«Una frontera debe ser una puerta abierta, no un muro»

«Extremadura entiende muy bien su vecindad con Portugal y contribuye a que el resto de España sea consciente de esa vecindad», asegura

López-Vega considera que Portugal es un país ideal para un alma contradictoria. / CEDIDA/
López-Vega considera que Portugal es un país ideal para un alma contradictoria. / CEDIDA

Martín López-Vega (Po de Llanes, Asturias, 1975) es autor de varios libros de poemas (el último de ellos Gajos, Pre-Textos, 2008) y de tres tomos de viajes, entre ellos uno consagrado a Portugal, Cartas portuguesas (1997). También en el último de ellos, Libre para partir (Trabe, 2008) hay páginas sobre Lisboa, Oporto y Coimbra. Su novela El letargo (Laria, 2006) transcurre en tierras portuguesas. Ha traducido al castellano los Viajes por mi tierra de Almeida Garrett y Memoria de la melancolía de Eugénio de Andrade, ambos publicados en Pre-Textos. Fue redactor del suplemento El Cultural del diario El Mundo, librero de La Central en Madrid y Barcelona y en la actualidad es editor de Vaso Roto ediciones.

-¿Qué significa para usted Portugal?

- Portugal tiene las dosis necesarias de familiaridad y extrañeza como para ser un lugar en el que sentirse a gusto. Familiar porque uno se entiende a sí mismo de maneras diferentes, y en los ratos en los que me siento, digamos, "atlántico", siento que mi patria -entendiendo por patria algo mucho más sentimental de lo que suele entenderse- abarca Asturias, Galicia y el Norte de Portugal. Mi capital natural esos días es Porto antes que Madrid. Una patria que entiende el sentimiento de la tierra, cuyos escritores son Torga y Cunqueiro y tantos otros, todos compatriotas. Pero a la vez es otro país, con una lengua distinta y familiar a la vez, con unas preocupaciones propias que a menudo a uno le enervan. Unamuno decía que Portugal es el país que inventaron los españoles para poder ir al extranjero sin salir de casa. Si quitamos eso tan provocador de que lo inventaron los españoles, estoy bastante de acuerdo con eso. Además, todas las cosas importantes que me han pasado en la vida han tenido que ver, en algún momento, con Portugal. La última vez que cambió mi vida lo hizo en Oporto, el ocho de abril de este año, en un bar que hay junto al puente en la Ribeira.

-¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de su contacto con Portugal?

-Lo mejor, todo eso que ya he dicho: sentirse en casa sin dejar de sentir que uno no está en casa. Es un país ideal para un alma contradictoria. Una pregunta como esta le hace parecer a uno una folclórica, porque se le ocurren cosas como: lo mejor, la gente que he conocido... Y tantos escritores que me han ayudado a dibujar mi idea del mundo. No sabría decir algo malo que haya tenido que ver con Portugal. Quizás que no podría vivir allí. Pero no podría vivir sin ir cada poco.

-¿Cuál cree que debe ser el papel de Extremadura como región fronteriza?

-La impresión que tengo es que Extremadura entiende muy bien su vecindad con Portugal y contribuye a que el resto de España sea consciente de esa vecindad, ignorada con tanta frecuencia. Una frontera debe ser una puerta abierta, no un muro.

-¿Cuáles son sus principales proyectos y retos, de cara al futuro, en su relación con Portugal?

- Los proyectos más inmediatos tienen que ver con la traducción: una antología de la obra poética de Jorge de Sena que ya está en marcha, además de una novela de valter hugo mãe y un par de libros de poemas de Ruy Ventura y Gonçalo M. Tavares. Traducir es hacer de puente -uno discreto, nada que ver con calatravadas- y uno está a gusto así.

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