Arroz extremeño para las mesas de España y Portugal

Arroz extremeño para las mesas de España y Portugal

Extremadura es la segunda productora nacional de arroz; su calidad es tan buena como la de cualquiera de España y de Europa, pero el sector vive debates, alguno viejo, sobre comercialización, sobre cómo asociarse sus productores o cómo cultivarlo

ANTONIO TINOCO

El arroz extremeño es como ese adolescente que tiene un buen currículum escolar, una inteligencia y fuerza de voluntad que le permiten abordar las más exigentes carreras universitarias, pero se debate sobre cómo encarar alguno de los retos que tiene ante sí. La paradoja es que no se trata de un cultivo adolescente en nuestra región, pues lleva décadas implantado. Hay en Extremadura 36 municipios productores de arroz. El mayor peso en superficie y producción se concentra en las Vegas Altas, donde forma parte de los cultivos básicos de la zona junto con el maíz, los frutales y el tomate.

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La superficie de cultivo del maíz, tomate y arroz va cambiando en razón de las expectativas económicas que genera cada uno de ellos. La producción media de una hectárea de arroz está entre las 7 y 8 toneladas, y la rentabilidad es muy variada, según las zonas, pero Félix Liviano, presidente sectorial del arroz de las Cooperativas Agroalimentarias de Extremadura señaló en una entrevista a el diario.es que el precio por tonelada ronda los 300 euros, una cantidad que está condicionada por la tensión a la baja que provoca, en toda Europa, la fuerte competencia del arroz asiático.

Las certezas del sector del arroz extremeño son rotundas: con sus aproximadamente 25.000 hectáreas de cultivo y sus 175.000 toneladas de producción, según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Extremadura puede permitirse el lujo de sacar pecho ante todo el Mediterráneo, la zona española que, quizás debido a la asociación que hacemos entre el cultivo del arroz y La Albufera valenciana, donde se cultiva desde el siglo XIII, es considerada falsamente como el granero arrocero de España. La realidad es que de las 110.000 hectáreas cultivadas en España, Andalucía es la primera productora con alrededor de 40.000 hectáreas y 180.000 toneladas (algunos años se ha producido un descenso de la superficie cultivada y ese primer puesto lo ha ocupado nuestra región); Extremadura la segunda; Cataluña la tercera, con 21.000 hectáreas y 136.000 toneladas y la Comunidad Valenciana, la cuarta con 15.000 hectáreas de cultivo y 100.000 toneladas de producción.

Otra certeza indiscutible es que la calidad del arroz extremeño -tanto el largo, que constituye el 70% de la producción, como el redondo, el 30% restante- es tan alta como la de cualquier otra zona arrocera. «Puede asegurase que el arroz extremeño forma parte de las comidas que se hacen en cualquier punto de España y Portugal. Su calidad se lo permite, pues no tiene nada que envidiar a los de ninguna zona arrocera de España y de Europa ni en calidad del producto, ni en garantía de trazabilidad ni en técnicas de producción en envasado », señala Alonso Ruiz Sánchez-Barroso, director gerente de Extremeña de Arroces, la empresa que aglutina la mayor parte de la transformación y comercialización del arroz extremeño.

Lo más fácil de entender sobre la calidad y penetración en el mercado nacional del arroz extremeño lo explica el dato de que constituye la base de las marcas de arroz más consumidas que se ven en cualquier supermercado.

Denominación de origen

Precisamente la alta calidad del arroz extremeño es la que alimenta uno de esos debates que se prolongan en el tiempo y sobre los que el sector todavía no tiene una respuesta clara: se trata del debate sobre la denominación de origen. ¿Sería positivo que el arroz extremeño creara una denominación de origen protegida, como las de Calasparra, Arroz del Delta del Ebro y Arroz de Valencia, que son las tres existentes?

Esa pregunta lleva formulándose más de una década: desde que en el 2005, Manuel Rodríguez, gerente de Extremeña de Arroces y de Acorex la planteó en razón de la importancia de la extensión del cultivo y de su contrastada calidad. Es una cuestión que aparece y desaparece como las propias aguas del Guadiana que inundan la mayor parte de las parcelas arroceras extremeñas. La última vez que resurgió fue con motivo de la constitución, en la edición de Agroexpo de este año, de la Mesa del Arroz, una plataforma en la que están representados el sector productor, el sector industrial y el comercializador.

Allí se apostó por la creación de la denominación de origen del arroz extremeño basándose en el principal elemento diferenciador de las otras tres denominaciones de origen existentes: se trataría del único arroz certificado que se nutre del cauce medio del río, cuyas aguas son de mayor calidad que las de las otras denominaciones, cuyo arroz se cultiva en agua de delta o en zonas de aguas relativamente quietas.

Sin embargo, la denominación de origen para el arroz extremeño -cuya reivindicación es también defendida por la Asociación de Cocineros de Extremadura como elemento que acentuaría el prestigio de la gastronomía regional-, no encuentra unanimidad. El gerente de Extremeña de Arroces cree que, «aun siendo interesante la denominación de origen, los esfuerzos de promoción que nos exigiría darla a conocer deberían destinarse a destacar el origen español de nuestro arroz. En denominaciones de origen hay productos muy especiales, que aportan una diferencia, pero el arroz es un alimento básico para la mitad de la humanidad y se mueve en un contexto de mercado internacional muy competitivo. Nuestros competidores están en Asia y nuestra producción nacional se exporta en un 50%. Yo creo que es este el marco en el que deben hacerse los esfuerzos de promoción. A un francés o a un chino, nada le dice un arroz de Extremadura, como no le dice nada un arroz del Delta del Ebro. En cambio, sí es garantía de calidad un arroz origen España».

El resumen de la posición de Alonso Ruiz en relación a la denominación de origen del arroz extremeño es que «no merece la pena el esfuerzo que se invierte en crear una denominación de origen, porque no se trata de crearla y ya está. La tienen que aprobar en razón de unas particularidades de ese arroz que no son fáciles de cumplir».

Por otro lado, la crisis de Acorex ha dejado un mar de dudas, entre otros, al sector del arroz. Como se sabe, el modelo Acorex era el de aglutinar una diversidad de sectores. Tenía vocación de dirigir los esfuerzos de producción y comercializacin del sector primario extremeño. Este modelo, a pequeña escala, se mantiene en organizaciones como Acopaex, una cooperativa de segundo grado que aglutina a otras 14 de primer grado de diferentes sectores: aceite, fruta, tomate, maíz, cereal (entre ellos, el arroz, cuya producción ronda las 6.000 toneladas anuales); Acopaex fue, además, parte muy importante de Acorex. Ahora, los rescoldos de Acorex buscan de nuevo acomodo en otras cooperativas de similar enfoque, como la andaluza Dcoop.

Sin embargo, frente a esta alternativa, el gerente de Extremeña de Arroces defiende la de asociarse por sectores. «Creo que para el sector del arroz sería un error volver a repetir un modelo como el de Acorex. La unión es imprescindible, pero precisamente porque lo es tiene que hacerse en torno al sector. Es decir, el arroz debe unirse con el arroz, independientemente del origen geográfico de las cooperativas. Porque el negocio del arroz es distinto al del maíz o al del tomate. Cuando un agricultor forma parte de un proyecto cooperativo debe esperar que ese proyecto saque el mayor rendimiento posible de su actividad y lo retorne en su beneficio. Y eso sólo se logra con la especialización».

¿Riego por aspersión?

Como se ha dicho, el sector del arroz extremeño, asentadas la producción y la calidad, mantiene vivos debates sobre cómo abordar el futuro. Pero si hay uno que llama la atención hasta para quienes no son arroceros, es el que abre la posibilidad al riego por aspersión de un cultivo que si se caracteriza por algo es porque siempre ha necesitado que la tierra esté inundada de agua para prosperar.

La idea del riego por aspersión se conoció en febrero del año pasado, cuando se difundieron las conclusiones de la tesis doctoral del ingeniero agrónomo Javier Sánchez Llerena, defendida en la Uex, según las cuales si el arroz se regara por aspersión en lugar de por inundación, los rendimientos serían similares y el ahorro de agua rondaría el 75%, reduciéndose también costes de producción y emisión de gases de efecto invernadero, exposición a los herbicidas y facilitando la rotación de tierras. El estudio se había llevado a cabo entre 2011 y 2014 en una finca de Madrigalejo.

El pasado 22 de junio, la Confederación Hidrográfica del Guadiana celebró en Mérida unas jornadas para dar a conocer a los arroceros dicho estudio, que también está envuelto en polémica: en Valencia pusieron el grito en el cielo en cuanto lo conocieron (incluso llamaron «iluminado» a su autor).

Aquí nadie lanza esos calificativos sobre el ingeniero Sánchez Llerena, pero son cautelosos. En primer lugar porque en la finca donde se ha hecho el estudio nunca se ha cultivado arroz, y el agua se ha tenido que bombear, y porque no está determinado que el sistema de siembra directa tenga resultados iguales a los de ahora. «Además, dice Alonso Ruiz, esa experiencia no es una referencia de producción para el sector, cuyo rendimiento medio por hectárea es de entre 7 y 8 toneladas». El gerente de Extremeña de Arroces apunta también que cuando se establece el ahorro de agua entre el sistema de aspersión y el de inundación no se tiene en cuenta que, en el caso de las Vegas Altas, una parte del agua que inunda el arrozal vuelve al canal de Orellana y se reutiliza.