«En el campo muchas veces no ves recompensado tu trabajo»

Juan Luis en su explotación de olivar. :: F. h./
Juan Luis en su explotación de olivar. :: F. h.

Este campesino de 43 años y socio de Casat lleva unas 300 hectáreas de secano y unas 40 de olivar

FRAN HORRILLO

Juan Luis Fernández Arévalo del Forcallo es un agricultor natural de La Haba, de 43 años. Su apuesta es decidida por el secano y por el olivar, aunque vislumbra un futuro incierto al campo.

-¿Cómo llegó a la agricultura?

-Aparte de venir de tradición familiar, ya que mi padre y mis tíos eran agricultores, de siempre me ha gustado el campo. A los 13 años ya iba a coger aceitunas cuando no tenía que estudiar.

-¿Lleva mucha superficie?

-En la actualidad llevo unas 300 hectáreas de secano, entre cereales, como trigo y cebada, colza y garbanzo, y unas 40 hectáreas de olivar.

-¿Es sacrificada esta profesión? ¿Deja muchos sinsabores?

-Para quien le gusta la profesión no es sacrificada, pero sinsabores sí que te deja muchos, ya que no ves recompensado muchas veces el trabajo que realizas. El año pasado, por ejemplo, sacamos buenas cosechas, pero en éste ha faltado el agua y con los precios bajos que se aventuran, puede que nos pase factura.

-¿Cómo es un día normal en su actividad en plena campaña? ¿Mucho trabajo? ¿Le queda tiempo para el ocio o para la familia?

-Por ejemplo, en época de siembra, salimos por la mañana siendo de noche y llegamos a casa de noche. Desde últimos de septiembre hasta más o menos la Semana Santa, paramos pocos días, a no ser que nos obligue la lluvia. Ni sábados, ni domingos. No obstante, últimamente estamos cambiando la filosofía y algunos domingos los dedicamos a la familia, porque todo es necesario.

-¿Qué labores tocan ahora?

-Ahora mismo estamos curando los olivares, y preparando los barbechos para la siembra del próximo año.

-¿Hay algún cultivo rentable en la actualidad?

-Todo depende del tiempo. Ahora mismo no sabes cómo jugártela con cultivos como el cereal, la colza, el garbanzo, etc. La colza es ahora bastante rentable. Un cultivo que me está sorprendiendo y por el que está empezando a apostar la gente es el almendro. Deja unas producciones fuertes y a buen precio.

-¿Ve algún cultivo con futuro?

-Yo apostaría por el pistacho, pero no he tenido suerte con el agua. El inconveniente que tiene es que tarda entre seis o siete años en estar en producción. Con agua, se acortaría a cuatro o cinco. Luego el olivar ha estado bien estos últimos años, pero ahora parece que se avecina una bajada de precios.

-¿Cómo ve el proyecto de puesta en riego de la zona de Arroyo del Campo?

-Lo veo interesante, pero cada vez llueve menos y supone una gran inversión. Pero sin duda que es un proyecto bueno para la zona. La gente mayor al ver que las inversiones son elevadas se paran, ya que como dice la mayoría, no quieren hipotecar a sus hijos. Pero está claro que el riego es cosecha segura y genera mucha mano de obra.

-Hablando de mano de obra ¿A usted le hace falta como sucede en otros sectores?

-Yo demando bastante mano de obra, sobre todo en la época de recogida de la aceituna. Y la verdad es que me las veo y me las deseo para encontrar jornaleros.

«La colza es bastante rentable y me está sorprendiendo el almendro»

«Estoy deseando que mis dos hijos estudien y no sigan mis pasos en el campo»

-¿Es atractivo hoy en día el campo para los jóvenes?

-No es atractivo, ni para jóvenes ni para mayores. Inviertes mucho pero sacas poco beneficio. Yo estoy deseando que mis hijos estudien. Tienen 9 y 6 años y espero que no sigan mis pasos. Y eso que a mí me encanta la agricultura. Pero le veo un futuro incierto. De hecho, ahora tenemos peores precios que cuando me incorporé a la actividad con 18 años. Todo está cada vez más caro y así es difícil sacar beneficio.

-Imagino que pertenecer a una cooperativa es vital para un agricultor hoy en día ¿no?

-Sin duda. En una cooperativa, tienes más seguridad, más asesoramiento... Tal y como se está poniendo el secano en la actualidad, siempre es bueno tener una cooperativa detrás pueda luchar por unos precios dignos para el agricultor.