Aliseda reclama su Tesoro

El municipio cacereño sigue esperando que el Estado le devuelva las joyas de alguna dama muy rica que Victoriano y Jesús encontraron un domingo mientras cavaban, hace 90 años

ANTONIO JOSÉ ARMEROALISEDA
Aliseda reclama su Tesoro

Tenía que ser un año bisiesto. El 29 de febrero de 1920 fue domingo, lo que en aquella época, para dos tejeros de Aliseda venía a ser lo mismo que un lunes, un martes o un viernes.

Los hermanos Victoriano y Jesús cavaban en el suelo, tratando de recopilar tierra para convertirla en barro con el que hacer tejas. Y en plena faena, uno de ellos vio en el suelo algo que le llamó la atención. Era una pieza de oro. Y al lado de esa había otra. Y un poco más allá, otra más. Desde aquel día, Victoriano y Jesús figuran entre los personajes más ilustres de su pueblo. Aquel domingo de principios de siglo pasado, ellos, sin saberlo, encontraron el Tesoro de Aliseda.

Lo que hallaron resultó ser tan importante que hoy tiene su propia calle en el municipio, con placa recordatoria incluida, y un museo por el que pasan unas setecientas personas al año. Todo el que pisa allí lo hace con la misma intención: ver de cerca esas piezas del siglo VII a.C. que según la tesis más repetida, pertenecieron a alguna dama muy rica. «Hay muchísima gente, bastantes extranjeros, que viene al pueblo exclusivamente a ver esas piezas, y eso que son la réplica, imagínate si tuviéramos aquí el tesoro original...». Claudia Moreno, alcaldesa socialista de Aliseda, repite el argumento que utilizó hace un año en un pleno de la Diputación Provincial de Cáceres.

Por varios frentes

En aquella sesión, la alcaldesa y diputada pidió apoyo para solicitar formalmente al Estado que ese Tesoro haga el viaje de vuelta desde el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, hasta el pueblo, donde lo recibirían con los brazos abiertos. Se trataba de sumar esfuerzos, aunque hasta el día de hoy, la carrera de Aliseda por recuperar su Tesoro apenas ha obtenido resultados. Lo pidió el Ayuntamiento, secundó la iniciativa la Diputación, y lo solicitó también la Junta de Extremadura. Hasta ahora ni siquiera han obtenido una respuesta. «Nadie nos ha dicho nada», sentencia la alcaldesa, que como cualquier buen vecino del pueblo, conoce la historia de Victoriano y Jesús.

Con semejante sorpresa entre las manos, los dos hermanos hicieron lo que habría hecho cualquier trabajador en aquellos años: quedárselo e intentar sacar provecho. Tenían material suficiente como para olvidarse para siempre de las tejas: dos collares, una diadema, una pareja de arracadas (pendientes), un brazalete, un cinturón, una cadena, un arete, cinco sortijas... Y todo de oro.

Con ese material en las manos, se subieron a un tren con destino a Cáceres. Llegaron a la ciudad, e intentaron vender las piezas. «Fueron a la Joyería Gijón», recuerda Ángeles, una de las hijas de Jesús que aún vive. La mujer tiene 91 años, y una de las que cosas que más le divierte en esta vida es leer. Sentada al brasero, bien arropada con la faldilla, tiene sobre la mesilla las 'Cartas de relaciones sobre la conquista de México', de Hernán Cortés, un libro grande con las letras pequeñas. Va por la mitad, y utiliza como marcapáginas un sobre blanco de Banesto. Lee sin necesidad de utilizar gafas, su conversación es fluida y sus recuerdos, claros. «Nadie les hizo caso porque todos los que podían comprárselas pensaban que eran robadas -relata la anciana-. La gente dice que les detuvieron en el tren, pero eso no es verdad. Alguien les denunció y les encontraron. Les vinieron los guardias a buscar. Mi madre le dijo a mi padre y a mi tío 'Levantad la cabeza, hijos, que vosotros no habéis robado nada'. Y el guardia le contestó: 'No se preocupe, señora, sólo van a declarar'».

No le gustaba recordarlo

Ángeles cuenta lo que a ella le contaron, porque en 1920, tenía 16 meses. Y Aureliana (84 años), que comparte camilla a su lado, ni siquiera había nacido. «Mi padre casi no hablaba del tema del Tesoro -dice la mujer-. No le gustaba, porque le hizo perder muchos días de jornal». Los dos hermanos prestaron declaración ante la autoridad y no hubo castigo para ellos. El Gobierno tasó las piezas, les dio a ellos la mitad de ese dinero y se quedó con todo el Tesoro, que está en el Museo Arqueológico Nacional.

Ángeles, la hija mayor de Jesús, lo ha visto. Fue mientras trabajó en Madrid, sirviendo en casa de una familia de Aliseda. «Como eran del pueblo, me llevaron al Museo a que viera el Tesoro que había encontrado mi padre», rememora la mujer, que recuerda perfectamente qué fue lo que vio. «Allí no tienen a la vista todo -asegura-. Sólo se podía ver el cinturón, los pendientes, la diadema, los brazaletes y dos anillos».

O sea, una parte mínima de lo que aquel domingo de 1920, año bisiesto, su padre, Jesús, y su tío Victoriano encontraron mientras cavaban en unos terrenos comunales. Un día histórico que les cambió la vida a los dos, y que ahora mantiene expectante a un pueblo que quiere recuperar lo que considera suyo. Bien claro lo dice la alcaldesa: «Yo no se qué pinta nuestro Tesoro en Madrid, guardado casi todo en un cajón...».

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