«He vivido en 12 o 14 pueblos extremeños, siguiendo a mi padre, que era guardia civil»

José Julián Barriga Periodista. Ex director general y ex presidente de ServimediaEn su opinión, «la política extremeña está sometida a una pequeña oligarquía partidista»

JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ
José Julián Barriga, padre de tres hijos y abuelo de tres nietos, reside en Madrid pero aprovecha los fines de semana para pasarlos casi todos en Garrovillas». ::                             ARMANDO MÉNDEZ/
José Julián Barriga, padre de tres hijos y abuelo de tres nietos, reside en Madrid pero aprovecha los fines de semana para pasarlos casi todos en Garrovillas». :: ARMANDO MÉNDEZ

Ha sido durante años una de las referencias del periodismo político y parlamentario en Madrid, donde ocupó cargos de gran relevancia y logró convertirse con tesón y esfuerzos titánicos en uno de los 'padres fundadores' del periodismo social. Ahora, a sus 67 años, cuando ya puede mirar hacia atrás sin ira pero con la misma pasión que un adolescente, José Julián Barriga Bravo despliega su capacidad reflexiva bajo la bandera del amor a la tierra que le vio nacer y su impecable trayectoria profesional.

-¿Por qué se hizo periodista?

-Cuando surge vocación, por llamarlo de algún modo, a edad temprana, es muy difícil de justificar. Yo admiraba a un personaje que era periodista y extremeño. Se llamaba José María Pérez Lozano. Ejercía en Madrid y a mí me seducía lo que leía de él en el antiguo periódico 'Ya'. ¿Quiénes más me seducían? Pues yo era también lector temprano de prensa regional. Esperaba en la rebotica de mi pueblo a que aquellos señores muy serios dejaran libres el periódico 'Extremadura' o el HOY, para mí una ventana abierta al mundo. Aprendí a pensar y aprendí a informarme a través de la prensa regional de Extremadura.

-¿Alguna vez le ha tentado la poesía?

-Sí, me ha tentado; pero lo hago mal. Prefiero como debilidad literaria, la prosa poética. Me gusta la lectura de la prosa poética. Mi primer libro literario, el que me abrió los ojos a la literatura fue 'Platero y yo', de Juan Ramón Jiménez, el año que le concedieron el Premio Nobel de Literatura.

-...en 1956.

-Sí, en 1956. Y desde entonces, incluso, me atreví a coleccionar ediciones de 'Platero y yo'. Modestamente, tengo una colección completa de los 'Platero y yo' en diferentes idiomas. Fue una afición literaria muy prematura. El primer 'Platero y yo' me lo pidió mi padre por correo, era de Editorial Losada. Mi padre entonces ejercía de guardia civil en Cilleros, y aquel guardia civil desde cilleros pidió para su hijo aquel libro el año que le concedieron el Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez.

-Nació en 1943, ¿pero en Santiago del Campo o en Garrovillas?

-Yo soy un poco apátrida, porque he estado en doce o catorce pueblos extremeños, siguiendo a mi padre, guardia civil, como decía. He estado en la Siberia de Badajoz, en la Sierra de Gata, en Alcuéscar, en Malpartida de Plasencia, en Cáceres, en Badajoz, en Hoyos, en Valverde del Fresno, en Zarza la Mayor... Me nacieron en Santiago del Campo; mi familia es toda de Garrovillas.

-Decía, creo que Max Aub, que uno es de donde hace el Bachillerato. ¿Dónde lo hizo usted?

-En Plasencia. Y es mi segundo pueblo. Me siento garrovillano y después placentino.

-Lo que ocurre es que con los de Plasencia habría que decir ciudad... más que pueblo. (Risas).

-Bien, bien, pues con todo afecto, mi segundo pueblo es Plasencia. Guardo un recuerdo fantástico. Necesito agradecer lo que hizo Plasencia por la formación de críos como lo fui yo en aquellos tiempos, en los años cincuenta.

-¿Dónde estudió?

-En el Seminario Menor. Hice ingreso y primero en el Instituto 'Gabriel y Galán' de Plasencia y estuve hasta el año 1958 en el Seminario Menor de Plasencia, a cargo de unos curas espléndidos que venían con formación de Roma. Y creo que era (lo digo después de haber conversado con mucha gente) el mejor internado de aquellos años el de Plasencia.

-El virus del nacionalismo se quita viajando. ¿El del regionalismo también?

-Yo creo que sí. Tendríamos que filosofar un poquito y definir bien lo que es regionalismo, lo que es nacionalismo y lo que es el regionalismo extremeño. El regionalismo extremeño lo entiendo como el cariño y, sobre todo, el compromiso con la tierra. Pero a la tierra se la sirve con información, con libertad y con reflexión. El regionalismo no puede ser folclor, ni puede ser exclusivamente historia y sentimentalismo. El regionalismo es razón, y como digo, compromiso con el desarrollo de la tierra.

-¿Los jóvenes son conscientes del valor político y humano que representó la transición a la democracia?

-Me está sorprendiendo la afición y el interés con el que se siguen (sobre todo por núcleos universitarios) el tema de la transición. Yo creí que era un asunto ya de viejecitos, de los que vivimos afortunadamente aquellos años, de los que participamos, pero veo que no; que incluso mis hijos, los amigos de mis hijos y generaciones jóvenes se interesan enormemente por la transición. Me ha sorprendido y creo que es un fenómeno relativamente reciente. La transición ha estado olvidada, ha estado vituperada y ahora ha resurgido con una fortaleza enorme que probablemente tenga alguna involucración política. La transición fueron los consensos y en esta etapa que vivimos de ausencia de grandes consensos echamos de menos el espíritu aquel de coordinarnos para hacer democracia y sobre todo calidad democrática.

-¿Qué futuro le espera al periodismo social?

-El periodismo social es un género nuevo, disperso y confuso. Digo confuso porque en su alforja caben demasiadas cosas. Y no digamos el periodismo de sociedad, que algunos confunden con el periodismo amarillo. El periodismo social es la intención de información y documentación sobre los valores sociales de la ciudadanía. Lo que atañe y se relaciona con los grupos más vulnerables, con la discapacidad, con los mayores a través del voluntariado, a través de los colectivos en trance o peligro de marginación. Ese periodismo social, que es muy reciente, afortunadamente se está abriendo paso, pero todavía le queda mucha proyección para profesionalizarse y para tener al menos el ámbito y el prestigio que tienen otros géneros como pueden ser el periodismo económico o el periodismo político.

-¿Ha salido alguna vez de caza?

-He acompañado a cazadores. Desde niño y de mayor. Me gusta tanto el campo que incluso soporto bien la caza. Pero por la afición que tengo al campo, que es casi una locura.

-Pero no ha salido entonces con una escopeta y un perro para matar conejos.

-Yo he matado pájaros. Y en aquellos tiempos éramos salvajes. Matando pájaros y robando huevos de los nidos. Pero esa es la parte más salvaje de nuestra infancia, que fue muy bonita y en función de esos recuerdos algunos nos hicimos ecologistas, por las salvajadas que cometimos de niños rurales.

-¿La política, informativamente, ha dejado de ser un tema estrella?

-No. En modo alguno. La información política es la de mayor prestigio, mayor solvencia e importancia en el ejercicio profesional. Yo me considero un modesto informador político desde hace muchos años. Empecé a hacer información política en tiempos de Franco. Acompañaba a aquellas comitivas sociales en las inauguraciones de pantanos, entre ellos el pantano de Alcántara y muchos otros. Desde entonces no he dejado de hacer información política. En el franquismo, en el posfranquismo, en la transición y en la consolidación democrática. Yo creo que la información política es una auténtica vocación y pasión informativa.

-¿Y es especialmente gratificante la información parlamentaria?

-Lo es. Porque te sientes, no protagonista, pero sí notario de la actualidad. Te sientes desde luego un espectador privilegiado, siempre en el burladero, nunca puedes torear; si eres periodista no puedes ser político y esta confusión que modernamente se ha dado entre el periodismo político y el periodismo de partido yo creo que es una contradicción «in termini». El informador político tiene que ser siempre neutral en política en la lucha entre los partidos.

-¿La atención a la discapacidad refleja el nivel de desarrollo de un país?

-Sin duda alguna, es el baremo más interesante que hay para medir el grado de desarrollo social o de calidad social de un país. Cuando los discapacitados están bien tratados socialmente, esa sociedad marcha. Y al contrario, si la discapacidad no tiene imagen o no tiene consideración, mal le va al resto de la sociedad. Nosotros estamos bastante bien. Depende de con quién nos comparemos. Si nos comparamos con nuestro entorno europeo, estamos en el pelotón de arriba, bien clasificados.

-¿Si Guadalupe fuera catalana, por ejemplo, podría darse la situación de que perteneciera a una diócesis que no fuera de ese territorio?

-No solamente en Cataluña, en cualquier otra comunidad autónoma yo creo que es impensable que exista la contradicción de que Guadalupe en los aspectos religiosos y en los aspectos más simbólicos o pastorales, no esté en su propia circunscripción eclesiástica. Que siga perteneciendo al Arzobispado de Toledo es una muestra de la debilidad de la sociedad extremeña.

-¿Juega a las cartas con sus paisanos?

-No, no juego a los naipes. Esa es una de las grandes carencias que tengo. Y lo siento, no hago de ella ninguna vanagloria. No me gustan los naipes.

-Pero sí frecuenta los bares de su tierra ¿no?

-No creas que mucho. Creo que estoy en contacto con la gente de mi pueblo, pero prefiero más en el campo, en la huerta y en la charla tranquila que en los gritos de taberna.

-Ha escrito que «todavía tienen mayor prestigio un funcionario que un emprendedor, un dirigente político que un empresario». ¿Cómo cambiar esa tendencia?

-Pues es difícil, pero es imprescindible para Extremadura. A algunos nos duele Extremadura, en el sentido unamuniano de la palabra. Quiero decir que no nos resignamos a que pasen los años y nuestra tierra continúe siendo la región que encabece todos los rankings de atraso y de menor desarrollo. Entre la resignación y la autocomplacencia, algunos elegimos el camino de la rebeldía contra esta situación. Y nos sorprende, y a mí en concreto me escandaliza, la pasividad con la que la sociedad convive con esta realidad. Aplicado a los términos económicos digo que Extremadura necesita más el 'homo economicus' que el 'homo humanitarius', si existiera ese término. Me explico. Extremadura necesita más de valor económico que de valor humanístico. Tenemos una sobrecarga literaria, poética e histórica, y tenemos un gran déficit de desarrollo y pensamiento económico.

-¿Qué personaje de los que ha conocido le ha impresionado más?

-Yo tengo una peripecia personal, anecdótica si se quiere, pero muy vivida, con Adolfo Suárez. No hay duda. Tuve la fortuna de estar casi cuatro años viviendo en los entornos de Adolfo Suárez; viéndole casi a diario y conversando con él con muchísima frecuencia a fondo de los temas de la política nacional. Eso creo que es un privilegio y una fortuna.

-...y en unos años clave.

-En los años clave de la transición. Fui a Moncloa en el año 1978 precisamente para organizar el centro de prensa del referéndum. El golpe de Estado me pilló en el Congreso de los Diputados y cesé en Presidencia del Gobierno como director general de Relaciones Informativas con Calvo Sotelo.

-Extremadura perdió el tren de la revolución industrial. ¿Cree que llegará a tiempo de la revolución digital?

-Decía que soy de los que nos duele Extremadura. Yo creo que Extremadura ha perdido y sigue perdiendo el tren de la modernidad. Me duele decirlo. Y necesitaría mucho tiempo para exponerlo. Pero la política tiene en Extremadura, en mi opinión, una presencia excesiva en el sentido de que no existe actividad cívica y social que equilibre los excesos en que incurre la acción omnipresente de los políticos. En Extremadura todo está hiperpolitizado y, en consecuencia, todo o casi todo depende del favor de los políticos. Y para colmo, la política extremeña está sometida a una pequeña oligarquía partidista.

-¿Qué le hubiera gustado ser de no haber sido periodista?

-Si se lo preguntaras a alguno de mis hijos, te diría que guarda forestal. A mí me hubiera gustado, si hubiera vivido en siglos anteriores, ser un señor de villa y campo, de foro y de huerta. Lo que me seduce es pensar en aquellos patriarcas romanos que hacían vida de foro y vida rural.

-Dígame el nombre de un escritor extremeño que le parezca imprescindible.

-¿Imprescindible? Pues yo te diría Luis Landero. Y si me dejas añadir a alguien más, Gonzalo Hidalgo Bayal.

-¿Hay algo que no se perdona a sí mismo?

-[Larga pausa]. No haber escrito, no haber sacado tiempo del ejercicio profesional periodístico para la literatura.

-¿Y sacará tiempo para escribir unas memorias?

-Memorias, no. Alguna recreación literaria, sí; y en ello estamos.

-¿A qué país no iría nunca de vacaciones?

-¿De vacaciones? Hombre, si fuera por razón de edad, los hay que me cuestan más [risas] pero no marginaría ninguno, aunque tengo preferencias, por ejemplo, Italia.

-¿Alguna vez ha tenido un llavero con un icono típico de Extremadura?

-No lo tengo de Extremadura. El llavero de mi campo, de mi huerta en Garrovillas, es de San Juan de la Cruz, con unos versos de San Juan de la Cruz.

-¿La iglesia de la Consolación de Garrovillas de Alconétar está definitivamente salvada?

-Está a punto de salvarse. Es decir, ya no puede ser una ruina. Falta por reinagurarla. Si no se hubiese actuado en la iglesia, a los pocos meses hubiese sido una ruina en el centro del pueblo. Afortunadamente está salvada para la posteridad. Falta rematar la obra, pero es una iglesia bellísima, importante, y sobre todo tiene una joya enorme, que es el órgano más antiguo de la Península Ibérica, algo que a Miguel del Barco le emociona siempre que lo recuerda.