El Badajoz se acoge a la Ley Concursal

Se trata de una medida para garantizar la continuidad del club

J. P.BADAJOZ

El Badajoz se propone acabar con su deuda histórica. Y el único camino posible pasa por acogerse a la Ley Concursal. Una medida cada vez más solicitada por los clubes con problemas de liquidez. En un principio todo son ventajas. Primero porque el objetivo de esta norma es garantizar la continuidad de las entidades. Segundo porque de lo que se trata es de alcanzar acuerdos con los acreedores para reducir la deuda y aplazar los pagos. Y por último porque una vez cerrado el procedimineto no pueden aparecer más reclamaciones ni embargos y la deuda que quede reflejada en la causa concursal automáticamente queda 'congelada'. Esto quiere decir que no puede crecer más por intereses o recargos como en el caso del Badajoz viene sucediendo desde el funesto trienio 1999-2000-2001. En una década, la bola de nieve se ha disparado hasta rondar los ocho millones de euros.

El club ha preparado toda la documentación y estará lista para presentarla en el Juzgado de lo Mercantil de Badajoz la próxima semana. Pero este proceso no es sencillo. La Ley Concursal se creó para reflotar empresas o sociedades sin solvencia económica. Pero si no se alcanza un acuerdo con los acreedores la entidad entraría en fase de disolución. «El concurso de acreedores es una medida necesaria e imprescindible para la supervivencia del club. Existen muchos obstáculos y tenemos que ser conscientes de que también hay riesgos porque puede desaparecer», precisa Íñigo Landa, co-propietario y abogado del club decano de los extremeños.

Es una salida que han tomado otros 16 clubes españoles con problemas de liquidez, entre ellos el Mérida. Aunque las circunstancias del Badajoz son distintas a la de otros clubes. El motivo es que sus principales, y casi únicos, acreedores son Hacienda y Seguridad Social. Por lo que este complejo entramado parece allanarse. Apenas tiene que negociar con dos entidades. No parece lógico que se cierren en banda y se queden sin cobrar. «Es la única manera de regularizar las deudas y que Hacienda y Seguridad Social puedan perdonar el 50 por ciento de la deuda. Se podría decir el Estado tiene en sus manos la continuidad del club, pero si desaparece no cobrarían nada», añade. En ese sentido, el gran aval con el que cuenta para que las negociaciones se lleven a buen término es que el club es propiedad de la recién constituida Fundación del CD Badajoz y tiene entre sus patronos a la Junta de Extremadura y en breve se sumarán Ayuntamiento, Cámara de Comercio de Badajoz y dos firmas muy importantes. «Esto quiere decir que la gestión del club estará controlada por las instituciones, que se hará una gestión profesional y responsable. Hacienda y Seguridad Social tienen que ver que el Badajoz es de la ciudad», apunta Landa.

¿Pero cómo se desglosa esa deuda? Con Hacienda el montante asciende a unos 7 millones de euros, mientras que con la Seguridad Social está cercana a los 800.000 euros y unos 200.000 euros repartidos entre los pequeños acreedores.

El proceso concursal tiende a pactar una quita (reducción de hasta un 50 por ciento) y una espera (aplazamiento para pagar la deuda en función de la categoría). Los pasos a seguir serían presentar la documentación en el Juzgado de lo Mercantil donde quede demostrado la insolvencia económica del club, acreditar las deudas, explicar cómo se ha llegado a esa situación y presentar un estricto plan de viabilidad para saldar la deuda. El juez da de plazo un mes para que los acreedores acrediten su deuda con el club, nombra a un administrador judicial para que supervise las cuentas y controle la gestión del club y se inicia la causa concursal. Esta figura tendrá que elaborar conjuntamente con el club una lista de acreedores que una vez en marcha el proceso quedará cerrada. Esto significa que no podrían aparecer más acreedores ni que se le puedan embargar ingresos como subvenciones, patrocinio, televisión o taquillas. «En el momento del proceso la deuda se paraliza. Hasta ahora esas cantidades crecían una barbaridad cada año por intereses y recargas. El concurso es el instrumento adecuado», expone Íñigo Landa. Tampoco afectaría al funcionamiento del club, a cumplir con las mensualidades de la plantilla, ni les impediría hacer fichajes del mercado de invierno. Al tratarse de un concurso voluntario, esto es que parte por iniciativa de la entidad, el administrador no puede desautorizar al Consejo de Administración ni interferir en la parcela deportiva.

Por resumirlo de una forma sencilla, su función se limita a controlar las cuentas con el fin de que no se gaste más de lo que tiene. La parte crucial del proceso es negociar un acuerdo con los acreedores. Si se consigue, el concurso finaliza con la firma de un convenio donde se establecería un calendario de pagos entre las partes de obligado cumplimiento. Si no se alcanzase un acuerdo o se incumple con los pagos del convenio, el club entraría en causa liquidación como paso previo a la disolución y posterior desaparición. Ese es el riesgo y en el Nuevo Vivero lo reconocen, aunque consideran que es una opción muy remota, ya que no existen casos en los que Hacienda y Seguridad Social hayan rechazado la propuesta de liquidar la deuda en fase de concurso. Y como son sus únicos acreedores, esa es la principal baza que juega el Badajoz para garantizar su futuro y su gran esperanza.

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