Facebook

DIEGO ALGABA MANSILLABADAJOZ

«¿Todavía no eres de Facebook?», me dijo un amigo. «Ahora mismo te envío un correo para que formes parte del grupo». Acepte y ahora soy amigo de un presidente autónomo, de un futuro alcalde, de una periodista de radio, de varios de prensa, de un miembro de Cruz Roja, de una ATS, de dos maestros, de cuatro amas de casa, de un portugués e incluso de mi jefe. Veo sus fotos, las de sus hijos, las de sus calderetas y las de sus casas. Todos somos amigos según Facebok. Puedo escribir en la página en blanco de cada uno de ellos; se llama muro y que me hace sentir como un grafitero clandestino. En Facebook todos somos amigos, una palabra que ha evolucionado semanticamente desde la edad media; las cantigas de amigo eran poemas puestos en boca de una mujer que se lamentaba de la ausencia del amado. La palabra amigo cobra una dimensión desproporcionada en la adolescencia y respetuosa en la madurez. En Facebook se utiliza con frescura. He dedicado una tarde a indagar en la vida privada de gente que conozco y de la que no conozco; he visto fotos de gente que admiro y de gente que odio. Y me han felicitado porque en dos días llevo 15 amigos como si la cantidad fuese más importante que la calidad. Quizás esté llegando demasiado tarde a las cosas por dedicar mi tiempo a lo de siempre.