«Es más fácil vender una actividad a alguien de fuera que a un extremeño»

Cati Bustillo es sumiller y empresaria . :: g. c./
Cati Bustillo es sumiller y empresaria . :: g. c.

Con una amplia experiencia en el mundo del vino, ahora con su empresa 'CataconCati' organiza catas, cursos y rutas, asesora a restaurantes y trabaja con administraciones

G. CASARES ALMENDRALEJO.

Los designios de la vida han llevado a esta extremeña, diplomada en Magisterio, a dedicarse al mundo del vino al más alto nivel, siendo una de las pocas mujeres sumiller en Extremadura, formada, además, en la Cámara de Comercio de Madrid, con los mejores maestros. Ha trabajado en exportación, en varias bodegas y ahora ha montado una empresa de enoturismo.

¿Cómo llegó al mundo del vino?

Pues porque mi formación en idiomas y los conocimientos que adquirí viviendo en varios países anglosajones me llevaron a trabajar en la cooperativa de mi pueblo, Ribera del Fresno, en temas de exportación de vinos. De ahí pasé al departamento comercial de las bodegas Alvear. Además, desde el principio quise compaginar mi trabajo con cursos de vino y de cata, porque creo que cuando trabajas en algo debes empaparte al máximo. Y así fue como poco a poco fui adquiriendo más conocimientos en el mundo del vino.

¿Y para ser sumiller, cómo se aprende?

En la última etapa, he estado trabajando con una bodega en Madrid durante cinco años. Y allí, como ya tenía la idea de montar mi propia empresa, entré en el curso de la Cámara de Comercio, un año todas las tardes y lo dan los mejores expertos de España en el sector del vino. Y a partir de ahí, seguir formándose. Y los cincuenta que estábamos en el curso están en los mejores restaurantes de Madrid, al máximo nivel.

¿Se puede vivir del mundo?

Cuesta, pero sí. Yo ahora estoy sembrando. En un principio, te cuesta sembrar, porque hasta que la gente vea el enoturismo como una actividad más, como ir al cine o al teatro, cuesta trabajo que queden para una cata de vino, pero el futuro está ahí.

¿Y cómo está ahora el enoturismo en Extremadura?

Bueno, está arrancando. Yo organizo visitas a bodegas, cursos de cata, cursos de formación, asesoro a gente que quiere completar la bodega de vinos de casa o a elaborar una carta de vinos de algún restaurante, y también trabajo para las administraciones públicas. Sin embargo, ahora es más fácil venderle una actividad a alguien de fuera de Extremadura que a un extremeño.

¿Ve futuro en el enoturismo en Extremadura?

No puedes decir 'voy a organizar una actividad de cata', al estilo de siempre. La gente busca una actividad relacionada con el vino, pero también divertirse, que sea en un ambiente lúdico, así que la tienes que adornar un poco. Si es en tu tiempo libre, pues hay que meter algo de música, por ejemplo, como en la cata que vamos a organizar el viernes que viene en las bodegas Romale, o una barbacoa si es a mediodía. Las catas técnicas no se pueden dar así, porque necesitas que la gente parta de un nivel.

¿ Qué consejo le da a las personas que les gusta el vino o quieren introducirse?

A mi me gusta que la gente experimente. A veces pides una marca o una zona, porque tú sabes que te gusta, pero creo que hay que ir probando vinos nuevos. Por ejemplo, a mi me gusta probar los vinos, incluso sin mirar la etiqueta. Yo suelo primero probar el vino, y me gusta que los vinos me sorprendan, luego ya miro la marca para ver cuál es.

¿Y cómo se le coge el gusto al vino?

Tú piensa que a la mayoría de la gente le gusta la cerveza, y mira que es amarga. Así que el vino es más fácil que le guste a la gente. Lo que sí, lo aconsejable es comenzar a probar un vino fácil, como los semidulces, los blancos fresquitos. Y después ir probando los rosados y los vinos tintos jóvenes. Aunque si a la gente le gusta más el tinto, pues perfecto, que vaya probando.

A su juicio, ¿qué nivel tienen los vinos extremeños en estos momentos?

Yo en Madrid organizaba muchas catas a ciegas, y siempre había vinos extremeños con las etiquetas tapadas. Pues entre los diez vinos, siempre eran los segundos o los terceros que más le gustaban a la gente y luego se sorprendían cuando venían las etiquetas. Lo que no puede ser es que en Madrid la gente sepa más de vino extremeño que aquí, en la zona. Yo creo que últimamente han avanzado bastante. A mí me sorprenden los vinos jóvenes, que yo creo que no le tienen nada que envidiar a los del resto de España.

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