Caval, la excepción de las cooperativas

Acostumbrado a décadas de olvido y maltrato, el campo ha aprendido a adaptarse a las dificultades Por el momento, la crisis sólo ha llevado a suspender pagos a una pequeña sociedad de este tipo

LUIS EXPÓSITOBADAJOZ.
Trabajadoras en la cooperativa Crex de Valdivia. ::                             HOY/
Trabajadoras en la cooperativa Crex de Valdivia. :: HOY

«Lo de Caval es la excepción dentro del sector». Se dice en los despachos de las cooperativas, en las básculas de la fruta y en los bares de los pueblos. La crisis también afecta a las cooperativas, qué duda cabe, como lo hace al resto de la economía. Pero el campo tiene una capacidad de aguante inimaginable, acostumbrado a miles de problemas y décadas de olvido institucional. Por eso, el caso de Caval resulta la excepción. Se comenta a media voz en los corrillos del sector, pero quizás quien lo haya expresado de forma más clara es la vicepresidenta de la Junta, Dolores Aguilar, cuando decía que su situación «no deriva de la crisis, sino que viene de largo».

El campo viene sufriendo menos la actual recesión, así lo ha contado este diario y lo indican los principales indicadores. Durante el año pasado, cuando ya se notaba la crisis, la facturación de las entidades asociadas a Cooperativas-Agroalimentarias en toda España fue el 7% mayor a la de 2007.

Otro dato: mientras que han cerrado muchas empresas, sólo una cooperativa ha entrado en procedimiento concursal, que se tenga noticia. Y además fue un caso aislado. Torrefruto, de Torremayor, estaba formada por apenas un docena de agricultores, que la cerraron cuando sus expectativas de crecimiento no se cumplieron.

A cambio, el campo arrastra sus propios problemas. Por eso, no se puede generalizar la situación, cada entidad sufre lo que sufre su sector, aunque hay que tener en cuenta que estamos inmersos en una caída generalizada de precios. Ahora mismo, la aceituna y la uva lo están pasando peor, mientras que el cordero empieza a sacar un poquito la cabeza del agua después de campañas muy duras. En el ibérico, la falta de animales en la dehesa permite sobrellevar la situación por el momento.

«Hay que tener en cuenta que realmente los socios de las cooperativas son los agricultores y ganaderos», cuenta Carmen Moreno, gerente de Cooperativas Agroalimentarias de Extremadura, la unión que agrupa a la mayoría de sociedades de este tipo en la región. Es decir, son los agricultores los que sufren, no la sociedad. Así es mucho más difícil que una cooperativa entre en suspensión de pagos.

Además, Moreno resalta que estas sociedades son expertas en adaptarse a las dificultades, ya que han tenido que atravesar peligros constantes.

Como un corcho

En eso coincide Juan Francisco Blanco, gerente de Acopaex, «son como el corcho, se amoldan continuamente a las situaciones». Además, aporta otro punto de vista sobre su función. «A diferencia de una sociedad anónima, los socios de la cooperativa aportan capital y producto.

Esta unión de capital y compromiso les da más poder de cara al mercado y hace que sean mucho más fiables. Por eso, se pueden contar con los dedos de una mano el número de entidades que han cerrado en los últimos diez años».

El mayor peligro que tienen las sociedades cooperativas -asevera- está en que se fijen lo que él llama 'precios políticos'. Es decir, que el precio que se descuente a los socios del beneficio para pagar las inversiones sea menor del necesario. Precisamente, esta es una de las causas que esgrimía para explicar la situación de Caval su ex gerente.

Uno de los productos que más sufre es la aceituna de mesa, y en este campo la cooperativa Acenorca es una referencia. Su presidente, Casto Prieto, cuenta que ellos siguen de pie, mientras que en las cercanías han cerrado tres empresas convencionales. «Nuestro producto va destinado de una manera importante a los mercados internacionales, y la crisis se nota porque baja la demanda», cuenta. Ante esto, han hecho frente a la situación ajustando precios y buscando nuevos mercados, gracias a lo cual no tienen problemas. «La parte más dura ya la hemos pasado, pero creo que sufriremos durante el primer semestre de este año, para entrar en la normalidad en el segundo», asegura.

Otra de las cooperativas punteras es San Marcos de Almendralejo, dedicada a la uva y la aceituna, que exporta a 25 países. Según su gerente, Jorge Durán, la situación actual se resume en que estos dos productos no son rentables. «Ahora mismo, los productores le pierden dinero, no tienen para vivir». En ese escenario, es evidente que las cooperativas se resienten, sobre todo las que han hechos grandes inversiones en los últimos años. En estos casos, también influye la restricción financiera.

En este sentido, Durán incide en que hay que cambiar cosas para que la Junta tenga las herramientas necesarias para mantener un sector estratégico. Por ejemplo, recuerda que la sociedad de fomento Sofiex no puede entrar en el sector cooperativo. Un último testimonio relevante lo brindaba a este diario hace unos meses Javier Donoso, el directo general de Acorex, la principal cooperativa de la región y la segunda empresa más grande por facturación. Contaba que ellos sufren menos gracias a la política de diversificación y concentración vertical.

Es decir, están en todos los subsectores agrarios y controlan todo el proceso de producción «desde el campo al cliente, pasando por la transformación y comercialización». De hecho, la cooperativa está inmersa en la construcción de dos industrias.