BEBIDAS-ALIMENTO, CON ALCOHOL

Cerveza, vino y sidra son compatibles en el mercado, pero no cabe duda de que todos compiten por conseguir un mayor espacio en el mercado de vida social y tiempo libre

JUAN QUINTANAANÁLISIS AGRARIO

LA cerveza y el vino están reconocidos como alimentos dentro de nuestro marco legal, algo que también es aplicable a otras bebidas alcohólicas provenientes de la fermentación, como la sidra. Esta calificación no siempre es bien entendida.

Según algunos detractores, induce al aumento de su consumo, ya que la connotación que tiene la palabra alimento no es la misma que bebida alcohólica. Lo que sucede es que ambas acepciones son compatibles. La fermentación de los azúcares de los frutos es un proceso que también se produce en la naturaleza y que los modifica, pero que no les hace perder su esencia de alimento. Pero no nos engañemos, la cerveza, el vino y la sidra son de los pocos alimentos que no se compran para alimentarse.

En todo caso, y dejando este interesante debate a un lado, no hay que esconder que se trata de alimentos con alcohol. Por tanto, su consumo debe ser moderado, de manera similar a lo aconsejado para otros productos cuya ingesta de forma continua o en exceso son perjudiciales para la salud.

Sin embargo estas bebidas-alimento tienen la singularidad de su estrecha relación con el ocio y el esparcimiento. Son consumidas en buena parte fuera de casa, en grupo, en celebraciones o en momentos de relax. En este sentido, la Asociación de cerveceros de España ha vuelto a publicar este verano un interesante estudio sobre el consumo de cerveza. En la actualidad la preferencia es clara y la cerveza se consolida como prioridad del consumidor en este segmento. El consumo en nuestro país es superior a los 4.000 millones de litros, y sigue subiendo.

Según el Observatorio español del mercado del vino, su consumo ha venido cayendo históricamente, si bien es cierto que a partir de 2007 el descenso ha sido menor y ha pasado de 1.100 millones de hectolitros a los aproximadamente 1.000 millones consumidos en la actualidad; una bajada del 9%, que no es poca cosa.

El tercero en discordia es la sidra, que aún creciendo, está muy lejos del vino y la cerveza; a pesar de ser el quinto país europeo que más sidra produce, solo por detrás de Alemania, Francia, Reino Unido e Irlanda, se obtienen alrededor de 80 millones de litros, por encima del consumo nacional.

La realidad es que la cerveza hace décadas que adelantó al vino como alimento alcohólico preferido por los españoles. Se podría pensar en que la unión hace la fuerza y que el sector de la cerveza no se encuentra atomizado en numerosas denominaciones de origen. Pero este argumento es muy cuestionable, porque la publicidad de la cerveza se hace por marcas, de la misma manera que la del vino se hace principalmente por denominaciones de origen.

Quizás lo que ha sucedido es que las marcas de cerveza han invertido mucho más en publicidad que las denominaciones de origen de vino, o que la marca de cerveza es fácilmente identificable en un lineal mientras que no lo es tanto el nombre de la denominación de origen del vino, siempre menos visible que la marca de bodega. Por ende, siendo la marca de bodega la imagen más visible de la etiqueta, muy pocas bodegas han destinado recursos significativos a publicidad. Además, hay muchísimas más bodegas que marcas de cerveza, lo que dificulta todavía más la identificación de producto por parte del consumidor.

Cerveza, vino y sidra son bebidas compatibles en el mercado, pero no cabe duda de que todos compiten por conseguir un mayor espacio en este mercado de vida social y tiempo libre.