Bosque o dehesa,una decisión urgente

Nos estamos jugando más de 70.000 hectáreas de nuevas dehesas: O seguimos la corriente conservacionista imperante que, irremesiblemente, convertirá nuestras forestaciones en bosques frondosos sin sentido ni rentabilidad, o nos ponemosen marcha para convertir con ciencia, urgencia ysentido común aquellas repoblaciones en dehesas

GERMÁN PUEBLA OVANDOLicenciado en Derecho. agricultor

Eentre los años 1993 y 2008 se implementaron en Extremadura 71.858 hectáreas de forestación, en su grandísima mayoría mediante la plantación de encinas y alcornoques con un objetivo indubitado, la formación de nuevas dehesas. El Reglamento CE 2080/1992 del Consejo vino a impulsar los programas de forestación de tierras agrarias en la Unión Europea. Su desarrollo se materializó mediante el Real Decreto 378/1993 de 12 de marzo a nivel nacional y el Decreto 95/93 de 20 de julio en el ámbito de la comunidad autónoma de Extremadura.

La exposición de motivos del referenciado Decreto 95/93 de ayudas a la forestación, establecía textualmente que «la forestación de terrenos agrícola que esta normativa apoya es un medio idóneo para que la Junta de Extremadura desarrolle su política de recuperación de flora autóctona y en especial de las quercíneas y de su formación característica, la dehesa…».

Hoy, 25 años después, 53.000 de las 71.000 hectáreas (ha) forestadas han superado los 20 años de existencia y con ello los compromisos contraídos con la Administración para asegurar su viabilidad. Hoy, esas 53.000 hectáreas de encinas y alcornoques debieran ya haber iniciado el camino para convertirse en dehesas y muchas, efectivamente lo han intentado… sin conseguirlo, y casi siempre por la negativa o reticencia de la Administración.

Las densidades iniciales de estas dehesas potenciales oscilaban entre 400 y 500 pies por ha en su gran mayoría. Si tenemos en cuenta que una dehesa adulta mantiene una densidad nunca mayor de 70/80 pies por ha, incluso se considera como densidad idónea un número de árboles no superior a 40/45 por ha, es evidente que la primera actuación a realizar es la adecuación de la densidad al sistema 'dehesa' y realizarla con la máxima celeridad. Si no se actúa de inmediato mediante el aclareo necesario y la poda de los pies a mantener, en unos años será demasiado tarde, habremos perdido capacidad productiva y difícilmente podrá realizarse una poda de formación para la producción de bellota y/o corcho sin dañar los árboles, eso sí, tendremos un precioso bosque.

Nos estamos jugando más de 70.000 hectáreas de nuevas dehesas: O seguimos la corriente conservacionista actualmente imperante que, irremediablemente convertirá nuestras forestaciones en bosques frondosos sin sentido ni rentabilidad, o nos ponemos en marcha para convertir con ciencia, urgencia y sentido común aquellas repoblaciones en dehesas.

Las referencias sobre el perjuicio de una densidad alta para conseguir una dehesa y, más aún, una dehesa de calidad se cuentan por cientos en la doctrina, que hace especial hincapié en las siguientes aseveraciones: 1) El arbolado de las dehesa debe tener una espesura incompleta que permita tanto, la insolación sobre el suelo y por tanto el crecimiento de la hierba, como una escasa competencia entre los pies.

2) Una referencia sobre la densidad que compone la estructura del vuelo arbóreo de la dehesa es del orden de 20 a 100 pies / ha siendo inversamente proporcional dentro de esos parámetros, la calidad con la mayor densidad, es decir a mayor calidad de suelo y pastos, menores densidades de arbolado.

3) La distribución del arbolado en la dehesa tiende a buscar la máxima distancia entre pies para maximizar ese efecto favorable del árbol sobre la hierba y reducir al mínimo la competencia entre pies.

4) La poda se realizará quedando la copa en forma circular, de forma que al estar mejor iluminada en su conjunto y predominar las ramas colgantes perimetrales, producen mucha mayor cantidad de bellota.

El criterio de la doctrina no deja lugar a dudas. Para conformar una dehesa es necesario conseguir en el menor tiempo posible una densidad ad hoc que consiga el equilibrio entre la máxima producción de bellota y de pasto y también, en su caso, no lo olvidemos, la máxima calidad de corcho.

La necesaria conversión de las forestaciones en dehesas debiera, contrariamente a lo que ocurre en este momento, impulsarse desde la Administración extremeña. La otrora llamada Consejería de Agricultura, desde la dirección general que rige la dehesa debería, a nuestro juicio, crear una sección específica para llevar a cabo este objetivo, potenciando fórmulas para ello y arbitrando una transición ordenada, indubitada y científica, que convierta aquellas repoblaciones en nuevas dehesas.