El campo apaga la sed, por ahora

Las previsiones de cosecha de cereal de invierno en Extremadura puede rondar los 3.500 kilos por hectárea -una media normal para esta región-, gracias a las últimas lluvias, que también han beneficiado al viñedo y al olivar de secano y, por supuesto, a los ganaderos de extensivo. No obstante, se necesita más agua para que las zonas donde se embalsa se recuperen

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

La máxima de que nunca llueve a gusto de todos tiene sus orígenes en la actividad agraria y ganadera. Las últimas lluvias del mes de abril son un claro ejemplo de ello. Mientras que las precipitaciones torrenciales en parte de la cuenca mediterránea produjeron importantes daños en algunos cultivos, infraestructuras y en el propio suelo debido a la erosión, en otras zonas la moneda ha caído del lado contrario. Es el caso de Extremadura, donde el agua sobrevenida permite mejorar las expectativas para el cultivo del cereal de invierno, sobre el que pendía la espada de Damocles, dadas las escasas lluvias de los meses anteriores y la amenaza de una sequía acumulada en primavera y verano.

Ahora las previsiones de cosecha de cereal se acercan a la media considerada como normal para esta región, que puede rondar los 3.500 kilos por hectárea. Hay que recordar que la escasez de agua vaticinaba una campaña corta, que ahora puede alargarse hasta cerrar su ciclo natural. El viñedo y olivar de secano también han recibido una importante inyección económica con la incorporación de agua al suelo.

Desde una perspectiva ganadera, las precipitaciones han sido muy necesarias para humedecer los pastos y ayudar a su desarrollo, con la importante ayuda que esto supone para alimentar a la importante cabaña en extensivo de esta región, tanto de ibérico, como de vacuno, ovino y caprino. En todo caso, si bien ha sido solo una ayuda, todavía son necesarias más lluvias para que las zonas donde se embalsa el agua se recuperen y sirvan de refuerzo al desarrollo de las dehesas.

En el caso concreto del cerdo ibérico de bellota se ha reducido el sacrificio en casi un 10% con respecto a la montanera anterior. Las bajas precipitaciones de meses anteriores redujeron la calidad y cantidad del pasto. En particular las encinas dieron una baja producción de bellota y, sobre todo, un fruto pequeño de baja calidad. Aunque todavía es pronto para que estas lluvias condicionen la próxima campaña, son una buena aportación para el encinar.

Por otro lado y en una escala mucho más macro, continúa el conflicto de los grandes acuerdos internacionales, sobre todo los de tipo preferencial. Cada vez se ponen más en cuestión debido a los agravios comparativos que generan a los productores europeos, ya que permiten la entrada en nuestro mercado de productos tratados con sustancias no autorizadas en la Unión Europea. En todo caso, acceden sin superar los límite máximos de residuos (LMRs) vigentes, por lo que la seguridad alimentaria está garantizada. Sobre todo, se trata de un problema de mercado, ya que esta competencia exterior con menores costes laborales y medioambientales, genera una mayor oferta en el espacio económico europeo, además de favorecer la entrada de plagas o productos de baja calidad.

Es cierto que en muchos casos los países terceros pueden introducir en el mercado europeo sus productos, con ninguna o muy escasas restricciones, como es la aplicación de contingentes, mientras que los europeos tiene mucho más limitado el acceso a los suyos. Pero no pensemos que la Comisión es un grupo de hermanas de la caridad, ya que estas preferencias se otorgan a cambio de concesiones en otros sectores. Es decir, al contrario de lo que se suele afirmar desde nuestro sector, sí existe cierta reciprocidad. De hecho, existen medidas de salvaguardia en estas negociaciones que permiten actuar a la Comisión para proteger nuestros productos cuando, como consecuencia de estos acuerdos, un sector se ve perjudicado y es necesario defenderlo. El inconveniente es la discrepancia que se suele dar entre el sector agrario y la Comisión a la hora de evaluar este impacto y decidir el momento de aplicar estas medidas. Este problema se produce mayoritariamente con productos ajenos al agro de esta región, como son los cítricos, hortalizas o el mismo plátano en Canarias. Sin embargo, en otras producciones menores la situación es similar, aunque no necesariamente en el marco de acuerdos preferenciales; por ejemplo, el caso de la miel.