El convite también se celebra en la iglesia

Urbanismo concede el uso hostelero a la antigua capilla de los Jesuitas de la plaza de Santa María, cuyo propietario quiere convertirla en salón de celebraciones

ROCÍO ROMEROBADAJOZ
Fachada de la antigua iglesia de los Jesuitas. /  ALFONSO/
Fachada de la antigua iglesia de los Jesuitas. / ALFONSO

AL pasar por delante apenas se da uno cuenta de lo que guarda la cochera de la vivienda que se encuentra justo al lado de La Santina, en la plaza de Santa María. A simple vista, una casa señorial con un garaje. Pero dentro, todo cambia. Al traspasar el umbral del aparcamiento embarga el entusiasmo de pasear por un sitio que forma parte de la historia de la ciudad.

Una enorme bóveda de cañón, con palomas que revolotean de un lado a otro, varias cúpulas y el altar desnudo. En 1535 formó parte del Convento de Santa Catalina, hasta que pasó a ser el colegio de los Jesuitas, en 1634. La congregación usó ese espacio hasta 1767, cuando fueron expulsados por mandato de Carlos III.

El Ayuntamiento se quedó entonces con esa casa, que «la dedicó a escuela, vivienda para indigentes y almacén», según explica el cronista oficial de la ciudad, Alberto González, en el libro 'Itinerarios y Encrucijadas'. Desde entonces y hasta 1834 fue la parroquia de Santa María la Real.

Con posterioridad, la capilla se convirtió en un almacén que durante años fue fábrica de baldosines, como recuerda Justo Cabezas en su obra 'Callejero de Badajoz'.

Majestuosidad

A pesar de los destinos que ha tenido la iglesia y el deterioro que presenta, la construcción conserva en su interior la majestuosidad que tuvo hace siglos.

Hoy es el almacén de La Santina, cuyo propietario, Antonio Royano, lo tiene arrendado. Tiene un proyecto para convertir este espacio en café teatro o salón de celebraciones. Pesa más la última idea.

Es por ello que Urbanismo acaba de ampliar su uso, un paso que ratificará el próximo Pleno. Hasta esta semana, la delegación municipal sólo reconocía su destino religioso. A partir de ahora será terciario, lo que implica que puede albergar cualquier negocio relacionado con el comercio, la hostelería, la hotelería, recreativo y de ocio o social. Para ello, ha sido necesario realizar una modificación del Plan Especial de Ordenación, Protección y Actuación del Centro Histórico.

Esta iglesia desacralizada se encuentra en un edificio que tiene protección A, lo que afecta a la fachada y la estructura interna. Precisamente, en el exterior conserva el escudo del fundador del colegio de la Compañía de Jesús.

La idea de Antonio Royano pasa por convertir esa antigua iglesia en un salón para celebrar bodas. En esa zona de la ciudad no existen muchos sitios que puedan acoger actos de este tipo. « Los novios celebrarían la boda en otra iglesia», destaca Antonio Royano.

Ya tiene el visto bueno de Urbanismo, pero las obras tardarán bastante en empezar. Por lo menos, hasta que pase la crisis.