El aceite de oliva busca soluciones

El aceite de oliva busca soluciones

La situación del mercado es compleja y demasiado variable, y su singular funcionamiento afecta a los precios en los lineales de este producto, en la actualidad mucho más bajos que en anteriores campañas y que en otros países de nuestro entorno

JUAN QUINTANA

EL aceite de oliva es uno de los iconos de la alimentación española, junto con el jamón ibérico, nuestras frutas y hortalizas, el vino, etcétera. En el caso del vino, quizás con más nombre dentro de nuestras fronteras que fuera, donde los franceses e italianos han jugado mejor sus cartas. Algo, por cierto, que también ha sucedido con el aceite de oliva español, superado por una mejor gestión italiana del marketing internacional. Además, en el caso del aceite de oliva, con más delito, ya que si en vino históricamente Francia e Italia han sido mayores productores, no sucede así con la obtención de aceite, ya que España cuenta con la mitad de la producción mundial.

La situación del mercado es compleja y demasiado variable, y su singular funcionamiento afecta al precio en los lineales de este producto, en la actualidad mucho más bajos que en anteriores campañas y que en otros países de nuestro entorno. Por otro lado, la expansión de las marcas blancas presiona a la baja el precio del aceite de oliva en el gran comercio, al igual que sucede en otros productos.

La situación productiva es de una muy buena cosecha en España, lo que podría justificar la bajada de precios. Lo que sucede es que esta alta producción se ha visto compensada por una caída en el resto de los países olivareros.

En este escenario y dado que se trata de un sector global donde además existe mercado de futuros, lo normal sería que el precio en España, Italia y otros países próximos, fuera similar. La realidad es que en Italia se compra en campo a más del doble que en España. Esta situación lleva a nuestros productores a estar en el límite de rentabilidad y a mirar con recelo lo que sucede en el mercado.

Un problema añadido para el sector de cara al futuro es que los altos precios de los últimos años han favorecido las nuevas plantaciones que, pese a no haber entrado todavía en plena producción, aumentarán la oferta en el medio plazo. Todo ello en un contexto en el que baja el consumo interno, lo que obliga a reforzar la estrategias en el exterior para incrementar de forma sustancial las exportaciones.

El Ministerio de Agricultura ya ha comunicado que en menos de cinco meses estará preparada la normativa que regulará el almacenamiento privado de aceite de oliva. Es una iniciativa necesaria ya que los precios que desencadenan este mecanismo a nivel europeo no están actualizados y cuando se activan ya se ha superado el umbral real de rentabilidad de buena parte de las explotaciones. Sin embargo, no basta con mejorar el sistema de almacenamiento, es importante que el sector se autorregule y ajuste su producción a la demanda, tal como ya hacen alguna zonas productoras de vino. Es un reto complejo, ya que no es lo mismo que lo gestione una denominación de origen bien organizada, como por ejemplo la DOC Rioja, que el hacerlo en un sector mucho menos organizado y a nivel nacional.

Además de la singularidad del mercado, que impide que haya estabilidad en los precios, este producto tiene otras características diferenciales. Por ejemplo, el aceite de oliva virgen extra es el único alimento que necesita pasar un panel de cata para obtener su distintivo. Es decir, un aceite de oliva virgen extra puede dejar de serlo, a pesar de haberse obtenido por medios físicos y de tener un grado de acidez por debajo del máximo permitido. Esto sucede si no pasa una cata humana, en cuyo caso quedaría calificado como aceite de oliva virgen. Sin duda es un modelo subjetivo, por riguroso que sea el sistema, el panel de catadores y las valoraciones, y que por tanto deja abierta una puerta a la duda. Es cuando menos extraño, sobre todo en un modelo alimentario basado en datos objetivos.