El cereal extremeño afronta una incierta campaña por producción y precios

La excelente cosecha del año pasado alivió a un sector que siembra en algo menos de 290.000 hectáreas y que tiene en la Campiña Sur a su principal referencia

Dos trabajadores de la cooperativa AgroLlerena en una de las naves en las que se almacena cereal en este municipio de la Campiña Sur. :: BRÍGIDO
Celestino J. Vinagre
CELESTINO J. VINAGRE

Cándido Méndez tiene 55 años y es natural de Casas de Reina, municipio de la Campiña Sur pacense. Es la comarca cerealista por excelencia de Extremadura. Afincado en la vecina Llerena, comparte con Antonio Mateos, de 47 años, profesión, cooperativa y reflexiones sobre el cultivo con el que se ganan la vida. «Este año va a ser tremendamente malo. Se junta el hambre con las ganas de comer en el cereal de secano», explica gráficamente Méndez, gerente de la cooperativa AgroLlerena y comarca, la sociedad en torno a la que se unen 200 productores de cereal del sureste regional.

«La tendencia es que cada vez se siembre menos. Es un sector especialmente golpeado por casi todo», remata como primer mensaje Fermín Suárez, agricultor de Villanueva de la Serena y responsable de la Sectorial de Cultivos Herbáceos de Cooperativas Agro-alimentarias de Extremadura.

Una previsión de producción pésima, con muchas hectáreas que se van a dejar sin cosechar porque el cereal no ha crecido bien, y, otra vez, bajos precios forman la tormenta perfecta para que el sector del cereal extremeño asuma con más inquietud que nunca un inminente inicio de campaña.

Inminente porque, frente a lo ocurrido durante la primavera pasada, en esta ocasión las cosechadoras empezarán a entrar en las parcelas con casi toda seguridad a lo largo de este abril. Con un mes de anticipo sobre lo habitual y deseable.

«Lo de la campaña pasada fue extraordinario en cuanto a producción. El cereal enraizó bien en los meses de invierno y las lluvias que cayeron entre marzo y abril favorecieron muy bien la cosecha. Jamás hemos tenido un año tan bueno en cuanto a kilos como el de 2018. Gracias a eso se pudo compensar los bajísimos precios que nos siguen pagando», especifica Suárez.

Cooperativas Agro-alimentarias de Extremadura, en su avance estadístico sobre la campaña pasada, prevé una producción final de 1.404.907 toneladas de cereales en la comunidad autónoma. Un 18% más que en 2017 y, sobre todo, un 20% que la media de las tres últimas campañas.

«Alguna alegría nos tenemos que llevar de vez en cuando los agricultores de cereales», comenta Méndez rememorando el año pasado mientras camina por las naves de la cooperativa de Llerena, constituida hace diecinueve años con el objetivo de dar un mejor soporte a los cerealistas de la Campiña Sur extremeña.

Sin cambios

Con capacidad para almacenar siete millones de kilos, la realidad ahora es que quedan ya pocos granos en sus instalaciones gracias a los pedidos. «El problema del sector no es, en sí mismo, las ventas. El problema es lo que nos pagan», remarca Antonio Mateos. En esta campaña cuenta con 86 hectáreas sembradas de cereal «aunque ya sé que bastante de ellas no merece la pena cosecharlas».

Sostiene que se sembró bien, con normalidad, entre octubre y noviembre, pero le ha faltado la lluvia de invierno y primavera y le ha sobrado la temperatura media tan elevada de los últimos dos meses. Cuenta que el viento solano (del este) habitual de las últimas semanas «ha sido la puntilla. Solo se podría remediar algo la cosecha si llueve medio bien en los primeros quince días de este mes».

90.000 hectáreas para cultivos herbáceos, una tercera parte de la región

Abundan las explotaciones de poca dimensión y las cooperativas tampoco tienen un gran músculo

Mateos concreta que se podrá «salvar parcialmente la producción en las tierras que nosotros llamamos vegas en la Campiña Sur, las que están en zonas bajas y el cereal todavía puede aguantar algo más la falta de lluvia. Pero en las tierras más altas y cortas de suelo eso es ya irrecuperable».

«Es muy difícil ir tirando con el cereal solo. Y cada día nos lo ponen más complicado. Esto está en manos de multinacionales, que son las que fijan el precio. Y es un precio como el que nos pagaban hace tres décadas», narra el responsable de herbáceos de Cooperativas Agro-alimentarias.

«No exagero porque me casé hace 33 años y recuerdo perfectamente lo que pagaban entonces por el trigo o la cebada y es lo mismo que ahora», añade el villanovense Fermín Suárez. Esos bajos precios se resumen en que por kilo de trigo «nos abonan entre 20 y 30 pesetas, como mucho y por cebada quizás algo más. Cuando yo me casé hace 33 años pagaban por el cereal lo mismo».

Prácticas de ventas

«Todo es más complicado cuando al precio le suman los costes de producción. Y son infinitamente mayores que los de hace 30 años. Cualquier persona que viva del campo sabe que un año o dos malos lo puedes soportar pero muchos seguidos.... A veces me dan ganas de jubilarme ya», dice Mateos, entre irónico y serio. «Ninguno de mis dos hijos quiere dedicarse a esto. Los entiendo», remarca con tristeza.

En cambio, Cándido Méndez tiene dos vástagos que siguen su camino. «Creo que tiene muchísimo mérito en las condiciones actuales. El cereal es importantísimo para la agricultura en general pero en particular para la Campiña Sur, es su vida. Aquí tenemos una tradición de siglos como cerealistas y tendremos unas 90.000 hectáreas para cultivos herbáceos (de las 290.000 del total regional) pero es evidente que cada año, si se puede, se siembra menos», afirma.

AgroLlerena está centrada en el sector de los cereales pero no exclusivamente. También buena parte de sus socios son olivareros. «Necesitamos un cultivo complementario porque solo con el cereal no da», remarca el gerente de esta sociedad.

El sector extremeño del cereal está especialmente atomizado, con explotaciones de poca dimensión. No existe tampoco una estructura cooperativizada fuerte como, en cambio, sí existe en otros subsectores agrícolas extremeños. Una dificultad añadida en una región como la extremeña que normalmente suele aglutinar el 6% de la producción nacional y que cultiva fundamentalmente trigo, avena y cebada.

Se pagan precios de hace tres décadas mientras que los costes de producción son mucho más altos

Los cerealistas reclaman poder acceder a ayudas como las integradas para mejorar su renta

La estadística de Cooperativas Agro-alimentarias avanza que la campaña pasada se obtuvieron 276.138 toneladas de trigo blando, 252.584 de cebada y 234.430 de avena. «No hay ningún tipo de cultivo herbáceo que sobresalga en estos momentos, que empuje al agricultor a optar más por él que por otro», lamenta Suárez.

Ni siquiera el hecho de que España sea un país deficitario en cuanto a producción de cereales y necesite importar alrededor de 11 millones de toneladas anuales para abastecer el mercado nacional sirve como evidencia para mejorar las economías de los cerealistas extremeños.

Cuentan desde el sector que la práctica habitual es que cada año se siembre cereal sin saber de antemano el precio que se recibirá por él. No solo eso. «No sabemos hasta pocos días antes lo que nos pagarán tras recibir el aviso de la necesidad de un pedido. Lo normal es que te llamen avisando que en unos días llegará a la cooperativa un camión para cargar tantas toneladas y a este precio. Y no tenemos margen apenas para negociar», resalta el gerente de la cooperativa llerenense.

Mateos pone el foco también en los costes de producción. «Para que sea rentable más o menos se deberían sacar unos 2.500 kilos por hectárea. Y eso solo ocurre en años como el pasado, con auténticos cosechones. La realidad de esta campaña es que muchas parcelas ni se van a cosechar porque el cereal no ha criado bien», indica.

BRÍGIDO

Fermín Suárez valida ese comentario y añade que «esta campaña, quien pueda, las parcelas de cereal no van a ser para que se metan ahí las cosechadoras sino para meter el diente», en referencia al aprovechamiento ganadero, con la entrada de animales que se coman lo que allí ha germinado deficientemente y no es apto para ir a un almacén.

«En la Campiña Sur eso es también otro problema añadido porque no muchos agricultores son ganaderos a la vez y tienen ganado para aprovechar, si viene mal el año, la parcela como alimentación animal», especifica Cándido Méndez.

El gerente de la cooperativa de Llerena enumera un obstáculo más para los productores extremeños de herbáceos. Indica que los cerealistas se sienten discriminados respecto a otros sectores agrícolas al no poder optar a las ayudas de producción integrada. Son las que premian prácticas de producción natural, casi ecológicas.

«La tienen en el tomate, el tabaco, el olivar, el pimentón, los frutales... Me parece muy bien por los agricultores que pueden acceder a ellas pero que los de cereal no podamos optar a esas ayudas me parece una injusticia añadida», finaliza Méndez.