El precedente de Bótoa, en Badajoz

M. J. T.CÁCERES

El vallado de una finca privada con una ermita en su interior no es un hecho insólito. Existen precedentes. La Hermandad de la Virgen de Bótoa, en Badajoz, llegó a los tribunales para reclamar que el propietario de los terrenos donde se realiza la romería retirara el cierre. Y lo logró. La cofradía se amparó en la servidumbre de acampada recogida en las leyes de Alfonso X, El Sabio, (anteriores al actual Código Civil) para hacer valer su derecho. Los tribunales dieron la razón a la hermandad. La finca sigue vallada pero abre al público dos veces al año: el sábado anterior a la romería y el primer domingo de mayo, ilustra Fernando Sánchez Cuadrado, hermano mayor de la cofradía pacense.