmejorable: altas producciones acompañadas de altos precios, lo que previsiblemente permitirá hacer buena caja y enjuagar los menores márgenes de campañas anteriores. El Consejo Internacional de Cereales prevé una producción mundial de 2.089 millones de toneladas y estima que el consumo se aproxime a los 2.136 millones de toneladas, lo que genera un déficit de más del 2%, que forzará a los comercializadores a dar salida a los stocks.

Sin embargo, por el momento los precios no han repuntado de manera sustancial y sostenida. La limitación mundial de oferta y la tardía salida al mercado del producto de campaña pueden revertir la situación. El motivo fundamental es el retraso de la cosecha debido a las lluvias. En comparación con 2018, los precios del trigo blando han bajado ligeramente, al igual que los de cebada y, en mayor medida, el trigo duro. Ahora hay que confiar en que se invierta la tendencia y que en un contexto alcista, los agricultores puedan obtener buenos réditos por su producto, sobre todo si tienen capacidad de maniobra para esperar el previsto y deseado repunte de las cotizaciones.

 

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